La Generación de la Vergüenza

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Nos han vendido que hemos vivido en una burbuja. En algo que no era sostenible en el tiempo.

Nos han explicado de todas las maneras posibles, que el nivel de vida en el que hemos crecido y vivido hasta que tomamos conciencia de la existencia de la crisis económica, ya no volverá jamás; que de la misma forma que vino y se estableció en nuestra Sociedad, se fue; y que a partir de ahora ya no nos queda otra que resignarnos, hacer de tripas corazón y apretarnos el cinturón.

Pero no solo eso, además nos han vendido que todos y cada uno de nosotros somos en cierto modo responsables por acción o por omisión, de todo lo sucedido, porque nos hemos excedido en nuestros hábitos, sin miramientos, sin pensar en el futuro y pensando que el Edén duraría para siempre.

Y a pesar de que los argumentos no eran coherentes ni homogéneos, nos han convencido. Nos han convencido de que nos merecemos esta situación y de que no hay nada más que podamos hacer.

Y nos lo hemos creído. Tristemente nos hemos resignado a creer que lo anterior es cierto.

Es cierto que la historia de España ha estado siempre en cierta medida acompañada por la desgracia y la resignación social. Sin remontarnos demasiado atrás en la historia, recordemos que hace poco más de 40 años, los españoles aún trataban de resarcirse y retirar el polvo de una Dictadura que les había mantenido ensimismados, bloqueados en sus conciencia, en sus ideología, en sus culturas, en sus libertad, y quien sabe en cuántas cosas más.

Tras la muerte del Caudillo F. Franco, todo pareció cambiar. Los españoles abrían por fin sus miras hacia el exterior, comenzaban a sentirse libres y podían decidir sobre su futuro, tenían la posibilidad de viajar al extranjero y conocer en primera persona otras forma de vida, podían tomar decisiones por sí mismos en lo personal y en lo profesional. En definitiva, se les estaba brindando la oportunidad de tomar las riendas de sus vidas, sacar a la luz sus ilusiones y sus sueños más profundos. Podían volcar sus esfuerzos para proyectarlos en la búsqueda de un futuro más próspero.

Pero es este espejismo se les truncó.

A partir de los años 80, el Capitalismo y el afán de acumular riquezas comenzó a tomar las riendas de la Sociedad. No solamente en España sino a nivel mundial, aunque liderado fundamentalmente por los buques insignia del Sistema Capitalista, como fueron EE.UU., Reino Unido, Alemania y Japón.

El Capital tomaba progresivamente las riendas en las decisiones trascendentes que afectaban a la Sociedad. Las empresas establecían sus planes estratégicos a merced y salvaguarda del crecimiento económico continuo e ilimitado. Cualquier empresa que se preciara y que deseara ser reconocida como exitosa y prestigiosa había de conseguir incrementos en sus beneficios económicos en niveles del 10% anual. En estas circunstancias, los fines siempre justificaban los medios.

El desmantelamiento progresivo de los controles arancelarios y aduaneros, la creación de el Mercado Común Europeo primero y posteriormente de la Comunidad Europea, el abaratamiento de los costes de transporte, la apertura de mercados asiáticos, el boom de la construcción a nivel mundial, el gran negocio del petroleo, del automóvil, del plástico, de la electrónica, la aparición de las grandes compañías navieras que transportaban millones de contenedores por todos los océanos…, la toma del control completo de la economía por parte de las entidades financieras, etc, etc. Todo ello con el único objetivo de conseguir el ansiado objetivo de incremento de beneficios en las cuentas de resultados, que exigía cualquier Presidente de compañía o de entidad financiera que se preciara.

Cualquier otro factor o agente ajeno al objetivo fundamental de la Sociedad era automáticamente relegado a un segundo término. El Medio Ambiente, la Sostenibilidad, el control de las reservar minerales y energéticas, las necesidades de la Sociedad, la Educación, la Justicia, etc… Todos estos factores, quedaban siempre relegados a un segundo término si de un modo u otro suponía una traba para alcanzar “el Karma” de los objetivos y beneficios económicos.

Mientras tanto, los gobiernos, los políticos y el resto de agentes de decisión social, cuan músicos del Titanic, cuando no miraban hacia otro lado, transigían sin escrúpulos ni miramientos en pro de la gran cruzada consistente en satisfacer el ansia y las exigencias del verdadero “mesías” de la Sociedad moderna y avanzada: “El poderoso Capital”.

La travesía era tan fascinante, el “buque insignia” de Sociedad representado por la economía y el beneficio de las empresas tenía tal inercia; que aparentemente no había Iceberg que pudiese frenarlo o detenerlo.

Pero este no era en realidad más que un terrible espejismo. Inevitablemente, este sistema de naipes montado por el sistema capitalista para sustentar el ansia de acumular beneficios no ha servido más que para crear tremendos desequilibrios en todos los ámbitos. Y no solamente referido a que ha creado un terrible desequilibrio en el reparto de riquezas. Las consecuencias son muchísimo más graves pues el proceso de creación del desequilibrio económico ha creado desequilibrios en niveles muchísimo más elementales.

Me refiero a desequilibrios tanto Sociales (conflictos bélicos) como Medioambientales (cambio climático, sequías, desastres medioambientales).

Y estos desequilibrios fundamentales tienes unas consecuencias igual o más graves que los económicos pues son mucho más complejos de poderse revertir.

El cambio climático o la sequía que acontece en muchos países tiene soluciones muy complejas y que supone en cualquier caso acuerdos y compromisos a nivel mundial.

Respecto a los conflictos bélicos, tenemos ejemplos muy claros de conflictos que se encentran enquistados desde hace mucho años y que resultan tremendamente complejos de poderse resolver. También para eso re requiere una dosis muy alta de compromiso y sacrificio.

Y la Sociedad mientras tanto, ¿qué papel ha desempeñado?

En mi opinión la Sociedad es la gran responsable de todo lo sucedido. No solamente hemos querido subirnos al Titanic para presenciar el fascinante viaje sino que además no hemos prestado atención y en gran mayoría de los casos ignoramos cuales y quienes han sido los artífices de todo lo acontecido.

Somos ignorantes, sumisos y además estamos resignados a lo que estamos viviendo y a todo o que el futuro nos depare.

Seremos reconocidos como la sociedad de la vergüenza por no haber sido capaces ni de prevenir ni de encontrar solución a la situación.

¿Qué explicación daremos a nuestros hijos?

¿Qué se supone que hemos hecho para prevenir y corregir el rumbo de la Sociedad?

¿Cómo se supone que deberán actuar nuestros descendientes cuando les toque a ellos actuar?

Da la impresión de que estamos tan ocupados por digerir la situación que tenemos alrededor que no tenemos tiempo de pensar ni preocuparnos por el futuro. No somos capaces de vislumbrar a penas lo que nos deparará el futuro en el corto plazo de 5 ó 10 años. Tampoco ponemos demasiado empeño en ello pues nos da verdadero pánico mirar hacia adelante. Hemos llegado a la conclusión de que no podemos hacer nada por nuestro futuro por lo que preferimos bajar la mirada y mirarnos al ombligo.

Preferimos vivir pensando que la situación actual cambiará para bien antes o después y hemos decidido esperar a que los acontecimientos se nos pongan de cara.

Pero esto quizás no sucederá. O al menos no ocurrirá del modo como esperamos, si seguimos comportándonos tan pasivamente como lo hemos estado haciendo hasta ahora.

Estamos estancados y bloqueados por nuestros propios problemas y en ningún caso tenemos intención en mirar hacia el horizonte, en identificar posibles acciones grupales que podamos abordar. Sabemos que estamos solos en esta cruzada y que estamos en un un “sálvese quien pueda”.

Preferimos vivir pensando que la situación actual cambiará para bien antes o después y hemos decidido esperar a que los acontecimientos se nos pongan de cara.

Pero esto quizás no sucederá. O al menos no ocurrirá si seguimos comportándonos tan pasivamente como lo hemos estado haciendo hasta ahora.

Somos la Sociedad del Miedo. La generación que corre el riesgo de ser tachada de “vergüenza” por las futuras generaciones.

Pero a pesar de ello, seguimos mirando para otro lado. En nuestro sillón, delante de nuestro televisor o de nuestra pantalla del móvil.

Pero el reloj de arena sigue su curso y no hay mucho tiempo que perder pues antes o después, el recipiente superior del reloj habrá quedado completamente vacío de arena y alguien tendrá que actuar de forma drástica para darle la vuelta a la situación a su manera, a la tremenda.

¿Despertaremos antes de que esto suceda?

C. Marco

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