La Fragata Numancia: Buque insignia de los Cantonales

A mediados del siglo XIX la idea de proteger con corazas los buques de guerra comenzó a abrirse paso como consecuencia de las experiencias habidas por ingleses y franceses durante la guerra de Crimea. En dicha guerra las marinas de los dos países habían obtenido magníficos resultados usando como arma de sitio unas baterias flotantes protegidas mediante corazas. En la misma guerra el barco de hélice “Napoleón” puso de manifiesto las ventajas del vapor y la hélice como medios de propulsión. No es de extrañar pues, que, tras la paz de París firmada en 1856, las principales potencias navales del mundo reconsideraran todas las cuestiones relativas a la técnica constructiva de buques de guerra. A partir de ese momento la vela y la madera comenzaron a ser sustituidas por el vapor y el metal.

Los primeros en conjugar ambos adelantos fueron los franceses que encargaron al ingeniero Dupuy de Lôme la construcción de la primera fragata blindada, la cual fue botada el 24 de noviembre de 1859 con el nombre de “Gloire”. En 1860 los ingleses lanzaban al mar el “Warrior” y daban así adecuada réplica a sus eternos rivales.

En 1862 el Gobierno de España encargó la construcción de la Numancia a la compañía francesa, “Forges et Chantiers de la Mediterranée”.

La Fragata blindada Numancia fue el primer barco blindado que dió la vuelta al mundo. Construida en los astilleros de La Seyne, en Tolón (Francia) fue botada el 19 de noviembre de 1863 y en diciembre de 1864 puso proa a Cartagena donde la esperaba para tomar el mando de la misma el, por entonces, Capitán de Navio Casto Méndez Núñez. A partir de ese momento los nombres de la Numancia y de su primer comandante aparecen juntos en las páginas más memorables de la historia de la Armada Española.

2.1 La campaña del Pacífico.

El primer destino de la Numancia fue la Flota del Pacífico. Para la flota española destinada en dicho océano era fundamental la presencia de un buen navío de guerra, dadas las hostilidades que estaban teniendo lugar en aquel momento con los gobiernos de Chile y Perú. La Numancia zarpó de Cádiz tras exhaustivos preparativos el 4 de febrero de 1865 llegando al Puerto del Callao (Perú) el 5 de diciembre del mismo año, tras haber efectuado escalas en San Vicente de Cabo Verde, Montevideo y Valparaíso. En el puerto del Callao la Numancia se incorporó a la escuadra del almirante Pareja.

No debe restarse mérito a esta primera singladura de nuestra protagonista. Las experiencias habidas por franceses e ingleses en largas navegaciones con buques blindados habían concluido con estrepitosos fracasos de forma que, las autoridades navales de ambas naciones, consideraban por aquel tiempo que este tipo de buques no eran aptos para largas navegaciones. Nuestra heroína, en cambio, sin arsenal ni fondeadero en los que pertrecharse, a vela y a máquina, dió cuenta sin novedad digna de mención de las más de tres mil leguas que la separaban de su punto de destino.

2.2 El combate de Callao.

El apresamiento de la goleta española Covadonga por la fragata chilena Esmeralda y el subsiguiente suicidio del almirante Pareja conllevaron que Casto Méndez Núñez asumiese el mando de la flota del Pacífico. Méndez Núñez inmediatamente concentró la flota y comenzó a hostigar a las marinas chilena y peruana (combate de Abtao) que se retiraron a aguas poco profundas y donde no podían navegar los buques españoles. Al serle imposible trabar combate con las armadas enemigas, Casto Méndez Núñez comunicó al Cuerpo Diplomático y a los Comandantes de las fuerzas navales extranjeras que, en el plazo improrrogable de cuatro días, bombardearía Valparaíso.

Lo que ocurrió después es ya historia; el contralmirante inglés y el comodoro norteamericano, presentes en la zona con poderosas unidades navales, amenazaron con oponerse por la fuerza e impedir el bombardeo español. Méndez Núñez informó entonces al comodoro norteamericano que si se interponía entre los barcos españoles y la plaza se vería obligado a cumplir con su deber y echarlo a pique, ya que, mientras le quedase un sólo buque llevaría a cabo el bombardeo pues, según dijo “España, la Reina y yo, preferimos antes honra sin barcos y no barcos sin honra”. Finalmente el bombardeo de Valparaiso se llevó a efecto sin oposición de ninguna de las dos escuadras.

Desde el lado chileno y peruano se manifestó que el ataque a Valparaiso había sido una villanía pues la ciudad carecía de defensas suficientes que oponer a la escuadra española. Méndez Núñez decidió entonces atacar el puerto mejor protegido de la costa: El puerto del Callao.

La operación, como toda la guerra del Pacífico, era una pura cuestión de honor. La escuadra española se enfrentaba a unas baterías de costa fuertemente artilladas y bien protegidas. Las baterías del Callao montaban 96 piezas de artillería de las cuales 8 cañones eran de 500 libras, 6 eran de 300 y 10 de 68. La armada española montaba 245 cañones pero, como los cañones iban montados a los costados de los barcos, sólo eran utilizables la mitad. El mayor calibre era el 68.

La inferioridad española era evidente, tanto desde el punto de vista táctico como estratégico. Sin embargo el 2 de mayo de 1866, a las 11 de la mañana, la escuadra atacó enérgicamente las fortificaciones del Callao y, tras seis horas de duelo artillero, se estimó que la victoria era completa, ya que sólo permanecían activos tres cañones peruanos, y que la deuda de honor estaba saldada. Casto Méndez Núñez resultó herido en la acción y estuvo a punto de perderse la Numancia que, en su afán de acortar distancias con las baterias peruanas llegó a encallar, recibiendo varios impactos.

2.3 La vuelta al Mundo.

Tras el combate del Callao la Numancia, ya sin Méndez Núñez, se dirigió hacia Manila, en las Filipinas, junto con otras unidades de la flota. el 19 de enero de 1867 zarpó de Manila rumbo a Java y Ciudad del Cabo. Desde allí marchó a la isla de Santa Elena y, por expresas instrucciones del Gobierno, marchó hacia Río de Janeiro a fin de unirse nuevamente a la escuadra de Méndez Núñez. Sin embargo, un brote de viruela, hizo aconsejable que abandonase Río de Janeiro rumbo a España, atracando en Cádiz el 20 de septiembre de 1867 tras haber recalado en Bahía de Todos los Santos y Puerto Grande de San Vicente.

Así, tras dos años y medio de navegación, nuestra fragata completó la vuelta al mundo. El hecho no pasó desapercibido y fue muy celebrado ya que esta era la primera vez que un buque blindado circunnavegaba el mundo. Desde entonces, sobre la puerta de entrada a la cámara de popa la nave lució la inscripción “Enloricata navis que primo terram circuivit” a fin de conmemorar la gesta.

3. La Numancia: buque insignia de los cantonales.

La revolución cantonal (republicana federalista) de 1873, sorprendió a nuestra protagonista surta en el puerto de Cartagena y allí su tripulación se unió inmediatamente a la causa cantonal. Siendo el mejor buque del momento no es extraño que fuese elegido por los rebeldes como el buque insignia de su escuadra.

Tras diversas correrías por puertos del Mediterráneo el 11 de octubre de 1873 se enfrentaron frente a Portmán la escuadra del Gobierno de Madrid, mandada por el almirante Lobo, y la escuadra cantonal comandada por el General Contreras. El combate quedó en tablas y ambas escuadras celebraron la victoria como suya. Días después, el 13 de octubre, la escuadra cantonal, esta vez mandada por Nicolás Constantini (alias “Colau” un curioso indivíduo que, además de contrabandista, era capitán de la marina mercante y lucía orgulloso la orden de la “Legión de Honor”) se enfrentó nuevamente a la centralista obligándola a romper el bloqueo de la ciudad y refugiarse en Gibraltar.

El 12 de enero de 1874 el Cantón se hallaba en situación desesperada. Tras cinco meses de sitio y sometido a un feroz bombardeo, la defección de la guarnición del castillo de “La Atalaya” y su subsiguiente paso a manos de los centralistas convirtió la tozuda resistencia de los sublevados en una tarea imposible. Ese día, a pesar del bloqueo de la escuadra centralista la Numancia se hizo a la mar con los principales líderes de la revlución en ella. Tras romper el bloqueo se dirigió a Orán perseguida por la “Carmen”. Días después y tras el armisticio la Numancia fue entregada al almirante Chicarro.

4. De 1874 a 1896.

A la Numancia se le sustituyó la artillería que montaba por otra más potente (8 cañones Armstrong de 25 centímetros, 3 Woolwich de 20 centímetros y 8 transformados Palliser de 16 centímetros).

En 1876 recogió en el puerto francés de San Juan de Luz a la reina Isabel II que, de este modo, concluía su exilio traída a tierra española por nuestra protagonista. La Numancia acompañó a la familia real en numerosas ocasiones por aquellas fechas; así, por ejemplo, en 1879 acompañó a Alfonso XII en su viaje de Cartagena a Cádiz y en Agosto de 1884 por Ferrol y Vigo.

Formó parte de la Escuadra de Instrucción entre 1877-1879 y 1882-1888. Con dicha escuadra participó en numerosos viajes “de sociedad”, entre otros a la Inauguración de la Exposición Universal de Barcelona.

5. La segunda juventud.

En 1896 nuestra heroína vuelve a Tolón, su ciudad natal, donde, en los mismos astilleros en que fue construída, le fueron colocadas nuevas calderas y artillería. Allí perdió su aparejo de fragata: su bella arboladura fue sustituída por dos cortos mástiles con cofas militares. Su artillería quedó integrada por 4 cañones Hontoria de 20 centímetros, 10 Hontoria de 14 centímetros y tiro rápido y 10 piezas menores, además de 2 tubos lanzatorpedos.

Debido a estas obras de reforma la Numancia no pudo incorporarse a ninguna de las escuadras que participaron en la guerra hispano-estadounidense de 1898.

Tras el desastre, la Numancia, a pesar de su vetustez, hubo de redoblar sus servicios en la Escuadra como guardacostas acorazado, debido a los pocos barcos que quedaban y en tanto no entraban en servicio los que se estaban construyendo. Tras el fallido intento de sublevar de nuevo a la Numancia ocurrido en la noche del 1 al 2 de agosto de 1911, una Orden Ministerial dispuso su baja en 1912 y su venta para el desguace.

6. El final.

La opinión pública y la prensa impidieron que el buque fuese desguazado. Se intentaron organizar cuestaciones públicas para cnservar como museo flotante a nuestra heroína. Sin embargo su destino no era oxidarse amarrada a un puerto. Vendida a una empresa de Bilbao, por tres veces se la intentó remolcar hasta dicho puerto. En la tercera ocasión la nave se hundió luchando contra el mar y los arrecifes en la costa de Portugal.

Era el 17 de diciembre de 1916. Cincuenta y tres años de la historia de España se hundieron con ella, poniendo así un digno epílogo a su romántica vida.

Fuente: Blog de José Muelas.

C. Marco

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