Cosme García: El genio que inventó el submarino

Este inventor riojano construyó el primer submarino de España, además de una máquina de sellos, una imprenta portátil y un fusil. Hoy, apenas es recordado.

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Montaje de Cosme García con su creación. (Retrato original de Eulogia Merle para MUNCYT)

 

La autoría del primer submarino patrio genera en España un debate que enciende a los defensores de Isaac Peral y a los de Narciso Monturiol por igual. Pocas veces surge en la conversación el nombre de Cosme García, un inventor autodidacta y sin estudios, que murió en la miseria y olvidado a pesar de poseer un talento que se tradujo en seis patentes y varias creaciones. La mala suerte y la pérdida de documentos históricos, junto a las nulas habilidades de ‘marketing’ de nuestro protagonista, conspiraron para hacerle fracasar.

Poco sabríamos de Cosme García (Logroño, 1828-Madrid, 1874) de no ser por el académico de la Real Academia de la Historia Agustín Rodríguez, autor del libro ‘Cosme García: un genio olvidado’. “Soy la única persona que lo ha investigado, hasta ese momento solo teníamos una vaga idea de su trabajo”, explica el historiador a Teknautas.

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El ‘Garcibuzo’ era metálico. Impulsado a hélice, contaba con timones de buceo, aberturas acristaladas y brazos ideados para rescatar restos hundidos.

García nació en un hogar humilde de Logroño, hijo de un carpintero. Ni sus orígenes ni su falta de estudios le impidieron desarrollar inventos tan distintos como el primer submarino de España, un fusil, una máquina de sellos y hasta una imprenta portátil. “Era un genio, un artesano, un manitas”, asegura Rodríguez.

Los inventores autodidactas eran más frecuentes entonces. Edison, sin ir más lejos, nunca fue a la universidad. Rodríguez los define como “más mañosos que ilustrados, más manitas que ingenieros. Genios de andar por casa”. En el siglo XIX, la tecnología era tan sencilla que no requería una formación excepcional, tan solo un mínimo de talento e ideas.

“Eran mecanismos sencillos en apariencia, pero que nadie había hecho hasta entonces”.

El gran éxito de García fue una máquina de Correos para franquear sobres, la primera fiable, hasta el punto de que estuvo en servicio durante más de dos décadas y proporcionó pingües beneficios a su creador. Dinero que invirtió en su creación más ignorada: el submarino ‘Garcibuzo’.

“El primer submarino probado con éxito en España es el de Cosme García”, zanja Rodríguez. El historiador recuerda un antecesor del siglo XVII ideado por el militar Jerónimo de Ayanz, un bote sumergible “que se quedó en proyecto”.

El ‘Garcibuzo’:

García construyó dos submarinos. El primero, pequeño e impulsado por remos, fue un prototipo que probó en el puerto de Barcelona en 1858 como toma de contacto. El experimento dio paso a otro más grande, de unos seis metros de largo, que sumergió en Alicante: el ‘Garcibuzo’ que hoy se conoce. El modelo definitivo que habría cerrado la trilogía nunca llegó a ver la luz.

Cosme García.
Cosme García.

El ‘Garcibuzo’ fue patentado el 9 de julio de 1859 y los ensayos iniciales tuvieron lugar ese mismo verano. La prueba oficial, en la que el inventor se sumergió con su hijo durante tres cuartos de hora, fue un 4 de agosto de 1860. García ofreció la nave a los reyes -Isabel II y Francisco de Asís-, pero no obtuvo apoyo oficial con la excusa de los grandes gastos de la Guerra de África.

Rodríguez explica que el submarino de García es anterior al ‘Ictíneo I’ de Monturiol, aunque por poco: la prueba oficial en la que el catalán mostró su ingenio de madera -también en el puerto de Alicante- data de mayo de 1861. El ‘Garcibuzo’ era metálico, pero “más sencillo” que su competidor. Impulsado a hélice, contaba con timones de buceo a proa, aberturas acristaladas y brazos concebidos para rescatar restos hundidos. Su principal limitación: la necesidad de brazos humanos que movieran la hélice.

Cosme García fue un inventor prolífico. A la máquina de sellos y el submarino se suma una imprenta portátil, de la que vendió un par. Rodríguez cuenta cómo Lázaro Bardón, un catedrático de griego de la Universidad de Salamanca que llegaría a rector, autoeditó una gramática de heleno con dicho invento. “No cubrió ni los gastos”, añade el historiador.

Armero aficionado, García patentó tres modelos de fusil con los que tuvo especial mala suerte. Rodríguez explica que incluso encontró una patente en EEUU, ya que el riojano estaba convencido de que el arma sería un éxito. Cosme construyó los fusiles tal y como le pidieron, pero entonces los ejércitos cambiaron los cartuchos de papel por otros metálicos y su creación terminó en los museos.

Planos del submarino de Cosme García. (Wikipedia)
Planos del submarino de Cosme García. (Wikipedia)

Bombardeos y robos:

Varios factores han provocado que Cosme García no sea tan conocido como Isaac Peral y Narciso Monturiol. El riojano, centrado en la invención mientras el resto escribía artículos y libros, apenas dejó rastro tras de sí. “He reconstruido la historia como he podido, porque alguien robó de la oficina de patentes los planos y las descripciones, dejando solo la documentación administrativa”, lamenta Rodríguez.

El inventor probó fortuna en Madrid, pero la mala suerte y su personalidad jugaron en su contra. Según Rodríguez, estuvo envuelto en la “maraña del politiqueo” del “muy complicado” reinado de Isabel II. El historiador lo define como “el típico artesano huraño con pocas letras que no sabe vender fuera del taller”.

Ni sus orígenes ni su falta de estudios le impidieron desarrollar el primer submarino de España, un fusil, una máquina de sellos y hasta una imprenta portátil

La comparación entre el carácter de Cosme García y el de Narciso Monturiol sirve para explicar en parte el olvido del riojano. El catalán “no era un técnico”, sino un hombre de ideas que había estudiado y se movía en ámbitos periodísticos. Rodríguez lo califica de “emprendedor” más que de inventor: contrataba gente, montaba empresas, escribía cartas en los periódicos, hacía campañas en los medios para buscar apoyo… “Personalmente inventó muy poco”.

García, por el contrario, mostraba una falta clara de habilidades para el contacto personal, era “un individualista”. A esto hay que sumar las deudas que contrajo con prestamistas para sacar adelante el submarino. Ante la falta de apoyo oficial, los intereses “bestiales” lo ahogaron hasta su muerte con 55 años, en una absoluta miseria y olvido. “En España, a veces la gente de más valía pasa desapercibida y los más cutres se hacen famosos”, añade Rodríguez.

El submarino no corrió mejor suerte. En plena ruina, García recibió una notificación de las autoridades portuarias en la que se le solicitaba pagar el amarre de su nave, que había dejado en Alicante. Enfadadísimo, pidió a uno de sus hijos que lo hundiera en el mar. Y así lo hizo.

Rodríguez considera “prácticamente imposible” recuperar el submarino, algo que ya intentó sin éxito un dragaminas de la Armada. En opinión del historiador, resulta difícil que la pequeña nave de hierro haya sobrevivido a la erosión y a los cuantiosos bombardeos que sufrió el puerto de Alicante durante la Guerra Civil. Sin olvidar que el puerto ha crecido mucho desde entonces, por lo que es probable que el pobre ‘Garcibuzo’ repose sobre toneladas de hormigón.

Fuente: Sergio Ferrer.

C. Marco

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