Sé el cambio

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“La transformación social, según Mahatma Gandhi, empieza por uno mismo. No exijas cambios sociales si tú mismo no te has transformado en el cambio que quieres ver”.

Satish Kumar

La India, que había conseguido la independencia de los británicos en 1947, era un país que empezaba a emerger. Había un gran debate sobre la dirección que debía tomar. Algunos eran partidarios del comunismo; el éxito de la Unión Soviética y China era una luz estimulante para la juventud activista y radical india. Otros, los partidarios de la libertad empresarial, miraban hacia el modelo americano capitalista e industrialista. Luego estaban los socialistas demócratas, que querían una economía mixta, en la que se conjugara lo mejor de las teorías de Marx y Adam Smith.

Pero Mahatma Gandhi tenía una visión diferente del mundo. Veía la falacia, la estrechez y el utilitarismo sobre los que se basaban y se construían tanto el socialismo como el comunismo y el capitalismo. En lo esencial no se diferenciaban mucho entre sí. Lo que pretendían estos sistemas era explotar y subyugar la naturaleza para el beneficio humano. No podía decirse que fueran sistemas holísticos. Bajo el título de sarvodaya, Mahatma Gandhi diseñó un sistema mediante el cual los seres humanos minimizaban sus necesidades materiales y maximizaban su calidad de vida a través de valores espirituales, culturales, artísticos y humanos.

El término sarvodaya está formado por sarva y udaya. El primero, sarva, significa «todos» —no solo los seres humanos sino todos los seres vivos—, y udaya quiere decir «bienestar». Sarvodaya incluye toda vida, sin excluir ninguna. Según esto, los animales, los insectos, las plantas, los bosques, las montañas, los ríos y también las personas tienen un valor intrínseco. Las personas no tienen más derecho a explotar la naturaleza del que tienen de explotar a otras personas. El deber de los seres humanos es recibir los regalos de la naturaleza con agradecimiento y humildad para dar respuesta a sus necesidades básicas y reponer lo que de la naturaleza han tomado. Mahatma Gandhi decía que en el mundo hay bastante para cubrir las necesidades de todos, pero no hay lo suficiente para satisfacer la codicia de una sola persona.

Cuando Mahatma Gandhi escribía en las décadas de 1920 y 1930, puede decirse que las nociones de medio ambiente o ecología no aparecían en los programas de nadie. Gandhi nunca se calificó a sí mismo como medioambientalista, sin embargo, su ideario daba cuenta de la necesidad de respetar el planeta, reverenciar la vida y reconocer nuestra profunda relación con el aire, el agua y la tierra.

En la mente de la mayoría de las personas, el significado de no violencia se limitaba a respetar la vida humana, evitar el conflicto humano, eliminar las posibilidades de guerra; pero para Gandhi la no violencia era una noción de mucho mayor alcance y profundidad. Debemos ser no violentos con nosotros mismos, con las demás personas y con la naturaleza. Mahatma Gandhi sabía que nuestra ansia, nuestro deseo y nuestra codicia no tienen límites. La Tierra, finita, no puede satisfacer la codicia, infinita, de una población en constante crecimiento.

Una civilización capaz de poner a los animales en granjas industriales y tratarlos con crueldad no puede llamarse civilizada. Una sociedad capaz de devastar bosques y otras coberturas forestales para producir más y más alimentos y luego desperdiciar una gran parte de ellos no se puede llamar civilizada.

Según el punto de vista gandhiano, contención no significa privaciones, hambre ni miseria; contención significa conocer la medida adecuada y vivir dentro de nuestros límites, reconociendo que hay otras especies que también necesitan espacio, alimento, bosques y agua. Las personas no tienen derecho a quedarse con la parte de otros seres. Este es el principio que lleva a una vida de elegante simplicidad.

Sarvodaya no reconoce la superioridad de la especie humana por encima de otras especies. La humana se merece el mismo respecto que las demás especies. Por ejemplo, cuando queremos fruta, es importante el árbol que nos la proporciona.

En la filosofía de sarvodaya no hay jerarquía alguna entre las especies. Todos tenemos nuestro lugar en el universo, estamos hechos los unos de los otros, todos estamos relacionados. Sin embargo, si como especie humana estamos en una posición de poder, no solo explotamos la naturaleza, sino que además tiramos nuestros residuos a la atmósfera y la contaminamos, lo cual provoca parte del calentamiento global; o al océano, lo cual contamina el mar; o a la tierra, lo cual degrada el suelo y lo erosiona. Solo si garantizamos el bienestar de la tierra, el aire y el agua, aseguraremos nuestro propio bienestar.

Si el bienestar de todos (sarvodaya) es el ideal para la sociedad, entonces swaraj (autogobernanza) es el medio político para lograrlo. Mahatma Gandhi no era ni un simple idealista ni un filósofo de sillón. Era un hombre práctico y de acción. Un ideal solo era bueno si se podía poner en práctica.

El autogobierno local:

El término swaraj también está formado por dos palabras: swa y raj. Swa significa «yo» y raj significa «brillar». Dicho de otro modo, el brillo del yo y el yo que brilla.

Mahatma Gandhi tomó su modelo de autogobierno de la naturaleza. Los sistemas humanos tienen que ser como los sistemas de la Tierra, que se autoorganizan, se autosostienen, se automantienen y se autogobiernan. Sea cual sea el sistema de gobierno que adoptemos, su misión debería ser el de una simple, sutil e invisible coordinación. Como el hilo del collar. El hilo no se nota, pero allí está. De un modo parecido, el gobierno allí está, pero los ciudadanos son tan capaces que pueden gestionar sus propios asuntos principalmente a escala local. El máximo poder, pues, está en manos de comunidades de escala humana, incluido el mantenimiento de la ley y el orden esenciales, la prestación de atención médica y educación y la organización del comercio y el transporte.

Para establecer la autogobernanza, necesitamos educación moral a una escala masiva y también necesitamos confiar en la bondad innata de las personas y en su sentido ético.

Según la tradición india, todas las criaturas, humanas y no humanas, son fundamentalmente buenas. Como el agua y el aire, las almas humanas son puras. La contaminación y la polución son una aberración, no la norma. El egoísmo, la codicia, la explotación de los otros y la búsqueda del poder sobre los demás han nacido a partir de determinadas condiciones sociales y económicas. Si somos capaces de restaurar la justicia social y económica y valorar a las personas por sus cualidades positivas como la bondad, la compasión y la generosidad, en lugar de hacerlo por su riqueza, su poder y condición, la gente aspirará a desarrollar sus propias cualidades espirituales, en lugar de competir por las ventajas materiales.

La clave para el éxito del autogobierno es la escala adecuada de la organización. En comunidades más pequeñas, todo el mundo se conoce; por lo tanto, cualquier problema, conflicto o dificultad puede ser identificado y solucionado inmediatamente. En cambio, en las ciudades o países de gran tamaño, existe un elevado grado de anonimato y secreto y por esta razón se necesitan grandes organizaciones para abordar la delincuencia, los conflictos y la violencia. Por lo tanto, para llegar a la autogobernanza necesitamos otorgar más poder a las comunidades locales y fomentar más actividad económica en el ámbito local. Entonces la carga de la gobernanza sobre los gobiernos centrales será mucho más ligera. Las reglas y ordenanzas serán más sencillas y se mantendrán localmente.

El trabajo no puede ser culto o práctica espiritual cuando quien lo realiza se limita a ser una mera unidad laboral que participa en una ingrata tarea para algún mercado lejano, que trabaja solo para ganar dinero y pagar sus cuentas. La economía industrial, global y de libre mercado ha destruido el trabajo con sentido.

No es un sueño imposible. Los países pequeños como Suiza y Bután tienen un nivel mucho más alto de autogobierno que los países grandes como la India o Estados Unidos. Durante la mayor parte de la historia, las comunidades indígenas han tenido un grado mucho mayor de autogobierno basándose en su modelo descentralizado. La idea del estado nación a gran escala es un fenómeno relativamente reciente. La Unión Soviética era un sistema centralizado y monolítico, pero al final acabó en estados más pequeños.

Con una mayor descentralización del poder no tienen por qué salir perdiendo los servicios esenciales y el bienestar de la gente. La centralización del poder tiene dos motivos. El primero es la falta de confianza en las personas —se teme que las personas no sepan gestionar sus asuntos en la esfera local—. En segundo lugar, los que están en lo más alto de los grandes aparatos gubernamentales pueden ejercer mayor control y salir ganando con ello.

La idea de Gandhi sobre el autogobierno no contiene ninguno de estos dos motivos. En el autogobierno se debe confiar en las personas, en su capacidad para gestionar sus asuntos y en su buen sentido para discernir entre el bien y el mal. Incluso si cometen errores, estos errores no serán peores que los que cometen los jefes de los estados que presiden grandes gobiernos o los directores de grandes empresas.

No existiría la crisis económica que abruma cíclicamente a Europa y Estados Unidos si el poder político y económico estuviera en manos de las comunidades locales porque estas tendrían más seguridad en sí mismas e identificarían el problema en una fase precoz. Incluso si en ocasiones tuvieran fallos, el impacto de estos sería más suave y limitado.

El principio del autogobierno consiste en la participación de las personas en la vida política y no en el control de los demás sobre esta. En consecuencia, es una vía para la autodeterminación, un foro de verdadera democracia, en lugar de la plutocracia y la burocracia que se practican mayoritariamente en Europa, India y Estados Unidos bajo el nombre de democracia. Los estados grandes y centralizados no han conseguido dar con soluciones a la mayoría de problemas humanos. Por ejemplo, la pobreza sigue existiendo incluso en Estados Unidos, por no hablar de África, India o China. En un país como Estados Unidos, con sus abundantes recursos y un enorme territorio, bendecido con la ciencia y la tecnología más pionera, sigue habiendo delincuencia, depresión, analfabetismo, personas sin techo y drogadicciones a escala masiva. Entonces, ¿cuál es la ventaja de tener un súper poder tan centralizado que es incapaz de atender a su propio pueblo?

Gandhi diseñó un sistema mediante el cual los seres humanos minimizaban sus necesidades materiales y maximizaban su calidad de vida a través de valores espirituales, culturales, artísticos y humanos.

Los grandes estados no solamente no han resuelto el problema de la pobreza y las carencias sociales, sino que además son una importante causa de conflictos. Países como Bután, Noruega o Costa Rica no pueden permitirse entrar en guerra contra países remotos o tener armas nucleares o subyugar a sus vecinos. Si queremos eliminar o por lo menos mitigar problemas como la pobreza, las carencias sociales y los conflictos internacionales, tenemos que escuchar a Gandhi y explorar la posibilidad de reorganizar nuestros estados naciones para convertirlos en unidades autogobernadas de escala humana.

Sin embargo, tal como comenta el profesor canadiense Anthony Parel en un reciente libro, «El swaraj que quería Mahatma Gandhi no solo requería el swaraj político (autogobierno) de la nación, sino también el autogobierno espiritual o swaraj de los ciudadanos».

Así pues, swaraj significa autogobierno más que gobierno sobre los demás. Si la política, la economía y las organizaciones sociales se construyen sobre la base de la transformación espiritual, la política y los negocios volverán a adoptar la forma de servicio público y la fractura entre lo político y lo espiritual se cerrará.

Gandhi insistía sobre todo en la dimensión espiritual del swaraj porque, según decía, la persona que no es libre no puede liberar a las demás.

La economía local:

El tercer concepto que desarrolló Gandhi es la economía local (swadeshi), también basado en el principio de participación de todos los ciudadanos en las actividades económicas de su comunidad. Swa quiere decir «yo» y desh significa «lugar». El término fue acuñado durante el movimiento por la independencia de la India. En aquel momento, el algodón indio se exportaba a Inglaterra, en cuyas fábricas se convertía en tejido, y luego volvía a la India para ser vendido y obtener grandes beneficios. Así se arruinó la industria india del algodón.

La economía que dependía de las importaciones y exportaciones a larga distancia era una economía para obtener beneficios, no una economía para las personas. Por esto Gandhi lideró el movimiento para el swadeshi, boicoteando no solo los productos hechos en Inglaterra, sino también los que se fabricaban lejos, en ciudades indias como Bombay, Chennai o Kolkata. Fue en este contexto en el que Gandhi introdujo de nuevo la rueca animando a la gente a que hilara el algodón y lo tejiera localmente como una forma de integrar y cohesionar la comunidad con los medios de subsistencia, el arte y la artesanía.

El swadeshi da lugar al trabajo dignificado, hace que la gente tenga más confianza en sí misma, que sea más autosuficiente y no dependa de los grandes fabricantes, comerciantes e inteligentes explotadores que desean acumular más y más beneficios en unas pocas manos.

Mahatma Gandhi creía que lo que podía hacerse localmente y a mano, con herramientas y tecnologías sencillas, tenía que ser protegido (por ejemplo, la producción de alimentos, prendas de vestir, muebles y objetos decorativos, ollas y sartenes, y casas). Las tecnologías sofisticadas, a gran escala y que requieren mucho capital solo deberían utilizarse para lo que no pudiera hacerse localmente, a mano y con herramientas sencillas. La tecnología debería estar al servicio de las personas y no las personas al servicio de la tecnología. Cuando la tecnología y la economía se hacen las dueñas y las personas se convierten en instrumentos al servicio de la máquina industrial, entonces el trabajo se convierte en destructor del alma, destructor del medio ambiente y perjudicial para la armonía de la sociedad.

La globalización es la antítesis del swadeshi. La globalización depende de grandes sistemas de transporte que requieren excesivas cantidades de combustibles fósiles, lo cual provoca tremendas emisiones de carbono que causan el cambio climático. Una economía local es la garantía que asegura los medios de vida de un modo sostenible con una huella de carbono más pequeña.

La espiritualidad no consiste solo en sentarse con las piernas cruzadas y los ojos cerrados entonando «paz, paz, paz», o en ir a la iglesia los domingos y cantar dulces himnos, o en leer los Vedas, el Corán o la Biblia, o llevar a cabo otras prácticas religiosas parecidas. El trabajo local transforma la ganadería y la agricultura, así como actividades como hilar, tejer y fabricar objetos de uso diario, y las convierte en un acto de devoción y servicio. Como dijo san Benito: «Trabajar es rendir culto»; pero solo es culto cuando quien lo rinde usa su imaginación y su creatividad en su quehacer. El trabajo no puede ser culto o práctica espiritual cuando quien lo realiza se limita a ser una mera unidad laboral que participa en una ingrata tarea para algún mercado lejano, que trabaja solo para ganar dinero y pagar sus facturas. La economía industrial, global y de libre comercio ha destruido el trabajo con sentido.

El trabajo local, descentralizado y humano, basado en la vocación de los trabajadores es bueno para el alma y tiene más probabilidades de ser positivo también para la sociedad y para el medio ambiente.

¿La solución perfecta?

La filosofía del bienestar de todos, la política del autogobierno y la autoorganización y la economía de la autosuficiencia local ofrecen un programa completo y una solución holística para la mayoría de nuestros problemas contemporáneos, como el creciente desempleo, el agotamiento de los recursos naturales, la amenaza del cambio climático, los conflictos internacionales, la pobreza global, la marginación, la mala salud y la delincuencia. Estos tres preceptos gandhianos dan la posibilidad de que todos y cada uno de los individuos participen plenamente en los asuntos de sus respectivas comunidades. Estos preceptos empoderan a las personas, refuerzan las comunidades, simplifican los sistemas sociales y crean políticas con sentido.

El capitalismo en lugar del bienestar de todos, las políticas centralizadas en lugar del autogobierno y la economía global en lugar de la local llevan al mundo a una peligrosa degradación medioambiental, a una total desatención de los valores espirituales en la política y a una completa confusión de objetivos en las organizaciones sociales, lo cual constituye los principales aspectos del sufrimiento humano.

El capitalismo en lugar del bienestar para todos, las políticas centralizadas en lugar del autogobierno y la economía global en lugar de la local llevan al mundo a una peligrosa degradación medioambiental, a una total desatención de los valores espirituales en la política y a una completa confusión de objetivos en las organizaciones sociales, lo cual constituye los principales aspectos del sufrimiento humano.

Del mismo modo que los socialistas consideran a Marx su filósofo y los capitalistas a Adam Smith su guía, Gandhi debería ser el mentor del movimiento para la sostenibilidad que trabaja por un futuro justo en el que reine la paz. En una ocasión, le preguntaron a Mahatma Gandhi: «¿Qué piensa sobre la civilización occidental?», y él respondió: «Pienso que sería una buena idea». Respondió así porque la llamada civilización occidental está construida sobre la violencia, la agresión, la explotación de la naturaleza y de las personas, la competencia y el control. Una sociedad capaz de construir y usar armas nucleares no puede llamarse civilizada. Una civilización capaz de poner a los animales en granjas industriales y tratarlos con crueldad no puede llamarse civilizada. Una sociedad capaz de devastar bosques y otras coberturas forestales para producir más y más alimentos y luego desperdiciar una gran parte de ellos no se puede llamar civilizada.

Una sociedad capaz de tolerar que una tercera parte de ella carezca de alimentos, de techo, de educación o de medicinas no se puede llamar civilizada. Una sociedad que puede hacer la vista gorda ante el trabajo infantil y pagar sueldos miserables a los trabajadores de los países pobres no se puede llamar civilizada.

Tras una fachada de democracia, derechos humanos, libertad de expresión y estado de derecho, las instituciones occidentales se fundamentan en principios como el egoísmo, la codicia, el materialismo, el consumismo y el elitismo, en una palabra, en «violencia». El futuro que quiere construir el movimiento verde y para la sostenibilidad se basa en el principio de la no violencia: no violencia con la naturaleza, con uno mismo y con todos los demás.; y esta no violencia tiene que ser el principio fundamental de la política, la economía, la educación, los negocios, los asuntos internacionales y todas las actividades humanas, sin hipocresía y sin excepciones.

Occidente prefiere una ley para sí mismo y otra para el resto, porque cree que puede hacer lo que quiera para proteger su propia seguridad, pero que nadie más puede hacer lo mismo. El lema subyacente en la civilización occidental es copien nuestra forma de comerciar, nuestra tecnología y nuestro consumismo para que nosotros nos podamos beneficiarnos de sus mercados.

Para Gandhi, cuya visión era desde la perspectiva de un país no occidental, esto no es civilización. La civilización tiene que construirse sobre una base de equidad, respeto mutuo, bien común, justicia, honradez, en una palabra, «no violencia» de pensamiento, palabra y obra.

No existe mejor principio que guíe al movimiento verde que el principio de la no violencia, que solo prescribe que hagas lo que hagas, te asegures de que tu acción no perjudica ni a la tierra ni a la naturaleza ni a ti mismo —psicológicamente, emocionalmente, espiritualmente y físicamente— ni a los demás —económicamente, políticamente o culturalmente—. Sigue la regla de oro: no les hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti.

Tenemos que ir más allá de la Revolución Francesa, que proclamaba libertad, igualdad y fraternidad. Sin el contexto global de no violencia y sin la trinidad holística formada por tierra, alma y sociedad no tendremos un mundo civilizado.

Si distintas organizaciones, ONG y grupos, así como individuos que trabajan en el campo del desarrollo y el medio ambiente desean encontrar un terreno común en el que trabajar conjuntamente por nuestras diferentes pasiones, actividades, programas y proyectos, entonces la no violencia es ese terreno común. Los conceptos y prácticas gandhianos del bienestar de todos en redes autoorganizadas, de base local y dinámicas ofrece un detallado plan de acción y transformación.

Esta transformación, según Mahatma Gandhi, empieza con uno mismo. No le pidas a nadie que se transforme si tú mismo no te has transformado.

Fuente: Mundo Nuevo.

C. Marco – Emprendiendo Vuelo Hacia el Conocimiento

 

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Paulo Freire: La revolución de la educación

Paulo Freire fue uno de los pedagogos más influyentes del siglo XX. Lúcido y preocupado por las clases más desfavorecidas, pensó la educación como práctica de la libertad. Su filosofía se mantiene vigente en tanto rescata los saberes propios de quienes aprenden como base para construir un conocimiento que genera dignidad, conciencia del mundo: una pedagogía que promueve su transformación.

«Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no se han hecho». La cita sintetiza buena parte de las ideas de Paulo Reglus Neves Freire.

El siglo era joven cuando nació, el 19 de septiembre de 1921, en una de las regiones más pobres y bellas del Brasil: Recife. Su familia, de clase media baja, fue golpeada por la gran crisis de 1930, lo que despertó una gran conciencia por los más necesitados en el pequeño hijo de la familia Freire.

La realidad del nordeste brasileño tampoco era fácil: hasta muy poco tiempo atrás sus habitantes habían vivido en la esclavitud, las clases rurales perduraban aún en relaciones laborales de opresión y marginación, sin participación alguna en las decisiones importantes del país. Para votar, por ejemplo, era preciso saber leer y escribir. Pese a las dificultades, sus padres le enseñaron a Paulo a escribir, bajo la sombra de los árboles de la casa en la que vivían en Pernambuco.

Paulo Freire Primer Seminario Nacional de Alfabetización de Santo Tomé y Príncipe, Brasil, 1976.
Paulo Freire en el Primer Seminario Nacional de Alfabetización de Santo Tomé y Príncipe, Brasil, 1976.

Paulo Freire tenía solo trece años cuando su padre murió, y tuvo que dejar sus estudios. Logró volver a la escuela secundaria a los dieciséis años y, con más de veinte, ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Recife, en 1943, donde estudió filosofía y psicología del lenguaje. Después de su graduación, se dedicó a dar clases de portugués en una escuela secundaria donde comenzó a poner en práctica sus ideas acerca de facilitar que los estudiantes, curiosos, descubrieran los contenidos académicos en forma dinámica.

En 1944 se casó con Elza Maia Costa de Oliveira, una muchacha que también trabajaba como profesora de primaria y con quien tuvo cinco hijos. En 1946 fue nombrado director del Departamento de Educación y Cultura del Servicio Social en el Estado de Pernambuco, donde comenzó a trabajar con los habitantes de Recife que aún no sabían leer ni escribir. Fue uno de los fundadores del Movimiento de Cultura Popular de Recife, creado en 1960, donde estuvo a cargo de la división de investigaciones.

Paulo Freire, pedagogía del oprimido:

«La pedagogía del oprimido, como pedagogía humanista y liberadora tendrá, pues, dos momentos distintos aunque interrelacionados. El primero, en el cual los oprimidos van desvelando el mundo de la opresión y se van comprometiendo, en la praxis, con su transformación, y, el segundo, en que, una vez transformada la realidad opresora, esta pedagogía deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación», sostuvo en Pedagogía del oprimido (1970).

Siempre preocupado por las poblaciones más necesitadas, terminó por forjar un método de enseñanza y aprendizaje que lo erigió como uno de los mayores pensadores de la educación de todo el Siglo XX. Basado en un principio de diálogo, Freire mostró que era posible pensar en una nueva relación entre los profesores y sus alumnos, una forma de enseñanza en que todo proceso educativo debe partir de la realidad que rodea a los individuos. Estas ideas influyeron en los movimientos revolucionarios de la década del sesenta, la Teología de la Liberación y las renovaciones pedagógicas que se dieron en América Latina, África y Europa. «La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra», era, esencialmente, uno de sus principios básicos.

Paulo Freire.

En 1961 tomó el cargo de director del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Recife y, en 1962, tuvo la primera oportunidad de aplicar su método: en solo 45 días les enseñó a leer y escribir a más de 300 trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar de la localidad de Angicos, en Río Grande del Norte.

La propuesta de Freire era, básicamente, la negación del sistema unidireccional de educación: los maestros que enseñan a sus estudiantes. En cambio, proponía una comunicación de ida y vuelta, eliminando la dicotomía educadores y educandos. Para Freire, ambos, maestros y estudiantes, debían establecer un diálogo en el cual tendría lugar el proceso educativo. La educación problematizadora —tal como la denominó— apuntó claramente hacia la liberación y la independencia de los sujetos, con la intención de transformar la pasividad de los estudiantes e incentivar el interés por transformar la realidad.

Los resultados de su experiencia posibilitaron que el presidente de Brasil, João Goulart, aprobara la creación de un plan de alfabetización para adultos en todo el país, pero el golpe de Estado de 1964 puso fin al proyecto.

Exilio y regreso:

Freire fue encarcelado y acusado de comunista y traidor. Después de un breve exilio en Bolivia, emigró hacia Chile donde trabajó durante cinco años como consultor en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y en distintos planes del gobierno demócrata cristiano de Eduardo Frei, como el programa de educación de adultos del Instituto Chileno para la Reforma Agraria (ICIRA). En 1970 se mudó a Ginebra, Suiza, para trabajar como consultor en el Consejo Mundial de Iglesias, donde desarrolló programas de alfabetización para Tanzania y Guinea Bissau.

Tras dieciséis años de exilio volvió a Brasil, en 1980, para trabajar como profesor de la Pontificia Universidad Católica de San Pablo (PUC-SP) y en la Universidad de Campiñas (Unicamp). Una de las experiencias más importantes de este período fue el trabajo que realizó como Secretario de Educación del municipio de San Pablo, durante el gobierno del Partido de los Trabajadores, encabezado por Luiza Erundina, entre 1989 y 1991. En esos años colaboró de manera decisiva en las campañas alfabetizadoras de Nicaragua y Perú (Fernando Cardenal, Ministro de Educación del gobierno sandinista entre 1984 y 1990, habla en esta entrevista del papel decisivo que tuvo Freire en las campañas de alfabetización en ese período).

En 1986 recibió el premio internacional «Paz y Educación» de la UNESCO y más de veinte universidades de todo el mundo lo declararon doctor honoris causa.

Murió en San Pablo, el 2 de mayo de 1997, a los 75 años.

Pedagogía para cambiar la realidad:

En enero de 1993, Paulo Freire fue entrevistado por el  Museo de la Persona de Brasil. En ella habló sobre su experiencia como ministro de Educación durante el gobierno de Goulart y los años de la última dictadura militar en Brasil, cuando el ejército suspendió el Plan Nacional de Alfabetización instituido por Freire, además de cuestiones pedagógicas.

Fuente: Tamara Smerling.

C. Marco – Emprendiendo Vuelo Hacia el Conocimiento

!Es el Capitalismo, idiotas!

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En realidad, el problema del desempleo en España (y de manera proporcional en el resto del mundo) no es la falta de trabajo, puesto que trabajo hay y seguirá habiendo de sobra, en todas las profesiones ya existentes y en tantas otras nuevas que están surgiendo.

Por ejemplo, existen carencias muy significativas en sectores tales como son el sanitario, educativo, servicios, seguridad, investigación, atención a las personas y 3ª edad, mantenimiento de instalaciones y sistemas de transporte, etc.

El problema no es realmente de escasez de trabajo, sino más bien de desequilibrio en el reparto y falta de disponibilidad del dinero para sufragarlos y garantizarlos.

El problema estriba en que el sistema capitalista, habiendo evolucionado hacia un sistema capitalista neoliberal, lo que no admite regulación por parte de las administraciones ni la existencia de sistemas de control, ha llevado a que el rendimiento (rentabilidad en definitiva) del capital dirigido a operaciones financieras resulte muy superior al rendimiento que ofrece (con garantías) invetir en actividades empresariales que contribuyen a generar puestos de trabajo.

Lo que sucede realmente es que el dinero está siendo acaparado y controlado por unos cuantos grupos inversores (nacionales e internacionales); y estos tienen completa libertad para decidir donde dirigirlo.

Por ejemplo, si un grupo inversor (supuestamente de capital español) tiene la posibilidad de obtener mayores beneficios invirtiendo propiedades inmobiliarias fuera de España o en productos financieros relativamente complejos, en comparación con los beneficios que obtendría si invirtiera en la creación de nuevas empresas que contribuyeran a la generación de puestos de trabajo directos en nuestro país; sin duda alguna, optaría por dirigir sus fondos a aquellas alternativas que ofrecieran mayor rentabilidad y menor riesgo de generar pérdidas.

No olvidemos que, en definitiva, gran parte de estos recursos económicos, de los que disponen y asignan libremente los grupos de inversión, han sido generados a partir del trabajo, del esfuerzo y de la extraordinaria capacidad de ahorro de nuestros abuelos, nuestros padres y en mucha menor medida (por diversos motivos), de la nuestra propia.

Al respecto de nuestra capacidad de ahorro actual, como ciudadanos de a pié, esta ha quedado ya muy mermada, por no decir anulada ya prácticamente, por numerosos motivos, teniendo en cuenta el entorno social-económico en el que nos encontramos. En cualquier caso, no creo pertinente profundizar ahora en estos motivos, aunque quizas sí daría para un futuro post.

Así de simple y así de triste. Es el sistema que actualmente rige y establece las reglas de juego, mientras que no seamos capaces de crear uno nuevo que resuelva los defectos implícitos al sistema actual.

Aprovecho para hacer referencia a la intervención realizada por Teresa Forcades en el foro Enciende La Tierra. Sorprende por su gran conocimiento de historia económica y su aguda mirada crítica al modelo capitalista que nos ha sumergido en la actual crisis global. Teresa Forcades es monja benedictina y doctora en Salud Pública.

Aquí habla de la gran farsa de los “rescates”, ese gran negocio para la banca que ha empobrecido a la gente y a los países; de la necesidad de la Tasa Tobin para las transacciones financieras, de los peligros de la acumulación capitalista planteada por Rosa Luxemburgo; de la tasa de plusvalía planteada por Karl Marx y la explotación del trabajo; del costo de oportunidad de la teoría neoclásica y hasta de la obsolescencia programada. Teresa nos dice algo que todo el mundo sabe pero que nadie se atreve a decir con firmeza: no hay ética en el capitalismo y esto nos está llevando a un colapso social. Se rinde culto a la avaricia mientras se reducen los salarios y se propaga el desempleo. Cuanta razón tiene Teresa.

Su intervención resulta sorprendente. Y su lucidez mucho mayor que la de muchos políticos y economistas. Adelante con ella.

C. Marco

 

La muerte como elemento intrínseco a la propia vida

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Por algún motivo, hemos perdido la capacidad de aceptar la muerte. La religión, la mitología y los rituales antiguos hacían a la muerte, si no menos temible, al menos sí más familiar para nosotros.

A través de las celebraciones fúnebres, los gemidos de los dolientes y la gran misa de réquiem nos íbamos acostumbrando a la muerte. Nos preparaban para ella con sermones sobre el infierno e incluso de niño me alentaban a leer porciones del Compañero de la juventud, que abordaba el tema de la muerte.

Ese texto, un manual de oraciones editado por el sacerdote del siglo XIX, don Bosco, era un recordatorio de que no sabíamos dónde ni cómo iba a venir la muerte por nosotros: en nuestra cama, en el trabajo, en la calle, con un aneurisma roto, una fiebre, un terremoto o algo por completo diferente. En ese momento sentiremos que se nos nubla la cabeza, nos dolerán los ojos, tendremos la lengua reseca, la mandíbula caída, el pecho pesado, la sangre congelada, la carne consumida, el corazón atravesado. De ahí la necesidad de practicar lo que don Bosco llamaba el ejercicio para una muerte feliz:

Cuando los pies inmóviles me digan que está por cesar mi carrera en esta vida… Cuando las manos, temblorosas y embotadas, ya no puedan aferrarse a ti, oh, mi buen Crucifijo, y a pesar de mí mismo te deje caer en el lecho de mi agonía… Cuando tenga la vista turbia y consternada por el horror de la muerte inminente… Cuando las pálidas y cenicientas mejillas causen compasión y terror a los espectadores, y el pelo, húmedo y erizado con el sudor de la muerte, anuncie la proximidad de mi fin… Cuando la imaginación, agitada por los horrendos y terribles fantasmas se hunda en desdichas mortales… Cuando haya perdido el uso de todos los sentidos… Jesús misericordioso, apiádate de mí”.

Esto es sadismo puro, podríamos decir. Pero ¿qué les enseñamos a nuestros contemporáneos hoy en día? Que la muerte ocurre lejos de nosotros en los hospitales, que los dolientes no tienen necesariamente que acompañar al ataúd al cementerio, que ya no vemos a la muerte. O, más bien, que la vemos continuamente: personas golpeadas, baleadas o despedazadas en explosiones; hundidas en el fondo del río con los pies envueltos en concreto; tiradas sin vida en la acera, con la cabeza rodando en la cuneta. Pero esos no son ni prójimos ni queridos: son actores.

La muerte es un espectáculo; por supuesto en el cine y la televisión, pero también en la vida real. Devoramos las noticias de los medios sobre la muchacha que fue violada y asesinada, o sobre las víctimas de un asesino serial. No vemos los cuerpos torturados, pues eso nos recordaría a la muerte en sí. Más bien vemos a los amigos llorosos que llevan flores a la escena del crimen u organizan una vigilia a la luz de las velas. O, mucho más sádico, vemos a los reporteros que tocan a la puerta de una madre en duelo para preguntarle qué sintió al enterarse del asesinato de su hija. La muerte en sí se muestra sólo de manera indirecta, a través del dolor de los amigos y los padres, lo que nos afecta menos visceralmente.

La muerte ha desaparecido en gran medida de nuestro horizonte de experiencia inmediato. El resultado es que habrá más gente aterrada cuando llegue el momento de enfrentarse al evento que ha sido nuestro destino desde el nacimiento. Un destino que los hombres sabios dedican toda su vida a aceptar.

Fuente: Umberto Eco.

Aprovecho para dejar a continuación la ponencia TED titulada “Hablemos sobre la Muerte” impartida por Peter Saul.

Espero que te resulte de interés.

https://embed.ted.com/talks/lang/es/peter_saul_let_s_talk_about_dying

C. Marco – Emprendiendo Vuelo Hacia el Conocimiento

 

Mi amigo Nietzsche

Y borra de tus ojos el sueño y toda miopía, y toda ceguera. ¡Escúchame también con los ojos! Mi voz es medicina hasta para los ciegos de nacimiento.

Y una vez despierto deberás estarlo para siempre.”

Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra.

Imagina que un niño de las favelas de Brasil encontrase este libro. Esta es la premisa de la que parte un multipremiado corto que está maravillando a todo el que tiene la suerte de cruzarse con él. “Mi amigo Nietzsche” se titula en realidad “Meu amigo Nietzsche” y es un corto cinematográfico brasileño escrito y dirigido por Fáuston da Silva. El cortometraje dura tan sólo quince minutos y narra una historia relativamente simple pero una profundidad de la que carecen la mayoría de películas que podemos encontrar en cartelera.

Un encuentro inesperado entre Nietzsche y Lucas es el comienzo de una violenta revolución en su mente, en su familia y en la sociedad. Al final ya no será un niño, ¡será dinamita!

Meu amigo Nietzsche / Mi amigo Nietzsche. Brasil, 2012 – 15’00”. Dirección: Fáuston Da Silva. Intérprete: André Araújo, Juliana Drumond, Simone Marcelo y Andrade Júnior.

El corto narra la vida de Lucas un niño que tiene muchos problemas en la escuela por culpa de su habilidad lectora. Este motivo obliga a su maestra a advertirle de que o mejora, o tendrá que repetir curso académico y alejarse de sus amigos.

Pudiera parecer una historia más de un niño más pero Lucas encuentra un libro, Así habló Zaratustra, que le cambia la vida. Se fija en él atraído por una portada que contiene una palabra completamente desconocida para él.

En esta producción de Fáuston da Silva vemos reflejado el contexto social del Brasil actual, un país desestructurado en clases económicas muy diferenciadas y unidas por la alienación del fútbol, el culto religioso y un profundo desconocimiento de la cultura, la filosofía o las artes.

En el corto, el pobre Lucas pregunta una y otra vez a las personas con las que se cruza por el significado de la palabra “Nietzsche”y nadie sabe darle una respuesta. Curiosamente, nadie excepto un recolector de cartón, el cual, además de ser conocer al autor, lo invita a entender la filosofía que emana del libro que tiene entre sus manos.

El corto nos emociona y también, nos recuerda la importancia de materias como la filosofía, cada vez más olvidadas no sólo por la sociedad, sino también por el sistema educativo.

Fuente: María Hidalgo. https://www.muhimu.es/

C. Marco

Emprendiendo Vuelo Hacia el Conocimiento

La tragedia del conocimiento común

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En el Financial Times (puede encontrarse un revelador artículo sobre la Wikipedia, sobre la disyuntiva que aqueja su fundamento: Equality or truth? Wikipedia’s dilemma: ¿debe prevalecer el gobierno y la gestión igualitaria de la enciclopedia, en detrimento de la fiabilidad, o debe incorporarse algún mecanismo o dispositivo de acreditación de la calidad y de reconocimiento del trabajo y del esfuerzo?

Esta cuestión, dice Richard Waters, “apunta hacia una tensión fundamental en el corazón de la Wikipedia que atasca su desarrollo. Fundada sobre la idea de la apertura completa, cualquier ajuste que parezca favorecer a uno de los grupos de contribuyentes sobre cualquier otro es percibido como una traición a sus principios”.

En realidad, esta constatación no es sino una versión moderna y digital de un problema identificado hace mucho tiempo: el de la tragedia de los comunes o, expresado de otra forma, el problema irresoluble de cómo desarrollar formas de gobierno de empresas cooperativas que sepan cómo gestionar la provisión, el compromiso y la supervisión.

Elinor Ostrom, la laureada Premio Nóbel de Economía en 2009 por su contribución al estudio de las formas de gobierno de los bienes comunes, decía en su obra principal, El gobierno de los bienes comunes (reeditada en FCE con una traducción francamente mejorable), que el principal enigma de las formas variables y culturalmente contingentes de acción y gestión colectivas era saber cómo alentar el abastecimiento o el suministro sostenido; cómo mantener unos lazos fuertes y duraderos de compromiso con el proyecto colectivo; y cómo, finalmente, instruir algún tipo de supervisión o vigilancia no excesivamente gravosa sobre el buen funcionamiento de esa institución. Ostrom no habla en su libro de proyectos de acción colectiva como el de la Wikipedia, ejemplo por antonomasia en nuestra era digital de la gestión de un bien común, el del conocimiento, mediante el uso de las herramientas que nos lo permiten. Pero su reflexión es extensible, sin duda, a la actualidad.

Es cierto que la única diferencia de bulto es que el conocimiento no es un bien finito, a diferencia de los recursos que ella estudió (las pesquerías de las zonas costeras, las tierras de regadío y otros bienes limitados fundamento de la vida en común y de la supervivencia). Aquí se trata de un bien ilimitado, el de la inteligencia colectiva, pero por muy incontable que sea, padece exactamente de los mismos achaques: en primer lugar, es bien sabido que no todos aportan en la misma medida, que el grueso de las contibuciones lo hacen colaboradores ocasionales, mientras que el mantenimiento, la supervisión, la edición y la corrección corren a cargo de un grupo muy restringido de observadores. Who writes Wikipedia?, ha sido la pregunta que ha obsesionado a buena parte de su comunidad durante los últimos años; en segundo lugar, como ha dejado meridianamente establecido Felipe Ortega en su irrebatible “Wikipedia: A Quantitative Analysis”, la desafección de los contribuyentes a la Wikipedia no es solamente cada vez mayor sino que es un rasgo estructural que aqueja, sobre todo, a ramas como la española.

¿De qué manera, si es que existe alguna, podría premiarse y reconocerse el trabajo de los más ufanos conrtribuyentes para promover y sostener su compromiso, entonces?; y en tercer lugar, por último, la Wikipedia se ha dotado así misma de medios para vigilar y revertir el vandalimos, función fundamental, entre otras, del cuerpo establecido de bibliotecarios, que patrullan sin descanso sus millones de páginas, pero su intervención, tal como revelan los encendidos debates que pueden seguirse en sus foros, no siempre es aceptada, entendida ni bienvenida.

Lo dicho: contibuciones diferenciales; fidelidad; vigilancia y reconocimiento. Nadie sabe muy bien como hacer para que las comunidades que desean darse políticas para la acción colectiva alcancen el éxito que persiguen, y la Wikipedia es un laboratorio extraodinariamente interesante para estudiar nuestra capacidad de emprender proyectos colaborativos en una economía digital abierta en el nuevo decenio.

El Financial Times, quizás sin saberlo, llega a la misma conclusión a la que llegaron algunos padres de la antropología hace mucho tiempo: “en el futuro […] será necesario registrar la identidad de los editores o buscar mecanismos para medir su reputación, la importancia y calidad de su trabajo, ideas que pueden parecer un anatema en la cultura presente de la Wikipedia”. De hecho ese es el trabajo que hace tiempo emprendieron Luca de Alfaro y Bob Adler al desarrollar un mecanismo de evaluación colectiva, Wikitrust, que permite medir con facilidad la confianza de los lectores en la calidad del contenido consultado y, por ende, los merecimientos del editor o editores de esa entrada.

Hardin habló en el año 1968 de la tragedia de los comunes al referirse al problema de cómo darse normas de gobiernos capaces de contener la avaricia individual en beneficio del bien común.

Hoy cabría hablar de la tragedia del conocimiento común como del problema de cómo desarrollar normas de gobiernos consensuadas que resuelvan la tensión entre la apertura completa que propugnan los principios iniciales de la Wikipedia y la imperiosa necesidad de asegurar la calidad de los contenidos añadidos, de cultivar un compromiso perdurable, y de reconocer en su justa medida a quienes más contribuyen al bien común.

Fuente: Blog de Joaquín Rodriguez. Vicedecano en EOI.

C. Marco – Emprendiendo Vuelo Hacia el Conocimiento

El gravísimo error de etiquetar a los niños como “listos” o “tontos”

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El sistema educativo volverá a favorecer las etiquetas de toda la población infanto-juvenil. Un sistema que sigue primando la memorización y la evaluación y calificación de esta.


Quien configuró el sistema educativo, nunca ejerció de docente:

Un sistema criticado por muchos compañeros docentes. Su objetivo es obligar a los profes a dar un extenso temario de las materias que componen el currículum. Un temario tan vasto que cualquier persona lo aborrecería y especialmente si se avanza como una apisonadora, sin respetar los ritmos individuales de aprendizaje de cada uno de los 25 o 30 niños del aula.

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Pero a mayores, los superprofesores deben afrontar numerosos trámites “burrocráticos”, entender los nuevos términos que han aflorado en los últimos años con las continuas reformas educativas: rúbrica, criterios, competencias, estándares, instrumentos…que sumados a los nuevos términos de los profes innovadores como flipped classroom, gamificación, thinking, ABP, ABN, etc. provoca que ignoremos el mayor tesoro que tenemos los docentes, nuestro alumnado.

Un maldito número que puede determinar el futuro de un niño:

De nada sirve que Howard Gardner y su equipo de investigadores señalen en múltiples publicaciones que el ser humano tiene 8 inteligencias o aptitudes que debemos explotar y desarrollar en cada alumno. La escuela no quiere mirar hacia la teoría de las inteligencias múltiples, y detrás de su escudo arcaico casi de la época del paleozoico esconde sus vergüenzas. Una obsesión por evaluar y calificar la memoria de cada niño. Cuanta más capacidad de retener datos tiene un niño más listo será.

La familia, puede ser una favorecedora de etiquetas:

Pero si a este pésimo enfoque educativo, le sumamos una familia arrastrada y conquistada por la escuela actual, la etiqueta en el propio niño será mayor, pasará a ser una vistosa etiqueta de esas voluminosas en época de rebajas. Sí, si el niño saca buenas notas, las luciremos en redes sociales, enseñaremos al mundo lo bueno que es nuestro hijo memorizando datos. Pero si nuestro hijo saca malas notas, entonces le diremos que no sirve para nada, que estudie, sin saber ni haber aprendido a estudiar, y que piense con 10 años en cómo va a conseguir un trabajo con esas notas.


 


Las etiquetas negativas pueden ser muy duras, causan mucho dolor y pueden bajar la autoestima del más motivado:

Poco a poco el crecimiento de un niño mediocre va paralelo a la escucha de frases como “es que no vales para estudiar” “eres un fracasado” “no eres muy listo”…

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Y cuando uno escucha eso casi a diario, o por lo menos en época de exámenes, al final se lo cree, y asume ese rol.

Sin embargo, nadie evaluó ninguna de las 8 o 9 inteligencias múltiples, al sistema no le interesa crear niños creativos, niños críticos, quiere niños que sepan muchísimas cosas durante 3 días y luego las olviden.

El sistema no despierta la curiosidad ni hace que los niños se enamoren de los contenidos. No evalúa la inteligencia intrapersonal, ni la interpersonal. No quiere trabajar por igual la inteligencia existencial, la kinésico coporal, la visoespacial o la musical. Para él la más importante es la lógico-matemática, seguida de la lingüística y la naturalista.

Pero lo cierto es que los seres humanos somos más emociones que otra cosa. Somos un cuerpo que debemos potenciar y desarrollar, relacionarlo, quererlo, construirlo…Somos una mente que busca experiencias, práctica, autonomía, libertad, curiosidad, enamorarse…No somos discos duros, no somos herméticos, ni tampoco animales para adiestrar… Somos niños que quieren amar la escuela, que quieren disfrutar de lo que aprenden lentamente y con sosiego. Porque solo así no odiaremos las materias y los contenidos que en ellas se esconden.

Cuando recibas las notas de tu hijo, piensa si ha trabajado y se ha esforzado durante todo el año, si es así, no mires para los números que aparecen allí, no le des importancia, dale un abrazo y anímalo a seguir esforzándose y trabajando.

Fuente: https://www.victorarufe.com/

C. Marco – Emprendiendo Vuelo Hacia el Conocimiento

Democratizar el Conocimiento: Principal reto en la Sociedad actual

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Sabemos que el desarrollo y el progreso de las generaciones están ligados a una participación activa de la gente en la toma de decisiones públicas. Esto pasa por que la sociedad tenga un acceso libre a la información y al conocimiento para que puedan fundamentar lo mejor posible sus opiniones y decisiones.

Hablar de esa ‘democratización’ del conocimiento en la denominada sociedad de la información actual pasa por reconocer el papel principal que tienen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Hablar de una difusión universal del conocimiento sería imposible hace algunas décadas, sin embargo, la llegada de Internet supuso un cambio revolucionario en este aspecto. El potencial disruptivo de este hecho se ha debido siempre a la naturaleza de esta red, descentralizada, horizontal, donde no se puede distinguir entre quiénes son los productores y los consumidores de información, de conocimiento. Es decir, tenemos acceso al contenido ajeno y, al mismo tiempo, podemos compartir el nuestro.

El último informe Digital 2018 presentado por We Are Social y Hootsuite reveló que ya se ha superado la barrera de los 4.000 millones de personas utilizando Internet, lo que supone más de la mitad de la población mundial.

En este estudio se incluyó un ranking de los países en los que Internet tiene una mayor penetración, encabezado por los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, que han logrado un 99% de población conectada. También cuentan con una tasa de penetración superior al 97% países como Noruega, Andorra, Luxemburgo y Dinamarca. La mayor parte de estos países cuentan a su vez con un índice de alfabetización superior al 90% de su población, por lo que la relación entre ambas variables no parece casual.

Uno de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas busca “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, así como promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”. En este sentido, está claro que para conseguirlo, el uso de Internet es fundamental, siendo una puerta de entrada hacia una gran cantidad de información, conocimiento y recursos educativos. Por otro lado, la gran oferta que ofrece – que amplía las opciones económicas- también ha permitido avanzar en la democratización de la educación haciéndola accesible a sectores de la sociedad con diferentes poderes adquisitivos.

Sin embargo, estos beneficios aún no están garantizados en todas las regiones del planeta. Existen algunos puntos a los que hay que hacer frente para que el uso de Internet en la educación sea una realidad global.

En primer lugar, se requiere la infraestructura y el acceso a los recursos adecuados. Hoy en día, el acceso a banda ancha es desigual entre los países, siendo mucho más accesible en países desarrollados. Muchas zonas rurales en países en vías de desarrollo aún carecen de redes de banda ancha o conectividad asequible, por lo que es acuciante que se fomente la inversión en este punto para superar esta primera barrera. Además, los centros educativos necesitan ordenadores, tablets y otros dispositivos TIC que optimicen el proceso educativo.

Por otro lado, que la tecnología beneficie a estudiantes repercutirá directamente en el desarrollo de los países. Para avanzar en esto, es necesario que en los países en vías de desarrollo los poderes legisladores diseñen políticas que integren los TIC en estrategias nacionales para el desarrollo sostenible, incluyendo sectores como la educación.

El éxito en el mercado laboral de la era digital requiere manejarse bien con habilidades digitales. La alfabetización digital es fundamental para vivir en la sociedad actual, ya que Internet puede ayudar a cualquier persona, en cualquier etapa de su vida, a mejorar sus logros educativos y oportunidades laborales. Esto nos lleva a hablar de la necesidad de inclusión y capacitación. Estudiantes, docentes, adultos y jóvenes deben aprender a usar las TIC para sus actividades del día a día. Por todo ello, las políticas deben promover mayor igualdad de acceso a los recursos educativos para grupos en desventaja, y deben abordar especialmente las desigualdades de género. En muchos países, todavía se da el desafortunado hecho de que las niñas y mujeres tienen un acceso a la educación más limitado que los niños, por causas de índole social y cultural.

En general, podemos decir que Internet ha abierto las puertas a la democratización del conocimiento y la educación en el planeta, ahora queda en nuestra mano dar el último paso y crear el marco propicio para que llegue a ser una realidad.

Fuente: Denisse Halm. Denisse Halm es directora general para Hispanoamérica y España en UDEMY.

C. Marco – Emprendiendo Vuelo Hacia el Conocimiento

El Dios de Spinoza: Por Albert Einstein

Cuando Einstein daba alguna conferencia en las numerosas universidades de USA, la pregunta que le hacían los estudiantes era:

-¿Cree Ud. en Dios?

Y él respondía:

Creo en el Dios de Spinoza.

El que no Había Leído a Spinoza se quedaba en las mismas…

Baruch de Spinoza fue un filósofo neerlandés considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés Descartes

Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza:

Dios hubiera dicho:

“Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.

Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

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¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa.

Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.

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El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo.

Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito…

¡No me encontrarás en ningún libro!

Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te crítico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.

Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias… de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?

¿Qué clase de dios puede hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.

Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.

Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.

No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.

Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?… ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?…

Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?

Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?… ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí.

Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.

¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti”.

Spinoza

Fuente: http://vivoenarmonia.cl/

C. Marco

Emprendiendo Vuelo Hacia el Conocimiento

El problema de la democracia eres tú

El problema de la democracia eres tú

Una de las formas más lentas y pesarosas de hallar la verdad consiste en usar nuestro cerebro, el razonamiento, el sentido común, el juicio personal.

Porque nuestros procesos cognitivos distan mucho de ser objetivos y se encuentran continuamente maltratados por sesgos basados en prejuicios, malos entendidos y cierta tendencia al egocentrismo.

El Yo y la democracia:

Es algo de lo que Descartes o Bacon ya se dieron cuenta, y por ello el primero abogó por la desarticulación del sistema educativo del siglo XVII y diseñar un “método para dirigir bien la razón”. Bacon quería ir más lejos aún para crear sistemas de verificación externas a nuestra mente. Estos mimbres dieron lugar a la Ilustración, y también al método científico. Por primera vez, la mente humana no era fiable, y mucho menos las afirmaciones de intelectuales, que debían someterse de igual modo al escrutinio.

A partir de entonces, pensar empezó a ser menos importante que demostrar y explicar cómo se había llegado a determinada conclusión. Parecidas exigencias que se requerían, por ejemplo, al piloto de un vuelo comercial antes de alzar el vuelo: realizar las decenas de comprobaciones determinadas por el manual, porque el manual es más fiable que la olvidadiza mente.

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Irónicamente, a la vez que desde el ámbito científico se ponía en duda la fiabilidad del genio individual y se requería de procesos de verificación colectivos, se fortalecían ideas psicológicas y políticas sobre el Yo. El individuo, un concepto desconocido en esencia antes del XVII, se convertía entonces en el eje de la existencia. Yo pienso que… Yo digo que… Yo decido que…

La gente no solo empezó a pedir más retratos de sí mismos, fueran o no monarcas o prohombres (como bien atestiguó Rembrandt), sino que sus opiniones empezaron a tener las misma consideración de los demás. La democracia empezó a implantarse cada vez en más países. La gente podía concurrir a unas elecciones y elegir el programa político que mejor los representaba.

Sin embargo, como ya nos dejó patente películas como Doce hombres sin piedad, nuestras decisiones, opiniones y querencias son caprichosas y raramente se basan en datos objetivos. El despotismo ilustrado es un concepto que a todos nos horroriza, pero igualmente parece terrorífico que nuestro futuro esté en manos de caprichos cognitivos, inercias culturales y millones de personas incultas que ni siquiera leen, estudian y verifican los contenidos de los programas electorales que respaldan.

Quizá en una democracia verdaderamente democrática se debería tener en cuenta que no todos los votos cuentan lo mismo. Por ejemplo, superar un examen de conocimientos básicos sobre el programa votado, podría ser una forma de que tu voto contara el doble. Sin embargo, nos produce mucha inquietud diseñar democracias que no sean totalmente igualitarias (a pesar de que no dejemos votar a los menores de 18 años, por ejemplo). Nos produce inquietud exigir algo sobre la opinión personal de la gente que determinará el futuro del mundo a la vez que exigimos a un piloto comercial que se ciña al manual o no permitimos que el grosor de los pilares maestros de un edificio se escoja por votación popular, sino que lo imponga un arquitecto bajo la tutela de normas y regulaciones que no han sido votadas democráticamente.

Son las tiranteces, contradicciones y lagunas propiciadas por dos ideas diametralmente opuestas: que el sentido común no es un sentido ni es común (ciencia) y que la opinión personal debe de ser tan válida como cualquier otra (democracia).

Vale la pena que reflexionemos sobre todo ello. Que quizá empecemos a iniciar una pequeña revolución como las que otrora iniciaron Descartes y Bacon, y diseñemos sistemas en los que todos tengamos voz, pero no la misma voz ni para las mismas cosas. Supondrá una crisis, como lo hizo en su momento situar a ser humano en el centro de la creación, pero quizá es una crisis que debemos superar, pues nos jugamos en futuro de nuestra civilización.

Fuente:  https://www.xatakaciencia.com/

C. Marco