Fika: El secreto de los suecos para ser felices en el trabajo

Es probable que estemos cabalgando una de las olas de fascinación por los países nórdicos más grandes que nunca se han conocido. Levantamos la vista y ahí están: son mejores padres, tienen los mejores colegios y hablan inglés mejor que todos nosotros juntos. Cabe poca duda de que su ventaja procede, en un alto porcentaje, de políticas sociales mucho más avanzadas que las nuestras, pero también de una peculiar cultura de la que podemos aprender unas cuantas cosas.

Uno de esos términos exportables es el sueco ‘fika’, que incluso tiene su propia página en Wikipedia. No engaña a nadie: su origen se encuentra en la palabra ‘kaffi’ (“café”), sólo que con sus sílabas al revés, una palabra que ya se empleaba en el siglo XIX. El término se refiere a tomar un café, pero no al acto de ingerirlo de un trago como haría el estresado urbanita que acaba de adquirir su ‘expresso’ para llevar en un Starbucks, sino a sentarse tranquilamente a degustarlo, preferiblemente en compañía o consumiendo uno de los rollitos de canela tan típicos de Suecia.

Es el momento en el que haces una pausa, a menudo acompañada con una taza de café o también con té, y encuentras un bollo horneado para acompañarlo

¿Qué tiene que ver eso con el trabajo? Como explica un artículo publicado en ‘Quartz‘, casi toda jornada laboral que se precie debe presentar un par de ‘fika’, preferiblemente a las diez de la mañana y a las tres de la tarde. En definitiva, la pausa para el café de toda la vida, una costumbre que parece estar desapareciendo en nuestro país o siendo sustituida por una visita mucho más breve a la máquina. Al fin y al cabo, todos queremos irnos pronto a casa, ¿no?

La ciencia de la pausa diaria:

“El concepto de ‘fika’ es simple. Es el momento en el que haces una pausa, a menudo acompañada con una taza de café o también con té, y encuentras un bollo horneado para acompañarlo. Puedes hacerlo solo, puedes hacerlo con amigos. Puedes hacerlo en casa, puedes hacerlo en el trabajo. Pero lo importante es que lo hagas, que consigas tiempo para tomarte un respiro”, escribe Anna Brones en ‘Fika: the Art of the Swedish Coffee Break, with Recipes for Pastries, Breads and Other Treats‘ (Ten Speed Press). Efectivamente, se trata de un libro sobre el ‘fika’, que no nos engañemos, parece el sueño de todo publicista ‘trendy’: una palabra de cuatro letras que sirve para vender algo que ha existido toda la vida a una nueva generación de ‘hipsters‘.

Aplicado al trabajo, sin embargo, nos recuerda de la importancia de tomarse las cosas con calma. Algo que parece ser que da sus frutos: según una encuesta realizada por la consultora Grant Thornton, los trabajadores suecos son los menos estresados del mundo, aunque quizá es posible que la cantidad de días de vacaciones de que disponen al año (25 días) o la práctica ausencia de horas extras no remuneradas hagan bastante. También las jornadas laborales de seis horas que se han empezado a implantar recientemente y que descubren una actitud hacia el trabajo muy diferente a la que existe en España: mientras aquí el presentismo y la apariencia son ley, en otros países aún se pretende comprobar “si es posible ser más eficientes trabajando menos”.

Por otra parte, no debemos olvidar que nuestra capacidad de atención es reducida. Como señalaba una investigación publicada por el profesor de la Universidad de Stanford John Pencavel, nuestra atención decae sensiblemente después de los primeros 55 minutos, no digamos ya después de varias horas. Por lo tanto, es mala idea pensar que ocho horas sentados frente al ordenador equivale a ocho horas produciendo; lo más probable es que de esas ocho, tres se trabaje a pleno pulmón, otras dos se dediquen a trabajar a regañadientes, otras dos a mirar el reloj y otra, la primera del día, a descansar de la jornada de ayer. Quince minutos relajados, que sirvan para desconectar del trabajo –o, en su defecto, planificar relajadamente lo que está por venir– siempre serán más útiles que quince minutos mirando un espacio en blanco en el archivo de Word.

Fuente: Héctor G. Barnés.

C. Marco

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