Nociones sobre Management: Mejores conversaciones, mejores relaciones

 
Para empezar haz una lista de las personas con quienes consideras que tienes lo que podrías calificar como una buena relación. Con quienes es un gusto sentarse a tratar cualquier tema y te llenan de energía. De la misma manera, haz otra de aquellas con quienes es muy difícil avanzar, y quienes de solo traerlas a la mente para armar esta lista te invaden sensaciones no gratas..

Reflexiona: ¿Qué tipo de conversaciones tienes con cada una de ellas? ¿Por qué me es fácil hablar con María pero no con Juliana? ¿Por qué me cuesta tanto hablar con mi hijo, o con mi padre o con mi jefe? Piensa cuál es tu lenguaje en uno u otro caso, con cual emocionalidad abordas cada diálogo y cómo está tu cuerpo al momento del encuentro.

Estos tres elementos, la emoción, nuestra corporalidad y nuestro lenguaje, generan la calidad de nuestras conversaciones y éstas a su vez determinan la profundidad de nuestras relaciones. ¿Cómo saber si es una conversación benéfica a la relación? Fluye en los tres aspectos, el lenguaje es afable, con un tono de voz cordial. Seguramente los cuerpos estarán distendidos, miradas que se sostienen al hablar, no necesariamente hay jocosidad pero sí tranquilidad y relajación.

Ahora, vamos al otro tipo de conversaciones: palabras dichas a mayor velocidad, tono de voz que puede ir subiendo en los dos interlocutores, las miradas se evitan, hay gesticulación importante en las manos, cuerpos tensos, podría haber enrojecimiento en la cara, corazón acelerado, respiración rápida, frases sin terminar por la interrupción de uno u otro, entre otras.

Tengamos en cuenta que en todo diálogo hay dos conversaciones: la privada que ocurre en nuestro interior, que poco se detiene. Que nos está diciendo “ya es hora” “vas tarde” “fijate lo que estas diciendo” “y si supiera lo que yo se”… y que podemos compartirla o no, y una pública que es la que sostenemos con los demás.

Esta conversación pública, que es la que lleva en una dirección u otra la relación es solo la punta del iceberg, pues en una relación compleja, por ejemplo, lo verdadero está bajo la superficie, es decir, en la conversación privada que se tiene de esa persona, y que tiene que ver con lo que sentimos, pensamos y no decimos de lo que ocurrió con ella, lo que está ocurriendo y lo que pensamos debería ocurrir en el futuro.

Desde esta perspectiva se dice que una relación es buena cuando encuentra un equilibrio adecuado entre las conversaciones públicas y las privadas, porque una relación se puede perjudicar si indiscriminadamente sacamos todas nuestras conversaciones privadas y luego no nos hacemos cargo de las inquietudes que despertamos en el otro, pero también se puede afectar si guardamos aquello que necesita se hablado.

Ante esto, lo recomendable es primero hacernos conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos frente a una situación o persona. ¿Qué tipo de juicios tenemos de ella?¿qué hechos ciertos fundamentan ese juicio que tengo? Y a la hora de generar una conversación dificil, preguntémonos antes de iniciarla ¿cuál es mi objetivo con esta conversación?¿En cuál estado de ánimo debo disponerme para realizarla?

Dejar de tratar de imponer nuestra interpretación de una misma situación para permitirnos acercarnos a la interpretación que del mismo hecho tiene esa otra persona, es también fundamental.

El momento es ahora.. el mañana no existe.

Fuente: Sandra Mateus.

C. Marco

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