Si llueve me mojo (o el compromiso de generar conocimiento)

 

Hay una regla lógica que expresa que si dado A sucede B, entonces si tenemos A y C, cualquiera sea C, sucede B. Por ejemplo, si le damos a A el valor de “llueve” y a B el valor de “me mojo”, tenemos que “si llueve me mojo” y “si llueve y además pasa C, me mojo”. ¿Pero qué pasa si a C le damos el valor de “tengo paraguas”? Podemos ver que, por regla lógica, “si llueve y tengo paraguas, me mojo”.

Creo que este ejemplo puede asociarse directamente a lo que sucede con la ciencia, la investigación científica y los investigadores. Durante la investigación científica se testean constantemente situaciones que pueden resumirse en “si tengo A sucede B”. Si esas situaciones pueden respaldarse se publican. ¿Pero que sucede si los hechos reales no son explicados completamente por esa proposición? ¿Qué sucede si en algún momento se observa una situación que contradice o que no queda reflejada por la proposición testeada? (Por ejemplo: “si llueve y tengo paraguas, me mojo”). En estos casos, lo que debería suceder es un replanteo de la situación inicial testeada (por ejemplo: “si llueve me mojo”) para incorporar de alguna manera la variable C, que no había sido considerada hasta el momento.

Esto puede observarse en los cambios de paradigmas científicos. Un paradigma científico podría definirse como el conjunto de conocimientos, hipótesis testeadas, ideas y supuestos que respaldan algún concepto en vigencia dentro de la comunidad científica (por ejemplo: el origen del universo tiene hoy en día como parte de su paradigma todo el conocimiento concerniente a la teoría del Big Bang) (1). Cuando los hechos que se observan y el nuevo conocimiento generado no coinciden con el paradigma en vigencia, éste comienza a cambiar y se genera un nuevo paradigma que incluye las nuevas observaciones antes no consideradas, lo que puede llevar muchas veces a un cambio brusco de paradigma.

En el campo de la investigación científica y generación de conocimiento, son los investigadores los que tienen la responsabilidad de reconocer o detectar la posible variable C que puede hacer que lo que testeamos no represente lo que realmente pasa. Y está en el investigador la responsabilidad de publicar “si tengo A sucede B” sabiendo que existe C, o sabiendo que puede existir C. Ser responsable con el conocimiento generado es parte fundamental de generar conocimiento valioso y de colaborar con el crecimiento del conocimiento científico, así como de colaborar a que la comunidad científica mantenga la misma responsabilidad.

El ambiente científico, en general competitivo y exigente de publicaciones, puede condicionar o presionar a un investigador a que se publique “si tengo A sucede B” (aun sabiendo que existe C o sin siquiera plantearse si existe C). Cuanto más se publica más se crece como investigador (es lo que en general se observa, aunque las publicaciones no sean buenas o no aporten conocimiento relevante). El ambiente científico exige o condiciona a que se publique, entonces el investigador publica. Pero de la misma forma también se puede plantear que la sociedad es machista y entonces usted es machista, y la realidad es que está en cada uno defender los valores que creemos valiosos y decidir cómo actuar. Dentro del ámbito científico es lo mismo.

Con esto no quiero decir que no hay que publicar, porque publicar el trabajo realizado es la forma de acercar el conocimiento al resto de la comunidad. Simplemente quiero decir que el investigador tiene que ser consciente de lo que publica y responsable con el compromiso de generar conocimiento. En este contexto, creo que educar y formar para saber ver y reconocer si existe C, y si nuestro planteo de “si tengo A sucede B” es coherente más allá de que esté sustentado por algunos datos, es necesario en todas las etapas de la carrera formativa del investigador científico. Asimismo, creo que el compromiso que el investigador tiene al generar conocimiento nunca debe dejarse de lado por las ansias de tener más y más publicaciones en cantidad y no en calidad. Esto no quita que el conocimiento se genere por pasos y por etapas. Pero cada paso y cada etapa debe responder con la calidad de lo generado. A veces la lógica es bastante clara: todo el que publica sabe que “si el investigador publica” “genera conocimiento”, y “si el investigador publica” y “sus publicaciones no son buenas”, “genera conocimiento”. Quizás también el punto es ponerse a pensar y a evaluar qué conocimiento queremos generar.

Fuente: Por Andrea Elissamburu. CONICET. Cátedra de Anatomía Comparada, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata, Argentina.

C. Marco

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