Tiempos de María Castaña y Pasodobles

Muchos piensan que el pasodoble es una ancestral y carpetovetónica forma musical representativa de las esencias ibéricas, pero mucho me temo que no sea así… O quizá sí, veamos.

Poco tiene de ancestral el pasodoble: La primera composición digna de tal nombre es una pieza musical del maestro Barbieri titulada “Marcha de la Manolería”, una pieza que hoy conocemos con el nombre de la zarzuela de la que es parte “Pan y Toros“. Este “pasodoble” se compuso en 1864 lo que, en términos de historia de España, es poco menos que antesdeayer. Por tanto permítanme que cuestione el carácter “ancestral” del pasodoble: Cuando se fundó el Colegio de Abogados de Cartagena aún faltaban muchos años para que se compusiese el primer pasodoble; de forma que, para “ancestrales”, nosotros, los de @icacartagena

En cuanto a que sea una forma musical carpetovetónica representativa de las esencias ibéricas pues no, o sí. Veamos.

De entre la ingente cantidad de pasodobles que se han compuesto creo no equivocarme si afirmo que la mayor parte de ellos tiene su cuna en el País Valenciano, un lugar que -como saben- habla una lengua española que no es el castellano y que nos ha dado desde el valencianísimo “El Fallero” (¿imaginan las Fallas sin este sonido de fondo?) hasta ese genuino himno a la alegría española -que bien pudiera ser nuestro himno si fuésemos un pueblo con menos mala leche- compuesto por un genio de Cocentaina: “Paquito el Chocolatero“.

No va escasa Cataluña en materia de pasodobles: Entre otros muchos allí compuestos quisiera señalar uno de los más bellos y canónicos pasodobles de cuantos existen: “Amparito Roca“.

Compuesto en 1925 por el músico barcelonés Jaume Teixidor Dalmau Amparito Roca representa en mi sentir el arquetipo canónico de un pasodoble: tres temas sin estribillo, una espléndida melodía de los bajos y un fantástico trío donde la banda “discute” en inolvidable conversación con un agudo instrumento de viento. Más no se le puede pedir a un pasodoble.

Nacido en Barcelona y muerto en Barakaldo Jaume Teixidor nos dejó un legado excepcional y -si no- traten de imaginar unas fiestas en Tarragona donde no suene, se cante o se baile Amparito Roca. Lo diré en cristiano para que se entienda: L’Amparito Roca és un popular pasdoble que amb el pas dels anys s’ha convertit en l’himne de les festes. Lo firmo.

Recuerdo que en 1982, con motivo del mundial de fútbol, se buscó un lugar que representase a “España” para que fuese la sede de los partidos de la selección. Se eligió Valencia. Un lugar donde se habla el catalán, se componen y tocan como en ningún otro pasodobles y que es propietaria del icono gastronómico español por excelencia: la paella. Quizá España cuando es diú Espanya es mucho más ella misma.

Pero ¡ay! Yo soy de Cartagena, un lugar donde sopla el Lebeche (de llebetx) y se comen bajocas y pésoles en lugar de judías y guisantes (los catalanoparlantes me entenderán), una Cartagena que es española desde la muralla del mar a los baluartes de la cortadura; y claro, no puedo evitar mencionar a dos de los muchos pasodobles compuestos en mi ciudad. Uno con éxito mundial y sabor a imperio británico, “El Abanico” (Alfredo Javaloyes, Cartagena-1910) con el que la guardia real británica hace los cambios de la guardia en Buckingham y otro ¡ay! que quizá sea la perfecta música de fondo para esta España cainita del año 2013:

Suspiros de España” (Antonio Álvarez Alonso, Cartagena 1902).

PD. Acabado el post y mirando cómo nuestros políticos dejan enquistarse los problemas, cómo siguen sin enfrentar la crisis con valentía, cómo se refugian en las instituciones dando la espalda a su pueblo, recuerdo a un tristísimo personaje taurino a quien, probablemente, jamás le tocaron un pasodoble: Don Tancredo.

Entre lo patético y lo cómico-taurino Don Tancredo se colocaba en el centro de la plaza mientras soltaban el toro y fiaba toda su fortuna a permanecer quieto de forma que el toro lo considerase un objeto inanimado y no le embistiese. No siempre tenía suerte.

Hoy que nuestros políticos son expertos en el lance de “hacer el tancredo” se me ocurre que es tiempo de redoblar esfuerzos, de forzar la marcha, que es tiempo de pasodoble.

Fuente: Blog de José Muelas.

C. Marco

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