El monumento a Abel

Niels Abel fue un genial matemático noruego que, a pesar de su fallecimiento prematuro por la tuberculosis, hizo aportaciones esenciales a las matemáticas. En esta reciente entrada se puede encontrar un resumen de sus logros. En su honor, la Academia Noruega de las Ciencias y las Letras instauró el Premio Abel, que cada año se otorga a matemáticos cuyo tarbajo haya supuesto un impacto extraordinario en la disciplina (tal y como ocurrió con el propio Abel). En esta entrada se pueden encontrar detalles sobre el premio.

En el Parque Real, en frente del castillo, se erigió en 1908 un monumento para conmemorar el genio de Niels Abel. Que nadie espere ver una representación del propio Abel; al contrario, desechando la fotografía que la Universiad había enviado a los concursantes en el proyecto de esta estatua, el ganador, el célebre escultor noruego Gustav Vigeland, decidió esculpir un joven desnudo navegando en el espacio. Con ello, Vigeland quería poner de manifiesto al genio que fue Abel. Se presentaron 9 propuestas y la de Vigeland fue considerada la mas artística pero no fue seleccionada ya que no cumplía las bases del concurso. Pero los ganadores no vieron su obra erigida.

Siguió un tira y afloja con Vigeland, hasta que su trabajo para el Museo Nacional de Estocolmo despertó los recelos patrios, y en el periódico Aftenpostena apareció un artículo que decía:

“Llegará el día desgraciado en el que el monumento de Vigeland para Abel se erija en otro país y no el nuestro, al que pertenece con todos los derechos”.

Así que el tema pasó a ser de interés nacional. Tras muchos mas debates (entre ellos el lugar en el que se iba a colocar, y una suscripción pública para la financiación) la escultura fue terminada y revelada al público el 17 de octubre de 1908.

En la base solo un nombre; “Abel”, y una placa que incluye la fecha y el nombre de Gustav Vigeland.

La escultura no tiene mucho que ver con la figura de Niels Abel, quien murió a los 26 años consumido por la tuberculosis. En 1905, Dietrichson le preguntó a Vigeland sobre su intención, y aunque su primera respuesta fuera un escueto “No lo sé”, enseguida se dio cuenta de que el público esperaba otra cosa de un artista reconocido. Así, matizó su respuesta diciendo que “no había ninguna fuerza ni potencia en mente, pero sí quería reflejar el lanzamiento del genio al espacio.”

Desde que se instauró el prestigioso premio Abel, una de las ceremonias más emotivas es la visita al parque y los discursos enfrente el monumento a Abel. Una excelente manera de honrar al genio.

Fuente: Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

C. Marco

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