Dormir mal es un síntoma; siempre hay una causa que lo provoca

La primera Unidad de Alteraciones del Sueño de carácter privado en España entró en funcionamiento en marzo de 1989 en el Instituto Dexeus de Barcelona.

Desde entonces, Eduard Estivill ha sido su director y asegura que en estos 20 años de andadura ha sido testigo de grandes avances en la medicina del sueño. Sin embargo, se trata de una disciplina muy reciente sobre la que se sigue investigando y de la que, según avanza Estivill, “muy pronto sabremos cosas nuevas”.

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Eduard Estivill.

¿Cuándo se creó la Unidad del Sueño?

Nuestra Unidad del Sueño se creó en marzo de 1989, después de mi vuelta de Estados Unidos, donde me formé en patología del sueño. En aquel momento, era la primera unidad privada de España donde se contemplaba el tratamiento de todas las alteraciones del sueño en niños y adultos con problemas de insomnio, de ronquidos, parasomnias… Es decir, todo el completo de alteraciones del sueño.

¿Cómo se organiza la labor asistencial dentro de la Unidad?

La Unidad del Sueño es muy similar a cualquier unidad médica de cualquier hospital. Hacemos visitas a los pacientes donde se les pregunta una serie de información necesaria, que incluye la historia clínica del paciente. Después, en función de lo que sospechamos que puede tener, realizamos pruebas. En algunas estudiamos el sueño del paciente, durante el que investigamos la actividad del cerebro, la respiración, los movimientos del cuerpo… Es decir, de distintos parámetros que nos informan de cómo está durmiendo la persona. Esto nos permite diagnosticar o saber la causa que provoca el mal dormir. Es muy importante entender que dormir mal es un síntoma, lo que significa que siempre hay una causa que lo provoca. Por esto, en la Unidad del Sueño lo primero que hay que hacer es buscar la causa que provoca el problema para después poder tener un tratamiento adecuado.

¿Qué especialidades participan en la Unidad?

La especialidad del sueño como tal no existe todavía en España, en Estados Unidos sí. La formación de un especialista en sueño es un poco distinta a la de un médico convencional, como puede ser un cardiólogo o un otorrino. Tenemos que conocer la neurofisiología clínica, pero también otorrinolaringología, por los ronquidos; neumología, por las apneas; psiquiatría, porque muchos de los insomnes son pacientes que tienen problemas relacionados con alteraciones psiquiátricas; farmacología, porque muchas de las prescripciones que tenemos que hacer para tratar problemas de sueño tienen una base farmacológica; y, últimamente, también conceptos de cronobiología, la organización de los ritmos circadianos, como son la vigilia y el sueño. Por lo tanto, el que se dedica al sueño tiene que tener una formación bastante amplia en todas estas especialidades.

¿En qué programas de investigación participa?

Nuestra Unidad del Sueño tiene distintas líneas de actuación. Por un lado, está la asistencia médica, donde hacemos las visitas y las pruebas complementarias, diagnosticamos y tratamos todos los problemas del sueño.

Después, existe la línea de la investigación clínica, donde participamos en los ensayos clínicos. Concretamente, ahora estamos estudiando medicamentos relacionados con el insomnio para mantener una buena calidad del sueño, pero también hemos estudiado fármacos contra la somnolencia excesiva y fármacos para mejorar la relajación antes de acostarse… La tercera línea es la de la divulgación, donde están todas nuestras publicaciones, libros para enseñar a dormir a las personas y divulgación a base de conferencias y artículos en medio de comunicación.

¿Cuáles han sido los mayores logros de la Unidad?

Es apasionante trabajar en esta especialidad, sobre todo por lo muy nueva que es. El sueño de los humanos se empezó a estudiar no hace más de 70 años, con lo que casi todo es muy nuevo. En estos 20 años he vivido grandes avances en la medicina del sueño; hemos pasado, por ejemplo, de no saber cómo tratar el insomnio en niños a saber que, con unas buenas normas, en unas semanas estos niños aprenden a dormir. Hemos visto también avances enormes en apnea, donde hoy en día tenemos tratamientos que sirven para normalizar la función respiratoria. Y estamos solo al principio, porque seguiremos investigando y creo que muy pronto sabremos cosas nuevas.

¿A qué retos se enfrentan en el tratamiento del sueño?

La medicina del sueño es algo muy agradecido para la gente y todavía tenemos mucho que aprender. Todavía hay campos muy poco trabajados, por ejemplo, la medicina del sueño en la mujer. Hasta ahora, se pensaba que hombres y mujeres tenían los mismos problemas del sueño. Hoy en día vemos que no, la mujer tiene unas condiciones hormonales que condicionan totalmente su dormir, es decir, el sueño de una mujer embarazada o durante la menopausia puede estar alterado. Hay muchas situaciones que, dentro de lo que sería el estudio del sueño, son retos y el campo del sueño de la mujer es uno de ellos.

¿Qué avances esperan conseguir en un futuro próximo?

Lo más inmediato son los estudios genéticos sobre algunas enfermedades. Concretamente, la narcolepsia, que es una enfermedad poco frecuente, por suerte, pero que es una alteración muy grave porque afecta mucho la vida cotidiana de las personas que la padecen, porque tienen somnolencia, no pueden trabajar normalmente… Se está estudiando a nivel genético cómo tratar a estas personas. Tenemos otros retos, algunos con un beneficio muy inmediato, como la medicación para las personas que tienen el síndrome de piernas inquietas.

Hace unas semanas, la Asociación Española de Síndrome de Piernas Inquietas (Aespi) organizó su reunión anual con los pacientes de Barcelona. Usted estuvo allí para responder a las preguntas de los pacientes y hablar sobre los avances en la enfermedad.

¿Cuál es la situación actual del ESPI?

La Sociedad de personas con síndrome de piernas inquietas es una sociedad incipiente a la que tenemos que ayudar muchísimo porque hoy en día esta enfermedad es casi menospreciada por la sociedad e incluso por algunos médicos que todavía la desconocen. Es algo muy novedoso y muy desconocido, pero, a la vez, muy fácil de diagnosticar cuando se conoce. Las personas que tienen este problema pueden pasar 20 años sufriéndolo sin que nadie les diga lo que les sucede. Les tildan de nerviosos, de tenr problemas psiquiátricos, manías… cuando en realidad esta es una enfermedad muy dura que padecen y sufren. Es muy bueno que hayan conseguido asociarse para divulgar al máximo la existencia de esta situación y conseguir que, tanto médicos como autoridades, sean conscientes de que existe esta situación para poder mejorarla.

¿Está preparada la Atención Primaria para diagnosticar este síndrome?

Cada vez más, los médicos de cabecera conocen esta enfermedad. En realidad, saben cada vez más de sueño. Recuerdo que, cuando empezamos, la formación que se daba a los médicos era mínima. Como máximo estudiábamos uno o dos días el sueño, cuando en realidad se tendría que estar estudiando durante todo un año. Cada vez más, los médicos de cabecera tienen posibilidades de informarse y tratar correctamente este problema.

El problema de los médicos de cabecera es otro muy distinto, es el tiempo que tienen para diagnosticar. Como médicos especialistas en Medicina del Sueño, con cada paciente que entra en consulta estamos 40, 50 o 60 minutos para saber qué les pasa, desde cuándo, el tratamiento… El pobre médico de cabecera tiene siete minutos para preguntarle, no solamente cómo duerme, sino cualquier otro problema de salud, como hipertensión o diabetes. Es más un problema de tiempo que un problema de desconocimiento.

¿Qué perspectivas de nuevos tratamientos existen?

Realmente, en los últimos 10 años ha habido una mejoría y un avance espectacular en el tratamiento. Antes no teníamos un tratamiento específico para esta situación de inquietud en las piernas. A los pacientes les decíamos lo que tenían, sabíamos lo que era, pero como mucho, podíamos hacer una analítica, poca cosa más. Ni los hipnóticos, ni los ansiolíticos, ni los antidepresivos, ni cualquier otra medicación funcionan para este tipo de personas.

Hace unos siete u ocho años empezamos a ver que el ropirinol, que era básicamente indicado para el tratamiento de los casos iniciales de Parkinson, mejoraba muchísimo a los pacientes con síndrome de piernas inquietas en dosis muy pequeñas. Esto motivó que la misma multinacional responsable de esta medicación siguiera estos estudios y se indicara para el síndrome de piernas inquietas. Estamos avanzando, de momento tenemos medicación para controlar la enfermedad, para hacer desaparecer la sensación de inquietud. Todavía no tenemos medicamentos para curarla, no sabemos ir a la base de esta enfermedad, pero creo que llegaremos.

¿Cuáles fueron las principales dudas de los pacientes que participaron en el encuentro?

Fue muy interesante porque eran personas que ya padecían la enfermedad y otras que podían tenerla, pero nadie se lo había dicho, es decir, ellos habían oído que existía esta situación y asistieron a la conferencia. Muchas de las preguntas eran para diagnosticar o para preguntar cuál era su caso. En estas charlas también hay personas que no van bien del todo con el tratamiento, porque en un 70 por ciento de pacientes podemos controlar estos efectos de inquietud de las piernas, pero tenemos todavía un 30 por ciento que ni con la medicación conseguimos que mejoren mucho.

Fuente: Sandra Melgarejo. http://neurologia.publicacionmedica.com

C. Marco

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