Growth Management: Del Capitalismo al Capital-humano

Miles de directivos en todo el mundo ya se alinean con la propuesta del Growth Management® que se extiende como un soplo de aire fresco desde Europa hacia EEUU y América Latina. Un nuevo modelo de dirección de empresas basado en la gestión del crecimiento que se orienta a poner en valor los fundamentos de un nuevo sistema de orden económico y social hacia el que irremediablemente nos dirigimos. ¿Cuál es la causa?

Somos muchos los que desde distintas perspectivas observamos de cerca la muerte del sistema capitalista y no auguramos su resurrección, pues estamos abocados a un cambio de modelo que se producirá de forma natural, al igual que el Capitalismo surgió del Feudalismo. No puede ser de otro modo pues la evolución en los paradigmas sociales, al igual que en el hombre, es un proceso inexorable.

La crítica responsable y profunda por tanto es necesaria, cuando debemos ordenar las ideas y fundamentar las bases de ese nuevo modelo de orden socioeconómico llamado a gestionar una gran evolución cultural histórica, así como un proceso de socialización mayor que el generado por cualquiera de las grandes revoluciones industriales –o quizá que todas en su conjunto- y sus consiguientes crisis y efectos: sobreproducción, desempleo y emigración en masa, colonialismo, imperialismo…

Un periodo de tránsito mediante el cual los individuos deberemos interiorizar, aprender y desarrollar nuevos pensamientos, valores, hábitos, normas y comportamientos desde un nuevo modo de percibir la realidad social y personal.

El barco ya ha partido una vez más, y tarde o temprano llegaremos a un nuevo lugar. Sin embargo, en la medida en que seamos capaces de definir cómo queremos que sea, será un mejor lugar para todos, pues la visión y la actitud hacen que la profecía siempre se cumpla. Un nuevo espacio vital donde personas y organizaciones tendremos que aprender de nuevo a vivir y a convivir, a crear valor y a competir.

Creación de valor y competitividad:

Debemos pues empezar a pensar, sentir y hacer de otro modo, pues sólo así podremos dar respuesta a las necesidades e intereses de una sociedad moderna que grita con amargura que alguien haga algo, pues son muchos los que sienten que navegamos a la deriva en un mar convulso y con rumbo a ninguna parte. Y en cierto modo no les falta razón.

Y es que esta situación en la que nos encontramos, es la respuesta virulenta de un sistema, el Capitalista, viciado desde su concepción, pues si bien a mi juicio su causa siempre fue noble, nunca llegó a considerar en su diseño cómo las particularidades del ser humano, fundamentalmente en cuanto a comportamientos se refiere –las causas-, afectarían negativamente a los resultados. Pero esto en definitiva es comprensible, incluso aceptable, dado que los errores, al igual que la falta de antecedentes y el menor conocimiento y experiencia, son aspectos respetables en cualquier proceso de innovación.

Este cortar por lo sano, es en definitiva la consecuencia del proceso de autoregulación al que tienden todos los sistemas, cuando al llevarlos a su máxima dimensión entran en conflicto con los principios universales. Es el aviso para navegantes de que el modelo capitalista que ha regido durante siglos las mentes de dirigentes, líderes, emprendedores y tomadores de decisiones a lo largo y ancho del planeta, debe dejar paso a otro, que desoyendo los cantos de sirena nos dirija a buen puerto con total convicción.

La principal premisa para desarrollar un sistema socioeconómico, la causa de su éxito o de su fracaso, tiene que ver con nuestras propias entrañas, es decir, con el estudio y análisis de las particularidades y contradicciones del propio hombre como ser social, porque cualquier paradigma debe ajustarse a la cultura y naturaleza humana y no al revés. Si así lo hiciéramos, estaríamos construyendo una utopía. Este es el motivo por el cual explico, lo que a mi juicio son las principales deficiencias de otras propuestas que se sostienen sobre el fino papel de lo imposible, al haber obviado sencillamente lo básico. Probablemente el Capitalismo por su propia esencia se ajuste más que otros modelos a esta premisa, sin embargo no todo lo que debiera. Este es el principal motivo de su ocaso.

Y esto es algo que únicamente puede comprenderse desde un severo análisis bajo perspectivas empíricas y científicas que antaño no fueron posibles, pues el conocimiento al igual que las ideas, avanza imparable en pos de resolver los desafíos humanos.

Un modelo al que nos dirigimos y el que necesitamos impulsar, llamado a alinear el tránsito cultural –nuevos pensamientos sociales, prejuicios, hábitos, costumbres, tradiciones, …- con la capacidad humana –talento- y la universalidad: moral, ética, razón, humanidad… para dar respuesta a los más elementales requerimientos y necesidades económicas y sociales.

Y aun así, el espíritu del Capitalismo va a seguir estando presente siempre porque la macrodinámica creada es como una rueda gigante imposible de parar, aun cuando fuéramos capaces de realizar un esfuerzo hercúleo. Y dado que la magnitud del proyecto excede la capacidad humana, de motivación y de coordinación a nivel mundial que sería necesaria, debemos escoger la opción más inteligente que es no luchar contra las olas, sino aprovechar su dinámica para navegar sobre ellas. Desde este punto de vista, esta rueda imposible de detener, puede y debe ser engrasada para que siga girando en adelante con mayor diligencia, que es lo único que podemos hacer, pues esto sí está en nuestras manos, en la de todos y cada uno de nosotros.

Y ello será posible humanizando el sistema, o lo que es lo mismo, transitando hacia un nuevo modelo que se suba, como un surfista lo hace al galope de su tabla, a la dinámica generada por el anterior. La clave pues es promover una dinámica inteligente que impulse el cambio desde lo micro –la opción personal-, hacia lo macro –la respuesta organizacional, institucional y social-. El entorno empresarial y quienes lo componen –empresarios, directivos, empleados y sociedad en general- pueden y deben asumir esa responsabilidad, con independencia de que lo hagan las administraciones, quienes en algún momento no tendrán más remedio que dar respuesta al efecto mariposa producido, pues la autoridad social de una determinada masa crítica siempre sobrepasa al poder institucional que termina adaptándose por el peso de la realidad.

Como dice Immanuel Wallerstein “el Capitalismo ha funcionado de alguna forma maravillosamente durante 500 años. Ha sido un sistema extremadamente exitoso, pero que ha terminado por deshacerse a sí mismo porque su clase dirigente y sus élites políticas son incapaces de resolver el problema de incertidumbre en el que se han metido. El Capitalismo no llegará a ver su final a menos que lo haga a través de la combinación de un “shock externo de extrema violencia” –de esto se ha encargado la crisis- y una “alternativa convincente desde dentro de la sociedad” –una nueva doctrina-.

La alternativa del Capital-humanismo:

Y en este sentido y bajo este enfoque llevo más de 20 años promoviendo las bases de esta necesaria transición, desde el Capitalismo hacia lo que yo llamo el Capital-Humanismo, pues lo que ha ocurrido ya se veía venir, pero pocos lo quisieron ver. Y sin duda no supimos hacerlo visible con suficiente acierto aquellos que desde siempre hemos enfrentado la mirada al sistema en pos de nuevas perspectivas, pues somos de naturaleza inquieta y rebelde. Y aunque somos perseverantes, las limitaciones humanas no pueden acelerar los procesos como a veces se desea, siendo el paso del tiempo un elemento inevitable para la innovación y el cambio. La evolución natural en otras ocasiones, es la que marca finalmente el devenir de los acontecimientos.

Por esto mismo, el Capital-humanismo no es una doctrina idealista, sino un modelo práctico que surge desde la observación sistemática del Capitalismo, y que como este, parte del conocimiento que se tiene de la realidad –humana, social, empresarial, política…-, para evolucionar junto con ella en virtud del mismo. Y lo que pretende no es una utopía, pues lejos de basarse en ideales o en conceptos filosóficos se apoya en el saber científico -psicobiología, psicología, sociología, psicomotricidad, management…-.

Así que no cejaremos en nuestro empeño porque sabemos que nada importante puede ser de hoy para mañana, pues como dijo Aristóteles “la excelencia moral es resultado del hábito”: nos volvemos humanistas realizando actos de humanismo.

Por todo ello este texto se acerca en todo caso mucho más a un acto de humanismo que a un manifiesto contra el Capitalismo, pues considero que toda aportación cobra más fuerza desde la dignidad de reconocer las bondades de otras. Y no es una crítica despiadada sino una reflexión profunda.

No creo que el Capitalismo no promueva los bienes de interés comunitario, como muchos alegan en su contra. Tampoco que sea la causa de las desigualdades económicas entre los distintos estamentos sociales, entendiendo que esta cuestión en todo caso, es más bien una aspiración utópica en el marco de una sociedad inevitablemente diversa por naturaleza.

Sin embargo sí creo que de este sistema se conservarán algunos elementos naturales que definen su eficacia sobre la cual existen numerosos hechos probados. Y si bien las bondades del Capitalismo admiten poca discusión, la nueva doctrina deberá salvar algunos obstáculos que se han convertido los principales males del actual modelo.

Quizá los más grandes desafíos consistan en poner al ser humano en el centro de la política y de la empresa -frente al beneficio personal, la renta política y el margen empresarial-, para generar un desarrollo responsable y sostenible. Promover un pensamiento colectivo que genere comportamientos sociales más racionales en relación a la búsqueda de la felicidad, minimizando la cultura del endeudamiento y del consumismo desmedido. Y promover la conciliación de la vida laboral y familiar, favoreciendo de este modo el desarrollo de mejores relaciones y valores familiares y sociales.

En otro orden de cosas, minimizar los daños colaterales propios de la actividad empresarial, implicándose en todo caso con mayor eficacia en su sanación y desarrollar una producción sostenible alineada a la llamada “tasa de regeneración” del planeta son algunos de los objetivos medioambientales.

Y a nivel empresarial, racionalizar los diferentes procesos en función de las necesidades y competencia de los distintos países, potenciando algunos como producción o gestión a favor de los más desfavorecidos y otros como formación o I+D+i a favor de los más desarrollados. Promover el aplanamiento del sistema jerárquico, así como una cultura que favorezca el desarrollo valores y relaciones sociales, y el valor del equipo frente al individualismo. Racionalizar y equilibrar el beneficio empresarial con los salarios de los directivos y de los trabajadores, además de la producción y acumulación de capital con las necesidades sociales. Premiar el comportamiento y el mérito, alineando de este modo los niveles de renta con los de competencia. Racionalizar y equilibrar en todos los niveles, el acceso a la formación y el desarrollo del talento. Y desarrollar una visión global, inteligente, responsable y a largo plazo, extirpando la actual cortoplacista y carente de valores, son otros de los retos a abordar.

En definitiva, desarrollar valores, pensamientos, sentimientos, así como políticas, procesos y procedimientos que alineen los legítimos derechos, libertades y desafíos empresariales con los también legítimos derechos, libertades y retos sociales.

La Capital-humanista, una doctrina desde donde propugno con determinación la necesidad de alcanzar un equilibrio entre el legítimo beneficio empresarial y el no menos legítimo bienestar social. Un modelo que parte de la idea central de que la mejor forma de organización, es la que es capaz de desarrollar equilibradamente el máximo potencial de las organizaciones y las mayores capacidades de las personas, pues en ello reside la eficacia y prosperidad de las primeras, y el compromiso, la competencia y la felicidad de las segundas.

Un paradigma que se sostiene sobre lo mejor de las empresas –su capacidad para organizar, motivar y orientar hacia la consecución de objetivos comunes- y sobre lo mejor de las personas –su talento-, para generar empleo, riqueza y bienestar social.

El Capital-humanismo no aspira a ser un modelo perfecto, sería una insensatez de su parte pues si el hombre mismo, referente de la perfección, es imperfecto, ¿por qué no habría de serlo cualquier obra de su creación?. El Capital-humanismo aspira a algo más prudente: desarrollarse como la mejor alternativa al Capitalismo.

El Growth Management:

El Management no puede permanecer ajeno a esta transición, es más, debe tomar parte activa en el proceso, desarrollando las bases necesarias para impulsarla desde dentro en las empresas y en su relación con la sociedad.

Para ello no debe olvidar que la gran crisis actual es en el fondo una gran crisis de valores que ha llevado al mercado a autoregularse mediante comportamientos, cuanto menos, desaconsejables, insensatos y éticamente reprobables, en mayor o menor medida por parte de todos los agentes implicados –gobernantes, políticos, banqueros, empresarios, directivos, trabajadores, funcionarios y sociedad en general-. La consecuencia de estas malas prácticas, provocadas por la cultura social imperante, ha sido la situación actual.

Por todo lo visto, el Growth Management recoge las bases, objetivos y fundamentos del Capital-humanismo para alcanzar un objetivo fundamental: “crecer como personas –valores, actitudes, capacidades, compromisos…-, para hacerlo como organizaciones, como instituciones y como sociedad en general”. El crecimiento en lo personal, como base para la transformación y el desarrollo empresarial, económico y social. Un modelo que se orienta a la gestión y el desarrollo estratégico del talento para transformar las empresas en auténticos equipos de personas comprometidas, competentes y felices, que es lo que necesitamos para avanzar.

La Gestión del Crecimiento a nivel mundial, puede garantizar el desarrollo empresarial y económico necesario para reabsorber a la población excluida del mercado laboral como consecuencia de la grave crisis actual. Poniendo en valor las nuevas tecnologías, las técnicas y metodologías más innovadoras y el conocimiento más reciente junto con lo más importante, el 80% del talento que aún permanece inútilmente oculto en cada uno de los ciudadanos activos, el mercado superará las dificultades y afrontará más competentemente los desafíos de la humanidad -energía, medioambiente, ciencia, medicina, educación…-, creando nuevas industrias, nuevos puestos de trabajo y nuevas competencias, en pos de su desarrollo y explotación.

Los imperativos en materia de avances sociales son los que deben regular el sistema, y no a la inversa, pues las necesidades de empleo de la sociedad deben ser satisfechas asumiendo los retos de la constante modernización –mecanización, robotización, inteligencia artificial, comunicación digital…-, y no dando un paso atrás. El pleno empleo debe ser la consecuencia de adaptarse eficazmente a esos requerimientos, nunca de mantener puestos de trabajo o competencias que estratégicamente ya no sean útiles.

La “destrucción creativa” apuntada por Marx y por Shumpeter es un hecho probado e inevitable. Las revoluciones industriales y los grandes cambios de paradigma, traen como consecuencia crisis y destrucción de puestos de trabajo. Pero tras ello, una gestión eficaz del cambio cultural que instintivamente se produce, permite de nuevo crear y crecer aún más. Al respecto, el Growth Management se reafirma en este mantra: “creer para crear y para crecer” pues sin firme creencia en las personas, ni hay crecimiento posible ni creación que se soporte con firmeza”.

Y qué duda cabe que la política tiene mucho que hacer en todo esto: el sistema educativo, al igual que el laboral, debería ser adaptado cuanto antes para jugar un papel fundamental en el reto de construir desde la infancia y a lo largo de la vida la nueva doctrina. Pero mientras tanto, el mundo empresarial debe abordar ya un reto histórico: el desarrollo de la empresa capital-humanista. El coste de no afrontarlo sería demasiado grande.

Fuente: Ignacio Bernabé.

C. Marco

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