¿Y si no veo mi faro?

De todos es conocida la presencia de faros en la costa, para orientar a los navegantes por la noche. Todos tenemos en la retina imágenes de lugares preciosos en la costa con estas construcciones.

Faro 2

Nosotros, cada uno de nosotros, tenemos muy claro (o deberíamos tenerlo) a qué puerto nos queremos dirigir. Nuestras metas en esta vida. Metas profesionales, personales, de todo tipo. Es cierto que hay determinadas circunstancias que nos impiden ver con claridad qué dirección debemos tomar. Hay veces que estamos desorientados, inseguros. Para eso están los faros, para ayudarnos.

Pero ¿qué sucede (o mejor sucedía) cuando la densa niebla impide ver sus destellos? Hay veces que en la noche no podemos ver la luz. Los fareros empleaban en esas ocasiones sirenas, o nautófonos. Con sus pitidos, exclusivos de cada faro, ayudaban a orientarse a los navegantes en las noches sin visibilidad. El faro de Cabo Mayor, en Santander, emitía dos pitidos largos cada 40 segundos. Los marineros llamaban a esta sirena “la berrona”.

En nuestra vida, si no somos capaces de ver las señales para orientarnos, debemos estar atentos, siempre hay otro tipo de señales, debemos oir nuestra “berrona”.

Pero Luis, yo ni soy un barco ni busco ningún faro, ¿de qué señales me hablas?

  1. Busca los motivos que originan tu inseguridad. Los barcos no buscan las mismas señales de noche que con niebla. Cuando encuentres la causa de tu desorientación, de tu inseguridad, buscaremos la solución.
  2. Identifica tus fortalezas y hazte fuerte en ellas. Busca “ese marinero con mejor vista” o quizás al que tenga “mejor oído”. Te ayudarán y te darán seguridad. Mejorarán tu autoestima. Todos tenemos cualidades positivas (si, si, TODOS), solo hay que ser consciente de ellas.
  3. Emplea la asertividad. Debemos saber comunicarnos para que sepan qué queremos. No sirve ni ser pasivo ni ser agresivo. Usa tu “radio personal” para orientarte y que sepan de ti.
  4. Se positivo en tus planteamientos. Si tú no crees en ti mismo, nadie creerá en ti. No se te olvide que los puertos están ahí, no desaparecen por espesa que sea la niebla. Siempre está ahí la meta, aunque no sepamos cómo llegar a ella.
  5. Y si no ves “señales”, déjate ayudar. Un compañero, un amigo, un coach,… te podrán ayudar a percibir las señales que no notas. Busca tu “práctico” que ayudará a que el barco entre en el puerto.

No dejes que la niebla te impida llegar a puerto

Hoy quiero traer para despedirnos a Fool’s Garden, con su Lemon Tree Ellos también se preguntan cómo y por qué.

Fuente: ©Luis Juli Aydillo

C. Marco

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