Desarbolada desolación

La palabra resulta explícita pero sin duda poco interpretada en su acepción íntima, etimológica. Recuerdo que desolado quiere decir sin sol. Sin la simiente de todo, absolutamente todo lo que en este planeta vive, sucede, crece y continúa. Por eso mismo y porque nos llega en formidables oleadas que nada nos cuestan conviene insistir en lo que he convertido en poema/ eslogan visual:

EL SOL es la mejor
SOLución, por su
SOLvente
SOLaz y
SOLariega
SOLtura y por su
SOLemne
SOLidaridad: por, en fin, no dejarnos estar
SOLos.

Sin embargo a nuestra estrella, la mejor amiga con la que contamos, le han surgido ignorantes enemigos que pretenden encarecer nuestras vidas y oscurecer el porvenir del planeta entero. Cierto es que esto solo sucede en un país manifiestamente solar, solariego…privilegiado trozo del planeta que recibe la doble bendición de miles de horas de insolación directa que no impiden que gocemos todavía, aunque en trance de extinción, de las cuatro estaciones climáticas. El verano, de hecho, está anexionándose las primaveras y los otoños.

La recién aprobada ley que pone precio a la energía para el autoconsumo eléctrico – la fotovoltáica – es una de las más estrepitosas torpezas de la legislatura desde el momento en que poco, o nada, resulta ahora más urgente que enfriar al aire. Que reducir la pobreza a la que ha contribuido el recibo de la luz. Pero no aquí se pretende que el monumental y en parte fraudulento negocio de las grandes compañías eléctricas no tenga competidores tan oportunos como son la totalidad de las renovables.

Peaje al sol es la expresión que ha tenido más éxito para definir esta intrusión en la íntima coherencia de todo el que quiera ser independiente de la contaminación que sigue generando la producción eléctrica.

Por si eso fuera poco también ha sido aprobada una nueva ley de montes. Otro atentado al segundo mejor medicamento contra las consecuencias de un modelo energético caro, sucio, peligroso e injusto. Nuestros bosques quedan ahora menos protegidos y valorados.

Cuando todos y cada uno de los árboles que sigan en pie son un bastón para una sociedad lisiada por las prisas y la comodidad. Pero sobre todo por la codicia de los listos. Desolados y desarbolados, pues.

Fuente: Joaquín Aráujo. Naturalista y escritor, Joaquín Araújo reflexiona sobre la belleza amenazada de nuestro pequeño hogar planetario.

C. Marco

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