La educación y sus actores: Empresarios, Monjas y Banqueros

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Imagen: Department of Foreign Affairs and Trade/Gobierno de Australia

La filosofía imperante en el aula será la filosofía del Gobierno del futuro.
Abraham Lincoln

Se levanta el telón y se ve a un empresario, un banquero y a una monja delante de un grupo de niños. Esto, que parece el comienzo de un chiste, podría ser muy pronto un escenario real en las escuelas e institutos españoles.

Tras publicar El futuro educativo, me di cuenta de lo preocupados que muchos padres están por la educación de sus hijos. Por eso, no dejo de hacerme preguntas, intentando hallar algunas respuestas. Y es que en los últimos meses, algunos medios de comunicación se han hecho eco de tres noticias que dan para pensar. Primera: la iniciativa del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para fomentar más el pensamiento empresarial en las escuelas e institutos, recortando así el cupo a otras asignaturas como, por ejemplo, la filosofía. Segunda: las actividades para conseguir que economistas y banqueros impartan clases en los centros educativos. Algunos de los argumentos esgrimidos: hay que enseñar a las nuevas generaciones a ahorrar y hacerles entender la importancia del crédito bancario. Sin comentarios. Tercera: muchas de las escuelas en lo más alto de los ránquings educativos de nuestro país son centros privados o semiprivados y, además, religiosos.

Y yo me pregunto, entre tanto empresario, banquero, religioso y centro concertado, ¿dónde quedan las escuelas públicas y los profesores sin confesión ni intereses financieros? Más aún, ¿quiénes deberían ser realmente los protagonistas en las escuelas?

Religiosos innovadores y presidentes inmovilistas:

Varios colegios religiosos han atraído últimamente la atención de los medios de información por sus propuestas educativas innovadoras: el Colegio Montserrat en Barcelona, los jesuitas de Lleida y los jesuitas del Clot, también en Barcelona. Y es que estos centros aplican métodos pedagógicos que se desmarcan del sistema que conocíamos hasta ahora en nuestro país, conceptos que se basan en cosas tales como team teaching, las inteligencias múltiples, el aprendijaze por proyectos y el trabajo creativo. Para diseñar esta revolución, estos centros hablaron con profesores, alumnos, y estudiaron los métodos que se aplican en otros países.

Pero, ¿por qué son solo las escuelas concertadas, y además religiosas, las que mejor se adaptan a los nuevos tiempos, poniendo todos los medios para luchar de manera efectiva contra el fracaso escolar?
Aunque desconozco todas las posibles causas, intuyo dos posibles factores. Primero: motivos económicos. Los centros de jesuitas son concertados y, además, implantan el nuevo modelo pedagógico en sus escuelas con el apoyo del programa europeo Horizon 2020.

La educación pública salvó mi vida. Mis padres nunca hubieran podido pagar mi educación. Sami Naïr, Catedrático de Ciencias Políticas.

Segundo factor: muchas personas dentro del sistema educativo público español no han entendido aún la importancia, la urgencia incluso, de un cambio de modelo. Felipe de Vicente, presidente de la Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto, señalaba lo siguiente al ser preguntado sobre nuevos modelos educativos: “Yo estudié con el modelo clásico y tengo dos oposiciones”. Me gustaría preguntarle al señor de Vicente dos cosas. Primera: ¿conoce usted lo que es la falacia del ejemplo, es decir, un ejemplo determina una norma?. Segunda: ¿tener dos oposiciones significa automáticamente haber recibido una buena educación? Porque no creo que eso de que a mí ma ha ido bien, ayude en absoluto a todos aquellos niños que padecen fracaso escolar. Además, sacarse unas oposiciones parece algo más del pasado que del futuro.

Me conmueve, y convence mucho más, el relato y los argumentos de aquellas personas que explican su paso por la escuela pública, antes de la acuciante crisis que vivimos. Ellos hablan de compañerismo, de emociones, de profesores entregados, de valores, de integración.

Sea como fuere, hoy en día los centros concertados y religiosos van a la cabeza en innovación educativa en nuestro país, mientras que los centros públicos sufren incesantes recortes y ven cómo multitud de estudiantes abandonan los estudios.

Por eso, para mí, la gran pregunta es la siguiente: ¿dónde y con quién deberían aprender nuestros chicos y chicas? ¿Con empresarios, monjas y banqueros? ¿En centros concertados y religiosos?

Los protagonistas de las escuelas que mejor funcionan:

El decano de la Universidad de Helsinki, parece tenerlo claro: los profesores motivados y muy bien preparados son los mejores educadores. Y es que Finlandia no solo lleva muchos años implementando con muchísimo éxito un tipo de educación pública diferente en las escuelas, sino que apuesta, además enormemente, por la formación de los mejores profesores, que tienen un gran reconocimiento social. O sea, que nada de colegios concertados, banqueros, empresarios y monjas.

Algunos esgrimirán este argumento:”Es que las condiciones socioeconómicas de Finlandia no son las de España”. Ahí va mi contra-argumento: ¿podríamos, tal vez, conseguir mejores condiciones al invertir más recursos en educación?

Terminaré con una confesión (no del todo religiosa): mi colegio se llamaba Sagrada Familia, y el espacio donde ahora se ubica la escuela, pertenecía anteriormente a los jesuitas, que lo cedieron al barrio. Unos años después, antes de que yo fuera al colegio, y gracias al esfuerzo de muchos, este espacio se convirtió en escuela pública y laica. Yo, que he pasado, por tanto, por la escuela pública, la universidad pública e institutos de investigación públicos, no puedo estar más que agradecido por todas las oportunidades que he tenido. Y me gustaría devolverle algo a esa sociedad que lo hizo posible.

Por eso, respetando las creencias y opiniones de los demás, yo seguiré apoyando a la educación pública sin credo, a las mentes pensantes, críticas y libres, y a todas aquellas personas que creen en la igualdad de oportunidades.

Pero sobre todo, seguiré apoyando a los profesores con vocación y formación pedagógica. Y a los niños y jóvenes. Como dijo Abraham Lincoln, ellos son nuestro futuro. Ellos deberían ser los verdaderos protagonistas de la educación.

Nota: Dedico este artículo a Rafel, Pau, Miquel, Xavi, Arnau, Roger, Jordi, Ignasi, David, Oriol, a todos esos amigos que conocí en la escuela que son y han sido, desde entonces, mis compañeros fieles, en esto que llamamos la vida. También se lo dedico a todas las asociaciones e iniciativas que defienden la escuela pública y de calidad, como Yo estudié en la pública.

Fuente: . Científico y escritor

C. Marco
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