Emprendedor vs. Autónomo

Cada vez que se publican nuevas cifras de empleo/desempleo, se hace referencia al incremento de “emprendedores”. ¿Pero realmente el número de “emprendedores” crece? ¿No estaremos confundiendo emprendedor con autónomo?

Es muy corriente, que cuando una persona causa baja en una empresa, la primera reacción sea decir: “Bueno, es el momento de montar algo”. Pero ¿qué es, ese algo? “Hombre, si he trabajado toda mi vida en marketing, es el momento de montar mi “chiringuito” para intentar hacerme un hueco en el mercado y poder vender algunas promociones” me decía un amigo mío que acababa de dejar su compañía. Pero no se daba cuenta que estaba diciendo algo con poco fundamento, con menos confianza y sin haberse parado a pensar lo que supone abrir un “chiringuito”.

El error más común de un “buscador de trabajo”, con ganas de establecerse por sí mismo, es confundir las dos palabras míticas: emprendedor y autónomo. La mayoría de los que intentan comenzar una aventura, se creen que están emprendiendo, pero están equivocados. Lo que están haciendo es convirtiéndose en AUTÓNOMOS con pocas posibilidades de prosperar. Y ¿por qué no van a triunfar? A mi modo de ver, por alguna de estas razones:

♦ No tienen un objetivo claro. Esta es la premisa principal. Sin esto, no es posible triunfar. Es el momento de hacerse la pregunta clave: ¿Para qué? Dependiendo de la contestación, vendrán otras preguntas más: ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Cómo mediré los logros? Si se han dado respuesta a todas estas preguntas, con rigor, con realismo, con ilusión, con convencimiento, es el momento de seguir avanzando.

♦ No han elaborado un plan de negocios. Si no tienen claro el punto anterior, es muy difícil, por no decir imposible, hacer un plan estratégico. Esto provoca que empecemos a trabajar dando bandazos. Hoy una cosa, mañana otra. Me dejo llevar por la última opinión que ha llegado a mis oídos. En realidad no sé por dónde empezar a meter mano al hipotético proyecto. El estado de ánimo jugara un papel desequilibrante. En el ejemplo de mi amigo, profesional del marketing, ¿a qué se va a dedicar? ¿a las promociones? ¿a diseñar marcas? ¿a market research? ¿a campañas específicas? ¿a diseño gráfico? ¿a consultoría? ¿a merchandising?… Es necesario concretar al máximo.

♦ No quieren tener Jefe. No soportan recibir órdenes de nadie. Se sienten cansados de no haber podido trabajar a sus “anchas”. Están hartos de la autoridad. Ansían hacer las cosas con autonomía propia. No quieren horarios, normas, ordenes, rutina. Pero estas personas no se dan cuenta que necesitan un Jefe. Sin el, van a estar muy perdidos. En el peor o mejor de los casos, tendrán que ser su propio jefe, y esto exige demasiado. La autodisciplina requiere mucha fuerza de voluntad.

♦ No tienen oficina. Al principio, suelen establecer el despacho en su casa. ¡Craso error! Salir de tu domicilio es un ejercicio muy higiénico. No se puede trabajar con los niños chillando, o con la asistenta que te echa de tu cuarto para pasar el aspirador, o tu mujer que quiere que le arregles el secador que se le acaba de romper. ¡Este no es el mejor lugar! Necesitas ver a gente y cambiar de ambiente. La oficina para trabajar, el hogar para estar con la familia. Hay que vestirse de trabajo y salir. Pero ¿a dónde me voy? Hay que ser imaginativo para encontrar el lugar. Te ofrezco una solución fácil y barata: vete a un centro de “coworking”. Trabajarás, veras a gente, te enriquecerás y tendrás la sensación de que vas a la oficina.

♦ No tienen networking. Durante su vida profesional activa, no se han preocupado de conocer a más gente, que la que estaba con ellos cada día: jefe, compañeros, colegas, clientes, proveedores… Se creen que tiene contactos, pero en realidad no los tienen. Cuando abandonen su compañía, para la que han trabajado tantos años, sus contactos “internos” les ignoraran porque ya no le necesitan. Esta es la pura realidad. Ahora acudirán como locos a las redes sociales. Tal vez, con algo de retraso, pero más vale tarde que nunca. Hay lugares especializados para hacer contactos.

♦ No sienten presión. La cantidad de tarea se la marcan ellos mismos y es muy fácil situarse en una “zona cómoda” y no salir de ella. Se conforman, como mal menor, con uno o dos clientes. Con ellos llegan a fin de mes, pero no se plantean un plan a largo plazo. Su argumento es: he trabajado durante, muchos años, muy duro, largas jornadas, estrés permanente, conflictos a diario, abandono de la familia… ¡Es hora de cambiar! A partir de hoy voy a trabajar para vivir. El argumento puede parecer lógico, pero en el fondo es una careta para no ver la realidad. Es el principio de un fracaso.

En cambio los EMPRENDEDORES, son la cara opuesta. Son personas con un perfil de reto, desafío, sin miedo a lo desconocido, con ideas claras, objetivos definidos, no necesitan jefe, buscan contactos, dedican tiempo, se sacrifican, les faltan horas, están en la calle, salen de la “zona cómoda”, se forman, no ven nada imposible, son realistas, les gusta el orden, innovan permanentemente, arriesgan parte de su patrimonio…

C. Marco
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