Encuentra tu niño interior

El niño que vive en el interior de todos nosotros.

La época de la niñez, es  para muchas personas, algo que está muy relacionado con la pureza, la inocencia, entusiasmo y alegría: seguramente a todos nosotros nos gustaría poder volver a ese momento que pertenece a nuestro pasado y el cual estaba colmado de risas y amores, aquella época en la que casi en todos los casos nuestro principal dolor de cabeza era conocer que dulce había preparado nuestra madre para comer.

Pero… ¿ Alguna vez os habéis preguntado si ese niño interior ha desaparecido del todo de nuestro interior?.

Muy posiblemente nuestro afán por superarnos, por encontrar la felicidad y el hecho de saborear los pequeños detalles de la  vida, sea simplemente el grito de ese niño interior al que en más de una ocasión deberíamos prestar más atención.

Nuestra fortaleza es la voz de un duende interior.

Cuando llegamos a la etapa de la vejez, no solo apreciamos en nuestro rostro el reflejo de los años vividos traducidos en arrugas,también apreciamos cambios a nivel actitudinal. En el momento que perdemos la curiosidad por el mundo, como alguna vez dijo José Saramago, ya dejamos de ser niños. Tal vez por ese motivo, todos nosotros deseamos con todas nuestras fuerzas retornar a aquellos tiempos cada vez que nos encontramos de frente con el rostro de un niño sonriendo, ese niño no tiene preocupaciones, y no tiene preocupaciones porque todavía no ha adquirido el sentido de la responsabilidad.

Una de las cosas que constantemente nos exige el futuro tiene que ver con ser adultos y dirigir nuestra mirada siempre hacia el futuro:  que todo lo que hagamos hoy sea fructuoso mañana.  Como colorario, diremos que ser adulto va estrechamente relacionado con la adquisición de responsabilidades y el cuidado de las personas que tenemos a nuestro alrededor.

A pesar de que no debemos olvidarnos de eso, no prescindir de ese niño interior, ese niño que despierta en nosotros la creatividad, constantemente nos impulsa a ser jóvenes y nos invita a creer en la vida.

¿ Cuanto tiempo hace que no piensas en si eres realmente feliz?

Seguramente si tuvieron la suerte de leer el libro de El Principito, este les aportara una de las lecciones con un valor simbólico sobre cómo somos nosotros los adultos. Seres humanos que progresivamente han ido olvidándose de si mismos. Gracias a cuentos como estos, caemos en cuenta de que absolutamente todos nosotros tenemos en nuestro interior ese pequeño niño que nos impulsa a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Y es que lo realmente importante para ser feliz no se ve. Por ese motivo dicen que cerramos los ojos cuando besamos, soñamos y dormimos.

Si conseguirnos ser más tolerantes con esa parte de nuestro interior que constantemente nos solicita imperiosamente que nos alejemos de todo lo negativo que entraña el mundo del adulto, seremos capaces de darnos cuenta de que en ocasiones lo que realmente nos hace plenamente felices se encuentra bastante alejado de lo que ante nuestros ojos resulta obvio. De este modo, la mirada pura e inocente de un niño puede darse antes cuenta de esto a diferencia de aquella que está plagada de lo común.

Aceptemos nuestro Peter Pan y miremos hacia nuestro interior.

Tal vez la etapa de la adultez no sea otra cosa más que un cambio de perspectiva, puesto que pasamos de sorprendernos con lo que nos rodea a asustarnos cuando algo no nos sale como esperábamos. ¿ Y acaso no es cierto que lo normal también podemos verlo con los mismo ojos con los que miramos los acontecimientos extraordinarios?. Alomejor ese el kit de la cuestión: disfrutar el mundo como si cada día lo viviéramos por vez primera. Tal vez así seamos capaces de disfrutar todo aquello que tenemos tan cerca habitualmente pero que a la vez somos incapaces de apreciar.

No es nada grave dejar que a veces emerja nuestro lado más infantil. Esto no tiene nada que tengamos que dejar apartado nuestro lado adulto, sino conseguir que se produzca un equilibrio positivo entre ambas partes y que a su vez contribuya a que nos ocupemos de nuestra vida y disfrutar de lo maravilloso y extraordinario que esta contiene.  Contemplar el mundo con los ojos de un adulto es totalmente necesario, pero el hecho de permitirnos a veces contemplarlos con los ojos de un niño es realmente maravilloso.

Seamos más razonables de lo que hasta ahora hemos sido: prestemos más atención a ese Peter Pan que todos llevamos dentro porque este guarda muchas lecciones que tiene que ir enseñándonos y que a su vez nos serán de mucha utilidad para conducirnos a la felicidad. Intentemos no perder la curiosidad por el mundo, el deseo por disfrutar de las pequeñas cosas de la vida e incluso la inocencia. Vamos a hacer un análisis del mundo como el que nos enseñó El Principito y aprendamos ver con el corazón lo que se escapa ante nuestros ojos.

Fuente: Diana Rubio Serrano. http://dianarubiopsicologa.blogdiario.com/

C. Marco

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