Ciencia vs. Religión

Se ha dicho que el hombre moderno ha sustituido a Dios por el Big Bang, que resulta ser, sin embargo, un ente tanto o más abstracto que el propio Dios.

Esta afirmación es cierta, en el sentido de que los conocimientos físicos y matemáticos necesarios para comprender la teoría del Big Bang son inaccesibles a la práctica totalidad de la población.

 

Algo parecido sucede con muchas otras teorías científicas. Llegado a cierto nivel, conceptos como “átomo”, “genoma” o “relatividad” son tan abstractos que deben ser admitidos por los legos como dogmas de fe, dejando en manos de los científicos (que vendrían a ser los nuevos sacerdotes) la labor de trabajar con ellos y estudiarlos.

¿Significa esto que la ciencia es una religión? No, en absoluto.

El ser humano, desde el mismo momento en que nace como tal y mira a su alrededor, siente el deseo de conocer, de comprender el Universo que le rodea, la necesidad de satisfacer su infinita curiosidad. Tanto la ciencia como la religión nacen de este deseo, sin embargo, existen grandes diferencias entre ellas.

La religión basa su explicación en la existencia de un dios de inteligencia infinita que ha creado el Universo según su voluntad. Según estas premisas, el ser humano no puede comprender la voluntad de un ser de inteligencia infinita, por lo que debe aceptar el Universo tal cual ha sido creado. Para la religión cualquier pregunta es vana, pues jamás podremos comprender la causa última del Universo.

Por otra parte, la religión es incapaz de aceptar la falibilidad de su modelo. La base de la religión es la fe y si el modelo fallase la fe no sería posible (hay que recordar que “fe” y “confianza” son sinónimos; no se puede confiar en aquello que falla).

 

La ciencia, sin embargo, parte de un punto de vista radicalmente diferente.

La ciencia se desvincula de la religión desde el momento en que supedita la validez de sus modelos a la experiencia empírica. Observa la realidad y crea una teoría que debe ser probada antes de ser aceptada y que, en cualquier momento, puede ser reconocida como incorrecta o incompleta sin que esto signifique que el método científico en sí sea incorrecto. La ciencia explica el Universo según modelos que reconoce falibles.

Cuando el modelo geocéntrico demostró no ser capaz de explicar los movimientos de los planetas fue sustituido por el modelo heliocéntrico. La teoría de la gravedad de Newton explico las causas de ese movimiento, y la relatividad de Einstein amplió dicha teoría, explicando la gravedad dentro de un modelo que explicaba también otros muchos fenómenos.

 

La religión se basa en una única respuesta (Dios) y la nulidad de todas las preguntas. Dios es una inmensa roca inamovible que pone fin a toda búsqueda. La ciencia, sin embargo, se basa en la continua búsqueda de respuestas. La ciencia avanza por caminos tortuosos, caminos que, en ocasiones, demuestran ser incorrectos obligándonos a retroceder y a buscar un nuevo camino con la certeza, sin embargo, de que por mucho que caminemos nunca llegaremos a un final definitivo.

Personalmente me gusta mucho más este último método de búsqueda de respuestas; la idea de que, si bien no hay una respuesta final que explique la totalidad de los fenómenos del Universo, podemos, a medida que caminamos, ir encontrando respuestas a muchas otras preguntas.

Prefiero la idea de un dios científico, un dios que se sabe falible, un dios que es capaz de reconocer errores, limitaciones, que es capaz de aceptar cambios en sí mismo para explicar mejor la realidad, a la idea del Dios religioso, que no sabe sino mostrarse como única respuesta a todas mis preguntas.

 

Queda un último aspecto, sin embargo, al que la ciencia no puede dar respuesta.

La ciencia investiga, elabora modelos y comprueba su validez, pero no va más allá. La religión, sin embargo, busca una razón más profunda de las cosas, investiga en una esfera filosófica empleando conceptos que, por su naturaleza, no son susceptibles de ser medidos, escapando así al análisis de la ciencia. Hablo del alma, espíritu, el bien y el mal… La ciencia no puede hacer frente a estos temas.

¿Anula esto la validez de las explicaciones científicas? Una vez más, no.

La ciencia actúa dentro de su propia esfera y, a diferencia de la religión, no interfiere en asuntos que le son ajenos. Esta segunda esfera inasequible a la ciencia es, por derecho propio, territorio de la religión.

Cada individuo es libre de hacer frente a esta esfera según sus creencias, sin que ninguno pueda demostrar en momento alguno su verdad particular a aquellos que no la comparten. Las explicaciones religiosas suelen tener el problema de que sus conclusiones y premisas se confunden en razonamientos circulares.

Personalmente, prefiero no hacer frente a estos temas con herramientas de pensamiento que se han demostrado tan ineficaces.

C. Marco

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