Hanblecheyapi y el Camino Rojo de la vida

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Os lo contaré como me lo contaron a mí y como se lo contaron los ancianos a mi abuelo. Cuando un hombre joven busca su camino o busca respuestas que lo guien a lo largo del camino rojo de la vida, los ancianos lo llevan a la cima de la montaña y lo dejan allí cuatro días y cuatro noches sin comida y sin agua, solo con una piel de búfalo, una kanunba (la pipa sagrada) y su persona. Se llama HANBLECHEYAPI, la búsqueda de una visión, de un sueño que nos muestre el camino.”

Comienzo de la película Dreamkeeper (Barron,2003)

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Hoy escribo esta entrada con el ánimo de argumentar nuevamente que la innovación más disruptiva, sostenible y beneficiosa es aquella que está ligada no solo a lo que somos sino también a lo que fuimos. En el acompañamiento personal y de equipos hay un concepto que me parece poderoso y que es una herramienta de reflexión a partir de la que establecer dinámicas de trabajo fértiles y útiles.

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Para los indios el HANBLECHEYAPI es un ritual sagrado que se basa en la búsqueda de una visión alejándose de lugares habitados en lo alto de una montaña en completa soledad. Según los lakotas cualquier persona puede implorar esta búsqueda de la visión sea hombre o mujer, joven o anciano en concepto de ofrenda, de petición, de agradecimiento o de iniciación para encontrar el Camino Rojo de la vida. El ritual siempre se debe producir en soledad aunque requiere de la mediación y consejo inicial de un chamán con el que además se comparte la visión o visiones tras la experiencia. El HANBLECHEYAPI consta de las tres etapas de purificación, retiro y regreso, en cada una de las cuales se prescriben diferentes usos. Muchos ven en él el comienzo del resto de danzas, oraciones y tradiciones indias y ha sido asumido por muchos estudiosos occidentales como un método real de expansión de la conciencia.

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De entre todas las naciones indias norteamericanas que perviven en la actualidad recluidas en reservas nativas, puede que los guardianes de sabiduría lakotas sean los mejores contadores de historias que existen. Desde hace mil años, de generación en generación, un largo catálogo de historias míticas se ha perpetuado casi de forma exclusiva mediante la tradición oral.

La ONU considera en su Convenio 169 de la OIT, que de los 300 millones de indígenas que aún habitan el planeta, de los más de 5000 pueblos repartidos en 70 países, más de 40 millones se encuentran en el continente americano. Personalmente profeso una gran admiración por la cultura indígena norteamericana. Innumerables naciones indias, grandes tribus de la tierra, habitaban un vasto terreno natural desde los crow (llamados a sí mismos absaroke) a los algonkinos, apalachees, y apaches; desde los cheyenne, chinook, navajo, seminola, okeloussa y pawnee a los arapahoe, lakota, delaware, irokes y pekuot; pasando por los jicarilla, chippewa y sioux hasta los pensacola, shawnee, wichita y comanche, incluyendo también a mohicanos, hurones y los aleutianos del norte. La lista continúa hasta más de 100 naciones indias repartidas en el desierto, las praderas, la costa oesta, los bosques del norte y del sur y las tribus del frío norte. Todos ellos poseían grandes rasgos diferenciales pero una misma visión de su relación con la naturaleza. Cuturas ancestrales con tradiciones muy ligadas a la tierra y rituales cuyo valor simbólico trasciende cualquier conciencia occidental.

Dreamkeeper

Hace tiempo compartí el que hasta la fecha considero el mejor libro sobre la cultura indígena norteamericana. Lo es para mí porque es un testimonio directo de vida y no está sometido a la historificación y la visión antropológica blanca.  Hoy quiero compartir con vosotros una película filmada en 2003 para TV (en dos capítulos de 90 min cada uno) dirigida por Steve Barron. Se titula Dreamkeeper y ha sido traducida literalmente como Guardián de Sueños. En esta película el anciano lakota Pete es un narrador de relatos de la reserva de Pine Ridge que comparte con su comunidad los relatos que le han transmitido sus padres y abuelos. El anciano desea preservar la identidad y el poder de sus relatos. Su nieto Shane, metido en problemas con una banda callejera, es convencido por su madre y obligado por su situación problemática, a acompañar al viejo Pete a la ceremonia del Pow Wow de las Naciones indias en Nuevo México. Un largo viaje a través de las Black Hills de Dakota de Sur es la excusa perfecta para que el viejo comparta sus historias con el joven muchacho. Durante este extraordinario viaje las viejas leyendas se entrecruzan con la realidad y nos hablan de amor, de valor, de humildad, de sinceridad y de todos los valores indios de los que los contadores de historias y guardianes de sabiduría son meros transmisores…

La película es magnífica no solo porque recoge algunas de las historias lakota de tradición oral sino porque habla de las tradiciones y costumbres de varias naciones indias. Además es bastante fiel a la idea india del camino rojo de la vida que realmente me apasiona y que es aplicable a cualquiera de nosotros o a nuestros equipos o familias. Es un concepto mucho más desarrollado y sostenible que cualquier diseño de vida moderno ya que habla de una búsqueda y una lucha en todos los niveles de una vida. El Camino Rojo es la lucha por la coherencia personal, una forma de vida en la cual, lo que piensas, dices y haces son una misma cosa. Es también el camino de la rebeldía, en el que no obedeces lo aceptado sino que afirmas tu individualidad y  decides los valores y las creencias que gobiernan tus acciones. La búsqueda del camino rojo es una búsqueda constante basada en encontrar un lugar en tu mundo mediante el equilibrio con Wakan Tanka (el águila creadora que dio la vida), la tierra, el cielo, los ancestros y los seres de la naturaleza. El camino rojo es ser parte del todo, es una herencia, y no es la lucha por el poder sino por el equilibrio. Hace pocos días en una dinámica de preparación de una experiencia de Responsabilidad Sostenible que estoy diseñando con un colaborador, hablábamos de que la perfección no es la pureza sino el equilibrio. El Camino Rojo tiene mucho que ver con esto.

Solo dos preguntas para los lectores: ¿Has encontrado ya tu Camino Rojo de la vida?, ¿Has realizado alguna vez una búsqueda de tu visión? Si la respuesta a ambas es NO.

Fuente: http://www.vorpalina.com/

C.  Marco

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