La Tragedia de Optimismo: Por Viktor Frankl

Resultado de imagen de optimismo tragico

Como quizás sabréis, la logoterapia es una psicoterapia centrada en el sentido de la vida (ya se ha tratado sobre esta terapia anteriormente en este blog). Su principio impulsor dice que el hombre es un ser que se encuentra en constante búsqueda del sentido. Pero esta búsqueda del sentido aparece en las circunstancias actuales de la sociedad como un empeño vano. Esta frustración hay que cargarla en buena parte a la cuenta de esa trágica triada que se compone de (1) sufrimientos, (2) culpa y (3) muerte.

El Sufrimiento:

Ninguno de nosotros puede evitar el encuentro con el sufrimiento ineludible, con la culpa inexcusable y con la muerte ineludible. La pregunta que debemos formularnos. es: ,¿cómo podemos decir sí a la vida a pesar de todo este su aspecto trágico?, Una pregunta que lleva a esta otra: la vida, a pesar de todos sus aspectos negativos, ¿puede tener un sentido, mantener el sentido en todas sus condiciones y circunstancias?, Lo primero de todo hay que abordar la vida como es, según leemos en una carta de Rilke a la condesa Sizzo:

El que no acepta de una vez con resolución, incluso con alegría, la dimensión terrible de la vida, nunca disfrutará de los poderes inefables de nuestra existencia, quedará marginado y, a la hora de la verdad, no estará vivo ni muerto.

Pero hay algo más: también de los aspectos negativos, y quizá especialmente de ellos, se puede «extraer» un sentido, transformándolos así en algo positivo: el sufrimiento, en servicio; la culpa, en cambio; la muerte, en acicate para la acción responsable.. De un modo u otro, debe haber frente a los aspectos trágicos de nuestra existencia la posibilidad de “hacer lo mejor” : la posibilidad de sacar el mejor partido; lo mejor se dice en latín optimun; y de aquí V.Frankl llega a la expresión “optimismo trágico”.

La Logoterapia, enseña un optimismo aprendido de otras personas que han vivido y sufrido el optimismo trágico antes. No es posible un optimismo por decreto. A nadie podemos ordenar que sea optimista, o que espere contra toda esperanza. Nadie, en efecto, puede forzar la esperanza, como tampoco se pueden forzar las otras dos actitudes que constituyen la famosa tríada: la fe y el amor.

Yo sólo puedo creer si algo o alguien ofrece credibilidad, si es «fidedigno», lo mismo que sólo puedo amar a alguien que sea «amable». En suma, la esperanza, la fe y el amor deben estar fundados, y en este sentido se parecen a la felicidad, que requiere un fundamento para hacerse realidad; si tenemos un fundamento para ser felices, la felicidad vendrá por sí misma, y cuando menos nos preocupemos de ella, más seguros podemos estar.

La felicidad debe tener un fundamento del que nazca espontáneamente; pero la felicidad no se puede perseguir, no se puede fabricar; al contrario, cuanto mas se la persigue, cuanto más se busca el placer, menos se alcanza.

No hay que olvidar que el principio de placer está a su vez al servicio de otro principio más originario: el de la Homeostasis, que busca atenuar al máximo las tensiones interiores. Como si el hombre no tuviera otra cosa que hacer. Y como si de hecho el hombre no tuviese otra tarea que deshacerse de tensiones a base de dar satisfacción a los instintos y contraer compromisos entre el yo, el ello y el super yo.

Toda la realidad humana se caracteriza,  por su autotrascendencia, esto es, por la orientación hacia algo que no es el hombre mismo, hacia algo o hacia alguien, mas no hacia sí mismo, al menos no primariamente hacia sí mismo. Cuando yo me pongo al servicio de algo, tengo presente ese algo; no a mí mismo, y en el amor a un semejante me pierdo de vista a mí mismo.Yo sólo puedo ser plenamente hombre y realizar mi individualidad en la medida en que me trasciendo a mí mismo de cara a algo alguien que está en el mundo. Lo que debo tener presente, pues, es ese algo o alguien, no mi autorrealización. Es más: debo relevarme a mí mismo, postergarme, olvidarme; debo pasarme por alto como el ojo debe pasarse por alto para poder ver algo del mundo.

El hombre atento a la realización de sí mismo nos recuerda el fenómeno del búmeran. Suele decirse que el bumerán vuelve al cazador que lo arroja, pero esto no es exacto, ya que sólo vuelve cuando el cazador ha errado el blanco. Exactamente igual le sucede al hombre: sólo vuelve sobre sí mismo, sólo (hiper)reflexiona sobre sí mismo cuando no encuentra el sentido capaz de hacer la vida “digna de vivirse”. Si el hombre es, en el fondo, un ser en busca del sentido, y si la búsqueda tiene éxito, se siente feliz; el sentido, tal como se le manifiesta, es lo que le da el motivo de ser feliz. Pero la persecución del sentido no sólo hace feliz al hombre, sino que le hace también capaz para el sufrimiento.

El sentimiento de falta de sentido de la vida, no es una enfermedad psíquica, sino expresión de un agotamiento espiritual”.

¿Qué decir del sentido en sí? ¿Y cómo encontrarlo?

Permítanme hacer notar, ante todo, que el sentido al que se refiere siempre la logoterapia es el sentido que se oculta en la situación concreta que afronta una persona concreta. Se trata de un sentido potencial, es decir, un sentido que necesita ser actualizado justamente por la persona en cuestión, que se siente invitada a escuchar la «llamada» que parte de él. Además del sentido concreto, se da obviamente un sentido general. Pero cuanto más general sea el sentido, tanto menos aprehensible será. Por algo hablamos también de un sentido «último». Pero el sentido concreto de una situación concreta se relaciona con ese sentido final, como una escena se relaciona con toda la película: vislumbramos su sentido conforme nos aproximamos al happy end, pero a condición de que vayamos reteniendo el sentido de cada escena hasta llegar al final.

Debemos, pues, estar atentos, por una parte, y aguardar, por otra, en la sala de cine hasta el final de la proyección, y en la vida, hasta la “hora de nuestra extinción”. En cuanto al sentido que contempla la logoterapia: el sentido concreto, único y singular de cada situación, se alcanza a través de un proceso de búsqueda que está a medio camino entre la vivencia y la percepción; la percepción del sentido es el descubrimiento instantáneo de una posibilidad sobre el fondo de la realidad: la posibilidad de modificar ésta en la medida de lo necesario y lo posible.

Partiendo del hecho de que la conciencia moral es una especie de órgano del sentido de la vida, podemos compararla con un apuntador que le va «indicando» a uno la dirección en que ha de moverse para detectar una posibilidad de sentido cuyo realización le exige una situación concreta. Pero en cada caso debemos aplicar a esta situación un determinado criterio, una escala de valores. Sólo los valores, según los cuales está graduada esta escala, hunden sus raíces en un estrato profundo de nuestra personalidad y si no queremos ser infieles a nosotros mismos, si no queremos traicionamos, no podemos menos de dejarnos guiar por ‘ellos; no podemos siquiera optar por ellos, sencillamente porque nosotros mismos «somos» esos valores.

Si esto es verdad, el hombre puede saber por esta autocomprensión las vías por las que puede detectar un sentido. No necesitamos, pues, prescribirle una receta; no debemos ni podemos imponerle el sentido; pero se puede describir perfectamente la vía por la que el hombre puede acceder al sentido. Hay, por decirlo así, tres pistas principales para encontrar el sentido: primero, realizando una acción o creando una obra; segundo, contactando con algo, sea naturaleza o arte; quiero decir, con algo o con alguien; y tomar contacto con alguien hasta el fondo de su ser único y singular significa amarle. En otros términos: el sentido se puede encontrar tanto por la vía regia activa como por la vía regia contemplativa. Y, finalmente, se deduce que no sólo podemos encontrar el sentido, por decirlo así, en el trabajo y en el amor, sino también cuando somos víctimas impotentes de una situación desesperada, una situación que no podemos cambiar, en la que sólo podemos modificar nuestra propia actitud, cambiándonos a nosotros mismos, madurando, creciendo, trascendiéndonos y dando testimonio de la facultad más humana del hombre: la de transmutar una tragedia personal en triunfo.

La vida tiene sentido, potencialmente, bajo todas las condiciones y en todas las circunstancias, aún en las mas adversas.

La logoterapia, no nos dice que es necesario el sufrimiento para encontrar sentido, lo que nos dice es que el sentido es posible a pesar del sufrimiento.

Para terminar, te invito a que veas el siguiente corto cuyo título es “Estoy Rara” interpretado por Paloma Jiménez. Espero que lo disfrutes.

Fuente: http://lalogoterapia.com/

C. Marco

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s