Emociones: Un camino hacia la libertad

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La vida es el cúmulo de vivencias que almacenamos en nuestra retina emocional. Alegría, complicidad, ternura, armonía, amor. Emociones vividas. Hay gente que se empeña en recordar únicamente aquellos sucesos que le han causado dolor, porque no entienden que hasta en el dolor hay signos de aprendizaje. A estas personas les suelo preguntar: “Aparte de mal, ¿cómo estás?”. E irremediablemente me tendrían que contestar “Bien”. Mucha gente cree firmemente en la Ley de Murphy:

“Si las cosas van mal, aún pueden ir peor”.

Una de las cosas que he aprendido al vivir con una actitud mental positiva es que, en la vida, deberíamos aplicarnos el Teorema de la Navaja de Ockham. Se trata de un razonamiento basado en una premisa muy simple: la respuesta a una situación o problema está, probablemente, en lo más sencillo.

Vivimos en un mundo escéptico donde el ser humano ha dejado de soñar, jugar y emocionarse. Somos mucho más razón que emoción. Sin embargo, la historia de nuestros antepasados nos demuestra que existe un lugar en nuestro cerebro más antiguo en el que dominan las emociones. En la antigüedad, el ser humano llamaba magia a todo aquello que no podía razonar y controlar. ¿Sigue existiendo la magia?

Dejemos que la magia equivalga a lo desconocido, eso que tu razón no puede comprender, donde no caben las teorías y residen los sentimientos.

¿Qué fórmula matemática o ecuación aritmética nos puede explicar por qué se unen o se encuentran dos corazones? ¿Por qué dos vidas, con una determinada trayectoria previa, entrecruzan sus caminos para complementarse con un proyecto mediato y auténtico? Magia.

Desde que tengo uso de razón, he escuchado la expresión “buscar la media naranja”. La gente se pasa la vida articulando relaciones para encontrar su otra mitad. Sin embargo, cuando comienza la relación, el hartazgo y la insuficiencia de un proyecto común, nos hace huir hacia una falsa libertad.

Yo no creo en las medias naranjas. ¿Media naranja?¡¿Por qué no la naranja entera?! El círculo, el complemento: El subconjunto emocional.

Este círculo que se cierra es el primero de muchos círculos que encontraremos en nuestra vida. Los budistas lo llaman la rueda de la vida, y creen que, para vivir en armonía, hay que equilibrar cada acción que llevamos a cabo. Vivir desde el corazón, desde el mundo visto con nuestros propios ojos. Sin expectativas, sin estar siempre esperando a la espera de que sucedan cosas.

Nos pasamos más de media vida esperando y desperdiciando el privilegio de sentir y vivir.
Vivir cada puesta de sol o cada mañana en la que el sol entra por vuestra terraza y nos acaricia la piel entre las sabanas. Oler ese café expreso entre miradas cómplices. Sentir cada segundo como si fuera el último; emborracharnos de vida, jugar a la vida sin esperar que la vida juegue con nosotros.

Porque esta es la única vida que tenemos para llevar a cabo nuestros sueños, y, si en el camino encontramos piedras, suavemente las retiramos. Y cuando los zapatos provoquen dolor, únicamente tenemos que quitárnoslos.

Celebremos el triunfo de las emociones. Celebremos el amor superlativo, imperativo y circunstancial. Celebremos juntos que las emociones son nuestro camino hacia la LIBERTAD.

Fuente: https://lafelicidadesproductiva.wordpress.com/

C. Marc

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