España, a la cola en términos de Educación

El sistema escolar y educativo español es un fracaso evidente. No hay ya manera de seguir disimulando: la culpa ni es de los padres, ni de los maestros, ni de los alumnos, ni es de la sociedad, ni es de los políticos, es de todos a la vez.

España es el país europeo con peores resultados en fracaso escolar e inserción laboral juvenil. Así lo ha publicado recientemente la UNESCO en su informe “Los jóvenes y las competencias”. Ya no hay donde esconderse, somos el peor país para aprender de Europa.

Los jóvenes, maestros, familias y sociedad son víctimas de un sistema educativo mal diseñado, obsoleto, variable, ideologizado y absurdo que es resposable posiblemente de la incapacidad de España de afrontar la crisis y que tiene unos resultados vergonzosos: tasas de fracaso escolar y de paro juvenil escandalosamente altas. 

Entregas a tu hijo, un pequeño brillante y curioso al sistema y tienes muchas posibilidades de que, pasados los años, te lo devuelvan sin futuro y posiblemente sin un título que le permita abrirse camino en el mundo globalizado actual. Escolarizar en un mal sistema no es una elección, no es una decision libre. 

Para cambiar el sistema educativo español actual debemos facilitar el homeschooling, dar mayor libertad a los padres y cooperativas para crear centros educativos con pedagogías alternativas, reforzar a los maestros, dándoles más autonomía.  Debemos apostar por la creatividad y el aprendizaje vivencial y significativo, eliminar la memorización y los exámenes, flexibilizar el curriculum, reducir radicalmente las ratios en vez de aumentarlas y dar un verdadero impulso a la educación emocional, la personalización y la atención a las necesidades individuales.

Hay que abandonar el sistema educativo anacrónico, como bien lo calificó Punset y dejar de diseñar escuelas que matan la creatividad, como dice Ken Robinson. Del mismo modo, debemos dejar de aplastar la curiosidad de los niños, como dice Michio Kaku.

En primer lugar la familia, el verdadero centro de la educación del niño, debe recuperar su papel. No un papel marcado por una visión conservadora necesariamente, sino una verdadera conciencia de su valor como espacio de convivencia y aprendizaje. Pero la realidad es que nuestra conciliación y nuestras bajas maternales son de las peores de Europa.

Hay que dedicarle tiempo real a los niños. No vale eso del tiempo de calidad ni aparcar a los niños con maquinitas u ocio consumista. Hay que estar con los hijos, jugar con ellos, hablarles, cuidarlos y conocerlos. Si no dedicamos más tiempo a los hijos, estamos perdidos. Ellos están perdidos. Y si los padres y el sistema laboral no lo entienden, si imponemos a los hijos crecer en centros escolares y solamente ver a sus padres un par de horas al día, no hay salida.

Y la clave en la escuela no es apretar, no es volver a los métodos del siglo pasado. La clave no es machacar con más memorización y más exámenes. La clave no es poner tarimas a los maestros, sino valorar su trabajo. La clave no es hacer más diferenciación por notas, sino por intereses y capacidades. La clave es hacer de la escuela un lugar donde se aprenda y se experimente directamente la vida, no donde se viva para aprender lo que otros han decidido que debes aprender.

La clave es la innovación educativa verdadera, la que pone al educando en el centro de la experiencia, la que valora al niño, a sus necesidades evolutivas y a su curiosidad. Y mientras sigamos repitiendo el mismo método, fracasaremos. Y los niños y el futuro lo pagarán.

La Educación es la mejor inversión, pero una Educación con el modelo de Finlandia: moderna, libre, flexible y personalizada, que prepare a niños felices, con criterio propio y confianza en sus propios talentos. Si no cambiamos eso y empezamos a tomarnos en serio la inversión y la flexibilidad, la creatividad y la autonomía, el sistema escolar y educativo español seguirá siendo un fracaso total.

Esta mañana leí una interesante entrevista a Xavier Megarejo publicada por ElDiario.es en el que se compara la educación en España con la de Finlandia, país que debería ser nuestra referencia debido a los buenos resultados que obtiene cada año en los informes PISA de la OCDE. En esta entrevista, me ha llamado especialmente la atención la orientación del debate hacia la figura del profesorado de los colegios e institutos y creo que puede dar lugar a un debate bastante interesante.

Coincido con Melgarejo en que el secreto del éxito de un modelo educativo reside más en el buen hacer de sus profesores que en cualquier otro factor. Así, en España puede haber mil reformas educativas pero hasta que no se haga especial hincapié en mejorar el rol de esta figura, ninguna dará los resultados deseados. Ser profesor en España, hoy en día, carece de sex appeal social y es una profesión poco respetada, sensación que se traslada con relativa gran facilidad a las aulas.

Como señalan en la entrevista, para llegar a ser profesor en Finlandia hay que tener una media superior a 9 en el bachillerato y la reválida, hacer tests y entrevistas personales para acceder a la facultad y demostrar la capacitación para el puesto de trabajo. Ese filtro es inexistente en España y ello se traduce en que muchos profesionales deciden dedicarse a este trabajo pensando exclusivamente en las catorce pagas y en los dos meses de vacaciones.

Generalizar es un error muy grave que intentaré evitar, pero esta situación da lugar a que personas incapaces se pongan al frente de un grupo de alumnos, con todo lo que ello implica. Quizás estas personas lleguen incluso a adorar su profesión, pero carecen de ese punto emocional que les impide vincularse con sus alumnos, condenando a estos a un proceso educativo nefasto y carente de resultados positivos. Basicamente son personas sin vocación en esta profesión.

Si a esta circunstancia le unimos el poco respeto que la sociedad en su conjunto le tiene a los profesores, planes educativos no pensados para aprender de ellos o el escaso interés de los padres en la educación de sus hijos, tenemos el cócktel perfecto para que nuestros adolescentes fracasen en su etapa educativa.

Caso aparte merece el tema burocrático de la educación. Mientras en Finlandia no hay más de 15 ó 16 alumnos por clase, por ejemplo, aquí en España te encuentras fácilmente con grupos de más de 30 alumnos en los que una tercera parte no quieren estudiar, cinco son hiperactivos y un par de ellos tienen problemas graves de aprendizaje que requieren un tratamiento más personalizado. ¿Como hace un profesional su trabajo en esas condiciones? En este aula metes a un profesor finlandés y por mucha cualificación que tenga lo primero que le da es un ataque de ansiedad intentando poner orden en la clase.

En definitiva, la lista de aspectos que habría que mejorar en la educación española es interminable, aunque si yo tuviera que quedarme con alguno resaltaría dos especialmente: la cualificación del profesorado e invertir la imagen que la sociedad tiene sobre estos en particular y sobre el sistema educativo en general. 

Desgraciadamente, no somos conscientes de que el éxito de un país descansa sobre la educación de sus habitantes. Cuando queramos darnos cuenta ya será demasiado tarde. Espero equivocarme.

C. Marco
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