Entender la muerte, valorar la vida

 

Va a hacer un año desde que una amiga muy joven, preciosa y de corazón inmenso murió de forma violenta. A partir de ese momento he entendido muchas cosas relacionadas con la vida. Curiosamente su marcha me ha enseñado muchísimo. Cuánto nos ayudamos unos a otros sin ser conscientes y todo producto del amor…

Aunque se habían ido (anteriormente) tres de mis abuelos a los que adoraba. Ésta situación de muerte (en concreto) conectó con lo más profundo de mí despertándome mucho más. Está muy claro lo poco que valoramos la vida. Y lo prepotente que somos con la vida, puesto que sólo sabemos exigirla a través de nuestra propia auto exigencia.

Es evidente que existe un gran tabú al hablar de muerte o  prepararnos para ello. Nuestra sociedad educa en la perpetuidad y en base a ello vivimos conectados con lo superficial y lo rápido… dando valor al copia y pega, más que a cualquier cosa que requiera de tiempo y cuidado.

Viviendo en la sociedad de los slogans: “¡ lo quiero ya, ! y ¡ juventud eterna!”, la reflexión no tiene cabida, por lo tanto lo que hacemos es vivir programados, con sensación de falta constante, acelerados… pero vivir de ese modo, es vivir en la parte más superficial de lo que significa intensidad y calidad y ésto claramente afecta a la relación que mantenemos con nosotros mismos y con los demás.

Obviamente este estilo de vida, nos habla de una sociedad inmadura , que vive en la ilusión de la adolescencia, con personas emocionalmente poco hechas que se mueven (como decía antes), en las capas exteriores de todos los campos donde se enfoquen. Y esto, a su vez promueve una sociedad zombie: individuos  neuróticos, narcisistas, ansiosos, deprimidos y sobre todo con mucho miedo. Doloridos por la eterna insatisfacción que les consume, porque no sabemos en realidad lo que significa estar vivos.

El hecho es que hemos separado verticalmente la muerte de la vida y ese es un enfoque tan antinatural que es por ello que hablar de la muerte causa mal estar, y evitación. No podemos separar la vida de la muerte, ambas van de la mano y disfrutar la vida al cien por cien no puede suceder si no comprendemos y entendemos el hecho de que vamos a morir y de que la vida está para vivirla a gusto, disfrutándola, sin ansiedad y sin sufrir por lo que no tenemos. Hemos convertido lo sencillo en difícil, y vivimos en lo difícil y complicado… VIVIMOS EN COLOR GRIS… tan contaminados por la angustia como lo está cada ciudad con sus humos. Y ese humo no nos deja ver la realidad.

Lo complejo hoy en día es sentir cada mañana con alegría , gratitud y entusiasmo. ¡Es un privilegio la vida!, estamos aquí para amarnos y dar amor. Reflexionemos e interioricemos que la muerte debe servirnos de propulsor para vivir con mayor intensidad y menos queja, hacer de cada día (dentro de nuestras posibilidades), momentos de mayor armonía.

Porque debemos pensar en lo que significa la muerte: ¿qué te llevas?, ¿con cuánta superficialidad dejas este mundo?. ¿con cuántos títulos del ego te marchas?. Te vas desnudo…como viniste… y lo único que importa es cuánto has amado y cuánto te han amado.

Es un error no hablar de la muerte a nuestros hijos y no explicarle lo que supone. La muerte debe ser tratada con naturalidad. Y de ese modo, transitaremos de una manera menos enferma por vida.

Fuente: Serena Martínez Dai.
C. Marco
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