El cerebro de Rafael Nadal

 

El pasado sábado tuve la suerte de asistir a una conferencia de Elsa Punset en la que habló como os imaginaréis los que la seguís en sus programas de televisión y libros, de los últimos y novedosos avances en la investigación neurocientífica (pero muy novedosos ya que apenas tienen unos años de actualidad). La conferencia me recordó un artículo que leí sobre el cerebelo único de Rafa Nadal. Llevamos años sorprendidos por la carrera meteórica de este mallorquín además de la recuperación asombrosa que ha tenido el último año.

 

Son muchas las voces que hablan de su capacidad de lucha, de trabajo, de tolerancia a la frustración…como algo EXTRAORDINARIO y digno de estudio.

Entiendo que en la necesidad de encontrar una explicación científica y racional a todo lo que nos hace que también estemos intentando descubrir el origen de este éxito “extraño” y fuera de lo común.

 

El artículo habla de varias cosas interesantes:

Por un lado atribuye su éxito a su cerebelo (parte del cerebro responsable de la coordinación de movimientos). Marco Iaboconi, neurocientífico en la universidad de UCLA, dice que “lo más interesante de la coordinación ojo-mano, clave en el tenis, se ve en el cerebelo”. Es por esto que Rafa Nadal tendría un cerebelo ÚNICO. Me parece que después de tanto nombrar las INTELIGENCIAS MÚLTIPLES en mis artículos y relacionándolo con este tema, Rafa Nadal destaca por encima de todo en la inteligencia corporal cinestésica (capacidad de utilizar el cuerpo para resolver problemas o realizar actividades).
 
Las neuronas espejo que son las encargadas de copiar del exterior para aprender, en el caso de Nadal aprovecharían al máximo su capacidad para utilizar su sistema motor. En el caso del resto de las personas, como comentaba Elsa Punset, estas neuronas nos ayudan a EMPATIZAR con los demás porque somos capaces de llegar a sentir lo que otras personas sienten e incluso “copiar” el comportamiento.
 
Equiparan su cerebro al de los monjes que meditan durante horas debido a la serenidad y PAZ INTERIOR. Vicente Calvo especialista en rendimiento deportivo añade en el artículo algo que me parece interesantísimo: “Cuando Nadal pierde el juego de los 54 golpes de Djokovic no decae, lo normal es que el cerebro emita una señal muy humana que te tira hacia abajo. En su caso no se bloquea, tiene un elevadísimo umbral de frustración. Es un hombre con mucho corazón, eso le da una claridad en su cerebro que proviene de la paz interior”.
 

Este último punto tiene que ver mucho con la inteligencia emocional tanto intrapersonal como interpersonal. En su caso, es capaz de hacer uso de la aceptación personal, afán de superación, realismo, constancia, autocontrol…habilidades humanas que TODOS tenemos pero quizás menos desarrolladas que este gran deportista.

Como todo, se puede aprender. El primer paso es ser consciente de todo ello, de lo que nos falta y de lo que sí tenemos, y el paso siguiente ejercitar para llegar a cierto nivel de habilidad.

En mis cursos siempre me encuentro la frase “es muy fácil decirlo pero hacerlo es lo que cuesta”. Cierto, porque somos seres de costumbres, no es fácil, pero es cuestión de una práctica que convierta algo inusual en hábito. El ser humano (esto también lo dijo Elsa Punset en la conferencia) tiene la maravillosa oportunidad de cambiar sus circuitos cerebrales mediante práctica, práctica y práctica, es la buena noticia de la PLASTICIDAD CEREBRAL.

Así que sólo hay que comenzar y perseverar.

Fuente: Blog de Noelia López-Cheda.

C. Marco
Anuncios

7 cosas por las que debes dejar de preocuparte

“Si tú miras en tu propio corazón y no hayas nada malo allí entonces ¿De qué tienes que preocuparte? ¿A qué tienes que temer?Confucio.
Todos perdemos mucho tiempo de nuestras vidas preocupándonos por cosas que realmente no tienen importancia, cosas tontas o cosas que no podemos cambiar. Tanto tiempo, energía y esfuerzo malgastado inútilmente. La vida es corta y hay cosas en el mundo por los que si vale la pena preocuparse.
Algunas cosas por las que debes dejar de preocuparte a partir de ahora.
1. De las expectativas que tienen otras personas de tu vida:
Tú vida es solo tuya. Tú eres el que tienes que vivir con las consecuencias de las decisiones y las acciones que tomas ya que ellas estarán acorde con lo que quieres para tu vida y no lo que otra persona piensa que “debes” hacer con la misma. Todos nos preocupamos demasiado por lo que otros piensan de nosotros y muy poco sobre lo que pensamos acerca de nosotros mismos.
2. De tu peso:
Reconoce que esto es simplemente un número en una báscula. Vivimos en una cultura obsesionada con el peso en donde lo que pesamos es a menudo una medida por la cual somos juzgados y peor aún por el que nos juzgamos a nosotros mismos. Entiéndeme que no estoy diciendo que dejes de preocuparte por estar sano, eso es una cosa completamente diferente y que en definitiva vale la pena preocuparse. Eso sí, no te obsesiones por un simple número en una escala. Solo preocúpate por elegir alimentos saludables, por la cantidad de ejercicio que realizas y simplemente dejan de fijarte en un valor, tu éxito, tu confianza y tu salud son lo primero.
3. De cómo viven otras personas:
Permite que otras personas vivan sus propias vidas, tal como a ti te gustaría ser capaz de vivir la tuya. Deja de juzgar lo que otros hacen y cómo viven. Ellos tienen su forma de ser. Si esto no te afecta en ningún sentido entonces deja de preocuparte por ello. Deja de comparar lo que tienes, dinero, estatus, posesiones, belleza con lo que “piensas” que tienen otras personas. No te evalúes a ti mismo comparándote contra otras personas, evalúate a ti mismo según tu propio criterio.
4. De ser perfecto:
Nos angustiamos increíblemente intentando ser perfectos. La perfección es casi inalcanzable y nuestra lucha por ella nos cuesta demasiado. Ser perfecto es una pérdida de tiempo, ser perfecto no es razonable y es una receta perfecta para el estrés. Dar lo mejor de ti es un mejor objetivo. Por lo general es más que suficiente y mucho menos estresante. (Nota: Si eres un neurocirujano o un piloto de aviones, por favor intenta acercarte a la perfección, aunque siempre y cuando dejes mi materia gris en su lugar o me dejes en el suelo de manera segura por mí está bien.)
5. De la edad:
No puedes detener el reloj. Esto un hecho, no importa cuánto te preocupas por ello o qué cantidad de dinero te estés gastando tratando de ocultarlo, el tiempo siempre va a ir hacia adelante y te llevara a su lado. Deja de preocuparte por la edad que tengas. Esto no es una buena medida de la calidad de vida de todos modos. O tal vez si lo es… Los estudios han demostrado que las personas son más felices a medida que envejecen. Así que deje de preocuparte por tu edad biológica y por las arrugas (no importa si ya las tienes o te preocupa que te salgan) y comienza a preocuparte por cómo quieres vivir los años que te quedan.
6. De querer tener siempre la razón:
Todos queremos tener la razón. Creo que esta forma de ser debe estar intrínseca en nuestro ADN pero la mayoría de las veces esto muy destructivo. Cuando estamos luchando por tener la razón nos enfocamos en probar que las otras personas están equivocadas. Tratamos de aferrarnos en lo que pensamos tratando de demostrar que somos infalibles. Preocúpate realmente en buscar soluciones, colaborando con otros para encontrar las mejores respuestas y en cultivar relaciones. Preocúpate por el resultado final, no en quien tiene o no razón.
7. De cualquier cosa que no puedas controlar:
Deja de preocuparte por cosas que no puedes controlar. Si no hay nada que puedas hacer para cambiar a una persona o una situación entonces no pierdas tu energía. Hay muchas cosas importantes en tu vida en este mundo a la que si puedes afectar. Concéntrate en lo que puedes cambiar, donde tú puedes causar un mayor impacto, donde puedas hacer la diferencia y deja a todo lo demás en paz.
C. Marco

Decídete a volar

Decídete a volar, abandona tu comodidad, enfrenta tus miedos e inseguridades, y sólo así, comenzarás a volar. Si sientes que la vida no tiene sentido, que los problemas te están acabando, memoriza esta parábola:“Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar ahí, comía gusanos del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo. Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre, hasta que cierto día un gran ventarrón destruyó su guarida; el árbol podrido fue tragado por el cieno y él se dio cuenta de que iba a morir“.

En un deseo repentino de salvarse, comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo, le costó mucho trabajo porque había olvidado cómo volar, pero enfrentó el dolor del entumecimiento hasta que logró levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso”.

Los problemas son como el ventarrón que ha destruido tu guarida y te están obligando a elevar el vuelo o a morir. Nunca es tarde. No importa lo que se haya vivido, no importan los errores que se hayan cometido, no importa las oportunidades que se hayan dejado pasar, no importa la edad, siempre estamos a tiempo para decir basta, para oír el llamado que tenemos de buscar la perfección, para sacudirnos el cieno y volar alto y muy lejos del pantano. Abandona la vía segura y cómoda. Lánzate a la ruta incierta, llena de enigmas e inseguridades y hazlo solitariamente.

Tu vida es importante, tú ocupas un lugar en el orden universal, tú te encuentras aquí, y ahora, cumpliendo una misión fundamental para quienes giran a tu alrededor; todo lo que tú haces o dices, dejas de hacer o de decir, influye o afecta positiva o negativamente en alguna otra persona. Tú tienes una gran responsabilidad en el orden del universo. Nada es intrascendente, nada es en vano.Cada persona que conoces y con quien te relacionas, trae consigo una lección importante para ti, algo que vale la pena aprender o algo que deberíamos evitar. No somos jueces, ni fiscales, ni supervisores de la vida de los demás. Aprendamos discretamente la lección que cada ser humano representa, aprovechemos lo bueno de cada quien y procuremos evitar lo negativo, pero sin emitir juicios. Mejoraremos cada día un poco más.

Tú eres el conductor, el guía, el faro y la brújula de tu vida; tú eres el presidente ejecutivo de esa importante empresa que es tu vida; tú eres además el motor y la hélice para el desarrollo, avance y crecimiento de tu vida. Hazte responsable de lo que dices o dejas de decir, actúa con responsabilidad en lo que haces o dejas de hacer. Tu vida sólo depende de ti mismo. Tú posees en tu interior, las capacidades suficientes para ser feliz y agradable, tanto como te lo propongas y desees serlo.

C. Marco

Lo que pensamos varía nuestra biología

No se trata de un gurú de las pseudociencias, Lipton impartió clases de Biología Celular en la facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin y más tarde llevó a cabo estudios pioneros de epigenética en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que lo llevaron al convencimiento de que nuestro cuerpo puede cambiar si reeducamos nuestras creencias y percepciones limitadoras. El problema siempre es el cómo: cómo cambiar la información del subconsciente. En su libro La biología de la creencia (Palmyra) recomienda métodos como el PSYCH-K. Y en La biología de la transformación (La esfera de los libros) explica la posibilidad de una evolución espontánea de nuestra especie.

Me enseñaron que los genes controlan la vida, que en ellos se inscriben todas nuestras capacidades y características, pero es falso.

¿Del todo?

No somos víctimas de nuestra genética, en realidad es el ADN el que está controlado por el medio externo celular.

¿Qué significa eso?

La célula es la vida. Hablar de una célula es como hablar de una persona. Nosotros recibimos la información a través de los cinco sentidos y las células reciben las señales del entorno a través de los receptores que captan la información. El ADN es controlado por señales que vienen desde fuera de la célula, incluyendo mensajes energéticos de nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los negativos.

¿Somos lo que vivimos y pensamos?

Sí, y cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología. Los estudios que empecé hace cuarenta años demuestran que las células cambian en función del entorno, es lo que llamamos epigenética. Epi significa por encima de la genética, más allá de ella.

¿Y?

Según el entorno y como tú respondes al mundo, un gen puede crear 30.000 diferentes variaciones. Menos del 10% del cáncer es heredado, es el estilo de vida lo que determina la genética.

¿Es el entorno el que nos define?

Aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas.

Pero las creencias están inscritas en lo más profundo de nuestro subconsciente.

Cierto. El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95% y el 99% del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos.

¿Entonces?

Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad, y lo he comprobado a través de numerosos experimentos. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas.

Me suena a fórmula feliz…

Así es como funciona el efecto placebo. Si pienso que una pastilla me puede sanar, me la tomo y me encuentro mejor. ¿Qué me ha sanado?…

¿La creencia?

Eso parece. Al igual que los pensamientos positivos y el efecto placebo afectan a nuestra biología, existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño. Henry Ford decía que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienen razón. Si eliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará.

¿Y eso por qué?

La química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan, y la química que provoca el miedo hace que las células mueran. Los pensamientos positivos son un imperativo biológico para una vida feliz y saludable. Existen dos mecanismos de supervivencia: el crecimiento y la protección, y ambos no pueden operar al mismo tiempo.

O creces o te proteges.

Los procesos de crecimiento requieren un intercambio libre de información con el medio, la protección requiere el cierre completo del sistema. Una respuesta de protección mantenida inhibe la producción de energía necesaria para la vida.

¿Qué significa prosperar?

Para prosperar necesitamos buscar de forma activa la alegría y el amor, y llenar nuestra vida de estímulos que desencadenen procesos de crecimiento. Las hormonas del estrés coordinan la función de los órganos corporales e inhiben los procesos de crecimiento, suprimen por completo la actuación del sistema inmunológico.

¿La culpa de todo la tienen los padres?

Las percepciones que formamos durante los primeros seis años, cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida.

Y las creencias inconscientes pasan de padres a hijos.

Así es, los comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro y controlan nuestra biología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla.

¿Cómo detectar creencias negativas?

La vida es un reflejo de la mente subconsciente, lo que nos funciona bien en la vida son esas cosas que el subconsciente te permite que funcionen, lo que requiere mucho esfuerzo son esas cosas que tu subconsciente no apoya.

¿Debo doblegar a mi subconsciente?

Es una batalla perdida, pero nada se soluciona hasta que uno no se esfuerza por cambiar. Deshágase de los miedos infundados y procure no inculcar creencias limitadoras en el subconsciente de sus hijos.

Fuente: Bruce Lipton, doctor en Medicina, investigador en biología celular.

C. Marco

Nociones sobre Psicología: Ponerse en los zapatos del otro. Concepto de Empatía

La empatía surge de una especie de imitación física

¿Qué es la empatía y para qué nos sirve como herramienta humana?

Vivimos en una época en la que el tejido social está cada vez sujeto a más tensiones, en el que el egoísmo, la violencia y la falta de espiritualidad parecen afectar la calidad de la vida comunitaria.

La empatía o “comunicación emocional” es ponerse en los zapatos del otro, y tiene lugar en una amplia gama de situaciones de la vida, desde las ventas y la administración hasta el idilio y la paternidad, pasando por la compasión, el altruismo y la actividad política.

La ausencia de empatía también es reveladora. Existe en psicópatas criminales, violadores y secuestradores, y abusadores de niños.

La palabra “empatía” se deriva de empatheia, palabra griega que significa “sentir dentro”, término usado en un principio por los teóricos de la estética para designar la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona.

La empatía surge de una especie de imitación física de la aflicción del otro, que evoca los mismos sentimientos en uno mismo.

Es distinta a la simpatía, que puede experimentarse por la situación crítica de otra persona sin compartir nada de lo que la otra persona siente.

¿Cómo se desarrolla la empatía? Se puede observar desde la infancia.

Desde el día que nacen, los niños se sientes perturbados cuando oyen llorar a otro. Los bebés sienten una preocupación solidaria incluso antes de darse cuenta de que existen como seres separados de los demás.

A los 9 meses, el niño siente aflicción cuando ve que otro cae y empieza a llorar, su compenetración es tan fuerte que reacciona como si fuera él mismo el que se ha hecho daño.

Después del primer año, cuando los niños tienen más conciencia de que son distintos de los demás, intentan activamente consolar a otro niño que llora, por ejemplo, ofreciéndole su juguete preferido para calmarlo.

A los 2 años se dan cuenta de que los sentimientos de otra persona son distintos de los de ellos.

En la etapa más avanzada de empatía, se puede apreciar y compadecer la aflicción que sufre todo un grupo, como los pobres, los oprimidos y los marginados, y surge el deseo de aliviar los infortunios y la injusticia.

Estudios neurológicos han mostrado que el cerebro está diseñado para responder a expresiones emocionales específicas, lo cual quiere decir que la empatía es algo que nos proporciona la biología.

Sin embargo, el desarrollo de esta conducta depende de la educación familiar y escolar.

El ser humano nace con el potencial para desarrollar y aplicar la empatía, pero el papel de la familia y del núcleo social es encauzar este maravilloso potencial.

 
C. Marco

Ponerse en los zapatos del otro. Concepto de Empatía

La empatía surge de una especie de imitación física

¿Qué es la empatía y para qué nos sirve como herramienta humana?

Vivimos en una época en la que el tejido social está cada vez sujeto a más tensiones, en el que el egoísmo, la violencia y la falta de espiritualidad parecen afectar la calidad de la vida comunitaria.

La empatía o “comunicación emocional” es ponerse en los zapatos del otro, y tiene lugar en una amplia gama de situaciones de la vida, desde las ventas y la administración hasta el idilio y la paternidad, pasando por la compasión, el altruismo y la actividad política.

La ausencia de empatía también es reveladora. Existe en psicópatas criminales, violadores y secuestradores, y abusadores de niños.

La palabra “empatía” se deriva de empatheia, palabra griega que significa “sentir dentro”, término usado en un principio por los teóricos de la estética para designar la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona.

La empatía surge de una especie de imitación física de la aflicción del otro, que evoca los mismos sentimientos en uno mismo.

Es distinta a la simpatía, que puede experimentarse por la situación crítica de otra persona sin compartir nada de lo que la otra persona siente.

¿Cómo se desarrolla la empatía? Se puede observar desde la infancia.

Desde el día que nacen, los niños se sientes perturbados cuando oyen llorar a otro. Los bebés sienten una preocupación solidaria incluso antes de darse cuenta de que existen como seres separados de los demás.

A los 9 meses, el niño siente aflicción cuando ve que otro cae y empieza a llorar, su compenetración es tan fuerte que reacciona como si fuera él mismo el que se ha hecho daño.

Después del primer año, cuando los niños tienen más conciencia de que son distintos de los demás, intentan activamente consolar a otro niño que llora, por ejemplo, ofreciéndole su juguete preferido para calmarlo.

A los 2 años se dan cuenta de que los sentimientos de otra persona son distintos de los de ellos.

En la etapa más avanzada de empatía, se puede apreciar y compadecer la aflicción que sufre todo un grupo, como los pobres, los oprimidos y los marginados, y surge el deseo de aliviar los infortunios y la injusticia.

Estudios neurológicos han mostrado que el cerebro está diseñado para responder a expresiones emocionales específicas, lo cual quiere decir que la empatía es algo que nos proporciona la biología.

Sin embargo, el desarrollo de esta conducta depende de la educación familiar y escolar.

El ser humano nace con el potencial para desarrollar y aplicar la empatía, pero el papel de la familia y del núcleo social es encauzar este maravilloso potencial.

C. Marco

La ciencia de la Vida: La política está en el cerebro

Buscamos y encontramos evidencia que apoye nuestras creencias

Nuestras predilecciones políticas no son producto de procesos racionales.

En esta época de elecciones, es interesante analizar qué sucede en nuestro cerebro cuando tomamos decisiones.

Un estudio reciente de neuroimagen muestra que nuestras predilecciones políticas no son producto de procesos racionales y lógicos, sino que están vinculadas a sesgos inconscientes.

Independientemente del tema, las personas que apoyan a los distintos partidos políticos (PAN , PRD o PRI, por ejemplo) están convencidas de que “lo que escuchan es la única verdad y apoya ampliamente su posición”.

Este rasgo se conoce como “sesgo en la confirmación”, es decir, buscamos y encontramos evidencia que apoye nuestras creencias e ignoramos o reinterpretamos aquello que no es congruente con nuestros sesgos.

Estudios realizados con técnicas de neuroimagen han permitido detectar que en algún lugar de nuestro cerebro surge este “sesgo confirmatorio”, el cual es inconsciente y está guiado por emociones y no por la razón.

Investigadores de la Universidad de Emory registraron el metabolismo cerebral de 30 hombres, con diferentes tendencias políticas, mientras evaluaban enunciados de dos candidatos que se contradecían mutuamente.

Los resultados revelaron que la parte del cerebro involucrada en el razonamiento (las áreas dorso laterales de la corteza prefrontal), no se activaba.

Las áreas más activas, por su parte, fueron las orbitofrontales, que están involucradas en el procesamiento de las emociones; el cíngulo anterior, asociado con la resolución de conflictos, y el cíngulo posterior, que participa en la realización de juicios acerca de la responsabilidad moral.

Además, una vez que los sujetos obtenían conclusiones con las que se sentían “emocionalmente cómodos”, se iluminaba el estriado ventral, el cual tiene que ver con las sensaciones de placer y recompensa.

El proceso a través del que hacemos una elección o nos formamos una opinión implica una colaboración entre las áreas cerebrales que generan la emoción y las áreas racionales que controlan el procesamiento de ideas e información.

Ambas se retroalimentan.

Los pensamientos provocan sentimientos; a su vez, la intensidad de los sentimientos determina cómo valoramos nuestros pensamientos.

Así, por ejemplo, conectamos emociones hostiles con la imagen del candidato que no apoyamos, y eso induce imágenes e ideas negativas.

La danza entre la conexión de las emociones con las ideas es el fundamento de la terapia cognitiva. Por supuesto, el escepticismo es el antídoto del sesgo confirmatorio.

 
C. Marco

La política está en el cerebro

Buscamos y encontramos evidencia que apoye nuestras creencias

Nuestras predilecciones políticas no son producto de procesos racionales.

En esta época de elecciones, es interesante analizar qué sucede en nuestro cerebro cuando tomamos decisiones.

Un estudio reciente de neuroimagen muestra que nuestras predilecciones políticas no son producto de procesos racionales y lógicos, sino que están vinculadas a sesgos inconscientes.

Independientemente del tema, las personas que apoyan a los distintos partidos políticos (PAN , PRD o PRI, por ejemplo) están convencidas de que “lo que escuchan es la única verdad y apoya ampliamente su posición”.

Este rasgo se conoce como “sesgo en la confirmación”, es decir, buscamos y encontramos evidencia que apoye nuestras creencias e ignoramos o reinterpretamos aquello que no es congruente con nuestros sesgos.

Estudios realizados con técnicas de neuroimagen han permitido detectar que en algún lugar de nuestro cerebro surge este “sesgo confirmatorio”, el cual es inconsciente y está guiado por emociones y no por la razón.

Investigadores de la Universidad de Emory registraron el metabolismo cerebral de 30 hombres, con diferentes tendencias políticas, mientras evaluaban enunciados de dos candidatos que se contradecían mutuamente.

Los resultados revelaron que la parte del cerebro involucrada en el razonamiento (las áreas dorso laterales de la corteza prefrontal), no se activaba.

Las áreas más activas, por su parte, fueron las orbitofrontales, que están involucradas en el procesamiento de las emociones; el cíngulo anterior, asociado con la resolución de conflictos, y el cíngulo posterior, que participa en la realización de juicios acerca de la responsabilidad moral.

Además, una vez que los sujetos obtenían conclusiones con las que se sentían “emocionalmente cómodos”, se iluminaba el estriado ventral, el cual tiene que ver con las sensaciones de placer y recompensa.

El proceso a través del que hacemos una elección o nos formamos una opinión implica una colaboración entre las áreas cerebrales que generan la emoción y las áreas racionales que controlan el procesamiento de ideas e información.

Ambas se retroalimentan.

Los pensamientos provocan sentimientos; a su vez, la intensidad de los sentimientos determina cómo valoramos nuestros pensamientos.

Así, por ejemplo, conectamos emociones hostiles con la imagen del candidato que no apoyamos, y eso induce imágenes e ideas negativas.

La danza entre la conexión de las emociones con las ideas es el fundamento de la terapia cognitiva. Por supuesto, el escepticismo es el antídoto del sesgo confirmatorio.

C. Marco

Como la Vida misma: En busca de la sencillez

Quo cohen resulta
Es preciso usar las palabras justas para cada fenómeno y con la puntuación adecuada

No hay nada más difícil que la sencillez.

Sobre todo si uno desea mejorar su manera de hablar y de escribir.

Por desgracia, como el sentido común es el menos común de los sentidos, la naturalidad suele brillar por su ausencia en todo lo que decimos y escribimos.

Pensamos, erróneamente, que hablamos de manera sencilla. Nos lo parece, porque no hay nada más natural que el habla.

A los dos años de edad, se nos suelta la lengua y, luego, nadie nos para.

Las estructuras gramaticales que empleamos al hablar son extremadamente complejas.

Para que nos entiendan, recurrimos a muchos elementos que están ausentes en la escritura: lenguaje corporal, contacto visual, tono de voz, el contexto en que estamos insertos y la posibilidad de responder a las preguntas que nos hacen.

Si leyéramos la transcripción de una conversación que no escuchamos, con personas que no conocemos, probablemente entenderíamos muy poco.

Lo más seguro es que tendríamos que descifrarla.

En otras palabras, el lenguaje oral aguanta mucha complejidad. El verdadero problema, sin embargo, no está en la plática, sino en lo que escribimos.

En nuestros textos, tendemos a reproducir los espaguetis orales que hilamos al hablar.

Como no puntuamos lo oral, escribimos proposiciones interminables y, muchas veces, el único signo que empleamos es la coma, buscando marcar las pausas.

¡Pero recordemos que la pausa pertenece al ámbito de la oralidad!

La escritura requiere que las relaciones gramaticales entre nuestras oraciones sean perfectamente explícitas y la puntuación correcta es el medio para que así sea.

A la hora de escribir, tendemos a repetir palabras e, incluso, ideas.

Nos mostramos inseguros y nos gusta decir lo mismo dos y hasta tres veces, no vaya a ser que el lector se encuentre distraído.

Pero recordemos cómo nos sentimos cuando leemos un texto repetitivo: nos parece una agresión a nuestra inteligencia y sensibilidad.

Los lectores buscamos una progresión lógica de ideas, sentimientos y emociones.

Queremos montarnos en la ola que ha imaginado el escritor.

Deseamos viajar y experimentar —intelectual y emocionalmente— lo que se nos propone.

Para ello, debemos emplear una sintaxis clara dentro de estructuras gramaticales digeribles.

Es preciso usar las palabras justas para cada fenómeno y con la puntuación adecuada. Esto, lejos de trivializar nuestro pensamiento, lo vuelve sólido y —más importante— comprensible.

 
C. Marco

En busca de la sencillez

Quo cohen resulta
Es preciso usar las palabras justas para cada fenómeno y con la puntuación adecuada
No hay nada más difícil que la sencillez.

Sobre todo si uno desea mejorar su manera de hablar y de escribir.

Por desgracia, como el sentido común es el menos común de los sentidos, la naturalidad suele brillar por su ausencia en todo lo que decimos y escribimos.

Pensamos, erróneamente, que hablamos de manera sencilla. Nos lo parece, porque no hay nada más natural que el habla.

A los dos años de edad, se nos suelta la lengua y, luego, nadie nos para.

Las estructuras gramaticales que empleamos al hablar son extremadamente complejas.

Para que nos entiendan, recurrimos a muchos elementos que están ausentes en la escritura: lenguaje corporal, contacto visual, tono de voz, el contexto en que estamos insertos y la posibilidad de responder a las preguntas que nos hacen.

Si leyéramos la transcripción de una conversación que no escuchamos, con personas que no conocemos, probablemente entenderíamos muy poco.

Lo más seguro es que tendríamos que descifrarla.

En otras palabras, el lenguaje oral aguanta mucha complejidad. El verdadero problema, sin embargo, no está en la plática, sino en lo que escribimos.

En nuestros textos, tendemos a reproducir los espaguetis orales que hilamos al hablar.

Como no puntuamos lo oral, escribimos proposiciones interminables y, muchas veces, el único signo que empleamos es la coma, buscando marcar las pausas.

¡Pero recordemos que la pausa pertenece al ámbito de la oralidad!

La escritura requiere que las relaciones gramaticales entre nuestras oraciones sean perfectamente explícitas y la puntuación correcta es el medio para que así sea.

A la hora de escribir, tendemos a repetir palabras e, incluso, ideas.

Nos mostramos inseguros y nos gusta decir lo mismo dos y hasta tres veces, no vaya a ser que el lector se encuentre distraído.

Pero recordemos cómo nos sentimos cuando leemos un texto repetitivo: nos parece una agresión a nuestra inteligencia y sensibilidad.

Los lectores buscamos una progresión lógica de ideas, sentimientos y emociones.

Queremos montarnos en la ola que ha imaginado el escritor.

Deseamos viajar y experimentar —intelectual y emocionalmente— lo que se nos propone.

Para ello, debemos emplear una sintaxis clara dentro de estructuras gramaticales digeribles.

Es preciso usar las palabras justas para cada fenómeno y con la puntuación adecuada. Esto, lejos de trivializar nuestro pensamiento, lo vuelve sólido y —más importante— comprensible.

C. Marco