Cómo desarrollar la inteligencia emocional de nuestros hijos

¿Porque hay personas con un alto coeficiente intelectual que acaban trabajando para otras con muchas menos capacidades intelectuales, pero que saben relacionarse, influir en los otros y manejarse mucho mejor? La explicación la encontramos en la comprensión y gestión de las emociones.

Tener inteligencia emocional significa poseer la capacidad de reconocer los sentimientos propios y los de los demás y saber manejarlos.

Competencias básicas de la inteligencia emocional:

Las competencias básicas que implica la inteligencia emocional son:

  • Reconocimiento de las emociones propias y de sus efectos. Conciencia y capacidad para saber que se está sintiendo y porque.
  • Autocontrol para manejar las emociones correctamente. No dejarnos invadir por emociones intensas, ni perder la capacidad para evaluar los hechos objetivamente.
  • Motivación para encaminarse a los objetivos.
  • Empatía y comprensión de los motivos y sentimientos de los otros.
  • Habilidades sociales, capacidad de influir, gestionar conflictos y negociar, comunicación asertiva, etc.

Se trata, en definitiva, de conseguir una adecuada Regulación emocional. Ésta consiste en identificar y conocer nuestro estado afectivo, sin ser abrumado por él, de forma que no llegue a nublar nuestra forma de razonar ni perdamos nuestra objetividad.

Así seremos capaces de decidir de manera prudente y consciente, cómo queremos hacer uso de tal información, de acuerdo a nuestras normas sociales y culturales, para alcanzar un pensamiento claro y eficaz y no basado en el arrebato y la irracionalidad.

No hay emociones negativas:

Las emociones negativas tienen un valor adaptativo y nos informan únicamente de la situación que estamos viviendo en un momento concreto.

Nos indican que alguna cosa está pasando y nos permiten buscar alternativas de solución. Si las evaluamos negativamente o nos empeñamos en “taparlas” y ocultarlas no conseguiremos identificarlas, comprenderlas ni a aprovecharlas y no podremos poner los medios necesarios para cambiar aquello que necesita ser cambiado.

Así el coeficiente intelectual llega a tener un nivel muy secundario delante de las competencias de la inteligencia emocional.

La inteligencia emocional depende de las capacidades intelectuales superiores del hombre, ya que el cerebro primitivo (Sistema límbico) se supedita al cerebro más avanzado. Cuantas más conexiones existan y más rápidas éstas sean entre los dos, más inteligencia emocional tendremos.

La buena noticia es que podemos aprender a mejorar nuestra inteligencia emocional y potenciar su aprendizaje y gestión entre los más pequeños.

Actualmente nuestro sistema educativo está aún muy lejos de considerar el aprendizaje de la educación emocional como una materia básica en las escuelas. Se potencia sobre todo un aprendizaje académico de materias diversas, desligadas totalmente de las emociones o sentimientos de los niños.

Según palabras de Daniel Goleman, “el aprendizaje no es un hecho separado de los sentimientos de los niños. Aprender un alfabeto emocional es tan importante para el aprendizaje como la instrucción en matemáticas o la lectoescritura.

Podemos ayudar a desarrollar la inteligencia emocional de nuestros hijos siguiendo una serie de pautas:

  • Explicarle qué son las emociones y para qué sirven, resaltando su valor adaptativo. Las emociones y sentimientos son un sistema de alarma que le van a informar sobre cómo se encuentra en ese momento o si algo va mal y le van a permitir realizar cambios en aquello que no le gusta.
  • Ayudar a los niños a poner nombre a las emociones. Enseñarle que lo que está sintiendo en ese momento se trata de una determinada emoción, provocada por un hecho en particular. Saber etiquetar y vivenciar los sentimientos establecerá la base para que después sepa controlarse y moderar reacciones inadecuadas.
  • Enseñar a verbalizar de manera adecuada todo lo que siente. Si no expresamos nuestros sentimientos los demás no los pueden saber o en el peor de los casos harán atribuciones incorrectas a nuestro comportamiento.
  • Ayudarle a explicar lo que le pasa para conseguir entenderlo.
  • Validar sus emociones y ayudarle a comprender que no hay emociones negativas, ni es incorrecto sentir algo en un determinado momento.
  • Identificar defectos y cualidades de uno mismo para poder potenciar las últimas y modular los primeros.
  • Cuestionarle la creencia que preocuparse excesivamente es efectivo. Hay niños que dan muchas vueltas a las cosas, tenemos que ayudarles a que no se dejen dominar por preocupaciones recurrentes.

  • Ayudarle a que reflexione sobre las causas de aquello que siente.
  • Mostrarle el lado bueno de las cosas, potenciando su capacidad de descubrir las partes positivas, viviendo con optimismo.
  • Poner las cosas en perspectiva y atender a diferentes puntos de vista, para que aprenda a desarrollar su capacidad de relativizar y su empatía.
  • Trabajar el control de las emociones intensas para no perjudicar a los demás, canalizando, por ejemplo la ira, en actividades físicas o técnicas de relajación.

RECURSOS BIBLIOGRÁFICOS:

  • Goleman, Daniel, La inteligencia emocional. Planeta.
  • Shapiro, Lawrence E. La inteligencia emocional de los niños. Javier Vergara.

 

Fuente: .

C. Marco

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