El autoengaño de la lotería de Navidad: Una explicación que ganó un Nobel

El titular de una administración de Barcelona celebra que ha repartido el primer premio

 

En 2002, el psicólogo Daniel Kahneman ganó un premio Nobel. Puesto que el filántropo del mismo apellido no dejó establecida ninguna categoría de Psicología, lo hizo en otra aparentemente muy alejada de ésta, la economía. Los trabajos de este israelí, que había desarrollado conjuntamente con el ya por entonces fallecido Amos Tversky, intentaban explicar por qué unos seres aparentemente racionales como los humanos tomábamos en ocasiones -más de la cuenta- decisiones completamente irracionales.

Lo recuerda el también psicólogo en el centro Rayuela -y autor del libro Los libros de autoayuda ¡vaya timo!Eparquio Delgado, al intentar explicar por qué los españoles nos lanzamos en masa en estas fechas a comprar lotería de Navidad, a pesar de que sólo existe una posibilidad entre 100.000 de que nos toque el Gordo.

Al participar en este y otros juegos de azar similares, explica este experto, la persona asume “un coste que está por encima de las probabilidades reales” de ganar. Se piensa, por lo tanto, con un “sesgo cognitivo“, pero uno especial. Porque si sólo fuera eso, comenta Delgado, los matemáticos no caerían en esta falacia. Y, a pesar de no tener pruebas, es más que probable que varios de los estudiosos de esta disciplina compartan también décimos con sus compañeros de trabajo.

Lo particular de este tipo de sesgo cognitivo es que nos afectan aunque los conozcamos“, señala Delgado. En concreto, el sesgo que aplicamos a la hora de comprar lotería se denomina “efecto de posibilidad” y está incluido en la teoría de las perspectivas que causó que Kahneman ganara el Nobel.

Cuando compramos un décimo de lotería, añade el psicólogo, lo que adquirimos en realidad es “una ilusión, no sólo una posibilidad”. Esto explica la creencia y sensación generalizada de que es más probable que nos toque si compramos un boleto que si ampliamos en uno el número de décimos comprados.

En otras palabras, pensamos más en la posibilidad de que nos toque que en la de que no nos toque, algo a lo que contribuyen también los medios de comunicación: a la hora de informar sobre el resultado del sorteo se habla de aquellos a los que ha sonreído la suerte y no de la mayoría a la que no le ha tocado ni la pedrea.

El también psicólogo clínico Miguel Ángel Rizaldos coincide en la irracionalidad de este comportamiento, pero lo atribuye a la sociabilidad del ser humano, que hace que nos guste compartir y que necesitemos “sentir las mismas cosas que los demás“. Quizás eso explicaría el motivo oculto por el que mucha gente adquiere lotería de Navidad: la escalofriante posibilidad de que todos tus compañeros de trabajo se hagan ricos y uno se quede como está.

Fuente: @airiberri

C. Marco

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