Vivir sin miedo ni dolor

La forma tan inhumana como se trata a algunas personas en ciertas empresas, los atropellos permanentes a la dignidad humana o la corrupción en las entidades privadas y públicas, nos mantienen en un estado de permanente zozobra. La ausencia de comportamientos morales genera una enorme incertidumbre por las arbitrariedades continuas contra el pacto social que se supone nos permitiría vivir una vida tranquila en comunidad. Y lo malo es que cada vez perdemos más la esperanza de recobrar los estados de paz que tanto añoramos, aunque no sepamos si como humanidad alguna vez los hemos disfrutado.

El caso es que aunque nos suponemos seres “civilizados”, en este siglo XXI sabemos que tanto desarrollo y tanta técnica no nos han eliminado ciertos estados de barbarie que ni siquiera caracteriza a los animales salvajes. Qué decepción se llevarían lo humanos de siglos anteriores, pues supondrían que los del XXI seríamos el ejemplo de la civilización, alcanzada después de tantos años de “evolución”.

Hoy no se respetan las buenas costumbres morales que nos permitirían mantener en armonía ese pacto social (dizque por desactualizadas). Las buenas costumbres sociales, económicas y religiosas nos impedirán naufragar en la turbulencia de la inmoralidad. Y tendrían que ser las mismas, en el sentido de que las necesidades del ser humano siempre serán las mismas: la relación con los demás (y su cuidado), las condiciones materiales necesarias y suficientes para vivir, la convicción de un Otro superior que nos trasciende. Hace 25 siglos se entendió así, y hoy nada de eso ha cambiado.

No podemos seguir educando exclusivamente para el manejo de la técnica, para quedar de primeros, para parecer robots que producen industrialmente y generan riquezas empresariales, para ser capaces de persuadir a otros de la importancia de mis intereses.

La educación ética nos tendrá que convencer de que las buenas costumbres morales son las únicas capaces de evitar la rotura del pacto social, vivir una vida que no cause miedo ni dolor a otros y hacer que el otro viva bien, para que yo también pueda vivir bien. El pacto social solo se puede cohesionar desde la práctica de las buenas costumbres morales.

Fuente: Ana Cristina Aristizábal Uribe. anacauribe@gmail.com  @anacaristizabal

C. Marco

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