Entre Lobos: La verdadera historia

A raíz de la película de Gerardo Olivares: “Entre Lobos” que se ha estrenado en este final de año de 2010, muchisimos sois los que habéis entrado en la historia que os conté de “viviendo con lobos”. Pero a la vez que esta es una historia parecida en lo que se refiere a la convivencia con lobos, la de este Español que descubriremos hoy no tiene nada que ver.Con lo cual me lanzo a descubriros la verdadera y triste historia de la película “Entre lobos” y su sorprendente protagonista: Marcos Rodríguez Pantoja, (en la imagen de arriba).

Todo empieza en los años 50 en la provincia de Córdoba. Un niño vive solo en el monte, en plena Sierra Morena. Come como un animal. Y lucha para ello. Viste con pieles, aúlla y no tiene contacto alguno con otro ser humano. Salvaje, libre y también feliz. Solo se relaciona con : Lobos, hurones, buitres, serpientes, águilas, ciervos.Esta es la vida real de Marcos Rodríguez Pantoja, el niño salvaje de Sierra Morena.

Nunca fue un lobo, pero hacía lo mismo que ellos corría como ellos, husmeaba como ellos y se comportó como ellos.Fueron 12 años. Hasta que lo cazaron. Y es que no es una palabra figurada ya que como vereis mas adelante realmente se le dio caza , como si de un animal se tratara.

Marcos, nuestro protagonista, hoy día vive en Galicia. Es un niño metido en el cuerpo de un hombre de 64 años. Nació en Añora (Córdoba) dentro de una familia pobre de solemnidad. Su infancia fue un infierno.

De muy niño estuvo cuidando un rebaño de cabras en algún valle al que se accedía desde Fuencaliente. No se precisa a qué distancia, no debía ser grande, pues el dueño del rebaño iba a buscar los chotos a caballo y se ha de suponer que la tarea la hacía en un día.. Permaneció entre los 7 y 19 años sólo y aislado, con el único contacto del propietario del rebaño, que de forma periódica se acercaba a llevarse los chotos y dejarle pan duro como único pago por su trabajo. No le proporcionaba ni ropa ni calzado.

Todo empieza cuando, a principio de los años cincuenta, la familia emigró a Madrid desde Añora, eran tres hermanos y murió su madre, posiblemente en el parto del más pequeño. Su padre se casó con otra mujer que lo maltrató hasta la saciedad. Le pegaba todos los días. Lo molía a palos.”Yo era muy pequeño y me mandaba al monte a por bellotas. Si no llenaba el saco no me daba de comer y me echaba de casa. Dormía fuera, debajo de una mata”. Volvieron a

Fuencaliente a hacer carbón, había dejado a los dos hijos pequeños, uno en Madrid y otro en Barcelona con familiares que no se pudieron hacer cargo de Marcos, que era el mayor.
Dibujo hecho por Marcos.

Después su padre lo puso a trabajar de pastor, con un propietario de un rebaño de cabras que a su vez le llevó a la sierra y le dejó con un cabrero de edad avanzada, que al poco tiempo desapareció (no se supo nada más de su paradero). Su padre no se volvió a preocupar de él, no hay constancia que obtuviese ningún beneficio, más allá de una boca menos, tal y como había hecho con sus otros dos hijos.

Cuando el cabrero desapareció , Marcos se quedó solo. No intentó volver con su familia. ¿Para qué? ¿Para seguir recibiendo palos? Tampoco intentó ir a algún otro pueblo cercano. Simplemente se adaptó a su nueva vida. “Sentía que podía hacer lo que él quería. Y llegó un día en que empezó a entenderse con los animales”, afirma el antropólogo Gabriel Janer Manila, que en 1978 escribió su tesis sobre la historia de Marcos y que ahora publica He jugado con lobos (Bridge).


Marcos afirma que un día empezó a jugar con unos lobos cachorros. “La madre me encontró y me apartó con la pata. Yo me acurruqué contra la roca. No sabía qué iba a pasar, pero entonces la loba me tiró un trozo de carne para que yo lo cogiera y me lo comiera. A partir de ese momento, la loba empezó a lamerme. Yo me iba detrás de ellos como si fuera uno más”.

El cineasta, sin embargo, deja claro que Marcos no se crió entre lobos sino que, simplemente, tuvo relación con ellos. “Se ayudaban mutuamente”. Enfrentado a una soledad absoluta, Marcos “se tuvo que fabricar una familia”,. “La imaginación, concluye, fue su arma de supervivencia en el monte”. Y pone como ejemplo: “Marcos asegura que los animales le sonreían, pero eso es algo imposible. Los animales no se ríen”.


Marcos, que vivió 12 años en plena Sierra Morena, recuerda cómo se hizo el líder de los lobos. “Yo mataba para comer. Me montaba encima de los ciervos y les partía el gañote. Los lobos sabían que yo repartiría la comida con ellos. Y si les daba de comer significaba que era su amigo. Los lobos venían conmigo, me tenían respeto.”Además, ellos me temían porque yo hacía fuego. Pero –añade– nos llevábamos bien. Cuando yo estaba en peligro, les llamaba y ellos venían por mí”.

Durante este tiempo tuvo como amigos de compañía a lobos, conejos, pájaros e incluso una serpiente (a la que llevaba leche de las cabras y se hizo su amiga) que como bien él comentaría, le indicó en una ocasión que planta debía de comer para salvar un terrible dolor de tripa que tenía, o le impidió, en otra, que cayera por un barranco interponiéndose en su camino.

porque como bien diría Marcos a través de los años “ellos eran mis amigos de verdad”.


El primer encontronazo con la civilizacion viene cuando cuando miembros de la Guardia Civil lo cazan, al darle aviso uno de los guardas forestales de que en la Sierra había un “animal casi humano” , que vestía harapos hechos de pieles de animales. Obviamente a la benemérita no le queda otra que cazarlo ya que el joven se resistía con todas sus fuerzas.
Posteriormente se lleva la desilusión de la mano de su propio padre, que al ser localizado por la Guardia Civil, Lo primero que le dice después de 12 años es “yo te dejé con una chaqueta”.

“Me llevaron a Lopera, a la casa de un cura joven, una casa muy grande. Todavía llevaba la piel, las criadas me sacaron ropa, me bañaron, me metieron en una bañera y estuvimos comiendo, yo comí con ellos, pero yo no sabía comer con ellos yo comía con las manos y con el plato, recuerda con un lenguaje reconstruido, propio de alguien que ha pasado una década sin casi articular palabra. Unos años después, tras pasar por el servicio militar, llegó a Palma. “Me trajo uno que me dijo que estaría muy bien en Mallorca. Y al día siguiente de estar en Mallorca me robó la maleta y todo el dinero que tenía”.

Marcos Rodriguez, en la anterior imagen durante su estancia en Mallorca.

Corría la década de los 70. A Marcos le encontraron trabajo en el ayuntamiento de Palma, barriendo las calles Estuvo empleado también en bares y hoteles, y en los astilleros. Lo explotaban. A veces, ni siquiera le pagaban. “Una vez, le dieron un talón sin fondos. Él fue incapaz de entenderlo”. Tampoco era capaz de cumplir con ningún horario.

Pero no todo fueron experiencias amargas. En Mallorca también conoció el amor, y se acercó por vez primera al sexo. “Esto de mujeres hasta hace muy poco no me ha tirado. Ahora, cuando me he dado cuenta, pues sí”, admitía Marcos en Palma.
Actualmente Marcos vive en una pequeña aldea de Ourense, muy lejos de su Córdoba natal.
Marcos sigue afirmando: “Los animales son mejores que las personas”.

Y para terminar os dejo con el trailer de la película, espero que os halla gustado la historia y hasta otra.

Fuente: Historias del Regatecha.
C. Marco
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