La filosofía de vida y la moralidad de Confucio

Filosofía Social de Confucio

Confucio fue un filósofo, político y un reconocido pensador chino cuya doctrina recibe el nombre de confucianismo.

Procedente de una familia noble arruinada y conocido como Maestro Kong, a lo largo de su vida alternó periodos en los que ejerció como maestro y en otros en los que sirvió como funcionario del pequeño estado de Lu, en el nordeste de China, durante la época de fragmentación del poder bajo la dinastía Chu. En el ámbito político defendió la importancia de la armonía moral, pero dedicó gran parte de su vida al estudio y la enseñanza, haciendo hincapié en el respeto a los preceptos de los sabios de la antigüedad, y a la figura del padre.

Confucio argumentaba que los hombres son responsables de sus acciones, especialmente en lo concerniente a su relación con los demás. De esta forma, afirmaba que no tenemos capacidad para alterar nuestro ciclo existencial, pero si determinamos nuestros logros y aquello por lo que somos recordados. 

Confucio defendía que era un mero transmisor y no un creador, y que todos sus hechos tenían como objetivo el respeto, apoyo y amor hacia los ancestros.

La filosófica social de Confucio se articula en torno al concepto de ren “compasión” o “amor a los otros”. El culto a dicha inquietud incluía la humildad hacia uno mismo. Esto incluía el huir de la supra locuacidad o un exceso de cortesía que crease una falsa impresión de uno mismo destinada al engrandecimiento personal.

Por el contrario, aquellos que cultivan el ren son simples de gesto y discretos en la forma. Para Confucio, dicha preocupación por los otros se personifica en la práctica de las diferentes formas de la Regla Dorada “No deseos para otros lo que no desees para ti”.

En relación con lo anterior, entiende que la forma más básica de la expresión altruista del amor hacia los otros más que hacia uno mismo, debe ser la devoción hacia los padres y hermanos mayores, lo cual solo puede ser alcanzado por aquellos que hayan aprendido la auto disciplina.

La filosofía política de Confucio se asienta sobre la creencia de que el gobernante debería aprender auto-disciplina, debería gobernar a sus súbditos según su propio ejemplo, y debería tratarlos con amor en interés.

Para Confucio, la característica principal de todo buen gobernante era la “virtud”, concebida como un tipo de autoridad moral que permite la captación de adeptos sin ningún de uso de la fuerza.

Dicha “virtud” autorizaría al gobernante a conservar un buen orden en su reino sin tener que molestarse en demasía debido a la delegación en subordinados leales y efectivos. La manera de mantener y cultivar dicha “virtud real” derivaría de la práctica de los “li” o rituales, las ceremonias que definían y puntualizaban las vidas de la Antigua aristocracia China. Dichas ceremonias incluían; los ritos de sacrificios llevados a cabo en los templos antiguos para expresar gratitud y humildad; las ceremonias de brindis e intercambio de regalos que creaban vínculos entre la nobleza generando una telaraña de obligaciones y deudas; y los actos de educación y decoro, tales como el saludo y el ceder el paso, que identificaban a los que los llevaban a cabo como caballeros.

Una de las grandes áreas de pensamiento de Confucio derivaba de su énfasis en la educación y el estudio.

Desdeñando aquellos que creen en la habilidad o intuición natural para el aprendizaje, argumenta que el único entendimiento real de un tema solo puede venir dado por un estudio meticuloso y prolongado. Para Confucio, el estudio quiere decir la búsqueda de un buen maestro y la imitación de sus palabras y actos. Un buen maestro es aquel familiarizado con las tradiciones antiguas y la manera de conducirse de la China. 

No obstante, mientras que previene sobre el exceso de meditación y reflexión, la posición de Confucio parece fijarse en un punto intermedio sobre lo que se aprende y la reflexión sobre lo aprendido. Al propio Confucio se le atribuye la enseñanza de hasta 3000 discípulos, siendo solo unos 70 los que llegaron a entenderle en su totalidad. Confucio estaba dispuesto a enseñar a cualquiera sin importar su rango social siempre y cuando tuvieran verdaderas ganas de aprender y recoger sus enseñanzas y no tuvieran miedo al cansancio. A sus estudiantes les enseñaba moralidad, la propiedad del habla, gobierno y las bellas artes. Mientras que entendía que la moralidad era el área más importante del conocimiento, dotaba de gran importancia a las seis bellas artes (ritual, música, tiro con arco, conducción de carros, caligrafía y cálculo).

Los métodos de enseñanza de Confucio eran francamente sorprendentes, en vez de dar largos discursos y lecciones sobre un tema en cuestión, prefería, tras una introducción por su parte, formular preguntas, recurrir a citas o usar analogías aplicables, quedando a la espera de que sus estudiantes lleguen a sus propias conclusiones a través de sus propios métodos deductivos. En definitiva, el objetivo de Confucio era crear caballeros que pudieran conducirse con cierta gracia, se expresaran de una forma apropiada y demostraran ser íntegros en todos los respetos.

Confucio se encuentra en una época en la que los valores han caído en desgracia, y las etiquetas no se corresponden con aquellos quienes las soportan “Los gobernadores no gobiernan y los súbditos no sirven”. Esto significa que los títulos ya no significaban lo que en su día significaron. Desde este punto de partida, la moral es de suma importancia para Confucio, ya que entiende que es desde el ejercicio de la misma como únicamente se pueden restablecer los significados tanto del lenguaje como los valores a la sociedad.

Algunas de las frases más celebres de Confucio son las siguientes:

“Un hombre no trata de verse en el agua que corre, sino en el agua tranquila, porque solamente lo que en sí es tranquilo puede dar tranquilidad a otros”.

“Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios”.

“El silencio es un amigo que jamás traiciona”.

“Una casa será fuerte e indestructible cuando esté sostenida por estas cuatro columnas: padre valiente, madre prudente, hijo obediente, hermano complaciente”.

“El sabio es consciente de que ignora”.

“La naturaleza hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos juntemos; la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos”.

“Por muy lejos que el espíritu vaya, nunca irá más lejos que el corazón”.

“Aprende a vivir y sabrás morir bien”.

“El hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro error mayor”.

“Nunca hagas apuestas. Si sabes que has de ganar, eres un pícaro, y si no lo sabes, eres un tonto”

“Exíjete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos”.

“Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes”.


“Saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber”.

“¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir”.

“Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos”.

“Debes tener siempre fría la cabeza, caliente el corazón y larga la mano”.


“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.


“Donde hay educación no hay distinción de clases”.

¿Cuánta sabiduría desaprovechada no crees?

Fuente: Confucionismo.

C. Marco
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