Consejos para una vida

7AB6ED33-8345-470C-B1D8-17768248328C-1024x683.jpg

Lleva mi hija Lucía varias semanas pidiéndome que le escriba un artículo de consejos para la vida. Nada más difícil que escribir consejos para la vida cuando se piden por quien debería dar los consejos más que recibirlos. Pero creo que todo lo que voy a decir aquí ya te lo dicho muchas veces.

Este papel si sirve de algo es para recogerte en un solo documento todo lo que te he dicho tantas veces. Lo primero se refiere a tu profesión: elige la que tú quieras, la que más te guste, lo importante es que te encaje y que seas la mejor en lo que hagas. Eso me decía mi padre: puedes ser periodista o barrendero o lo que sea pero tienes que ser el número uno.

Segundo, déjate las narices en lo que hagas. Me acuerdo de la conferencia de César Alierta en ICADE en la que explicaba el secreto de su éxito, que era siempre trabajar más que el de al lado, empezando por la universidad, donde iba siempre a la biblioteca. Veía a los compañeros que más estudiaban y se decía a sí mismo: tengo que estudiar más que el de al lado y se quedaba un rato.

Esto se resume en dos cosas: hacer lo que te gusta y cultura del esfuerzo.

En el ámbito más personal, elige bien la persona con la que compartir tu vida, querrás que sea guapo o divertido, pero lo más importante es que te dé una estabilidad personal grande.

Y forma una familia. Tus hijos son tu prolongación y alégrate de sus éxitos más que de los tuyos propios.

Y ahora toca hablar de los amigos. Decía Lourdes Fraguas que los amigos son la familia que tú eliges; elige bien a los amigos.

No se trata de que todos estén cortados por el mismo patrón. Se trata de que todos y cada uno de ellos te aporten algo y que desees estar con ellos. Un buen amigo es el que no ves durante muchos años pero sabes que está ahí.

Cuando trabajes, dedica tu mejores esfuerzos para el trabajo. Si te va bien el trabajo puedes dedicarte a la familia y a los amigos. Y lo harás de buen humor pero si te va mal estarás de malhumor con todo el mundo.

Cuando te cambies de trabajo, no lo hagas por dinero; hazlo pensando no en el trabajo al que vas sino en el siguiente.

Recuerdo que me decía Pedro Pasquín: “cuando te cambies de trabajo no pienses en el trabajo al que vas. Piensa en el siguiente. Si te prepara mejor para el siguiente, adelante. Si no te ofrece una mejora en formación y experiencia, mejor dejarlo pasar”.

Dos consejos adicionales: sé tu misma, no lo que los demás quieran que seas.

Y sé buena persona, no hagas nunca daño innecesariamente.

Y vive y diviértete.

Haz deporte, viaja, diviértete con tus amigos y con tu familia. No dejes de hacer nada que te apetezca. No dejes pasar ninguna oportunidad.

Lo único que debes saber es que el que trabajo está por delante. Pero atendido el trabajo tendrás tiempo para todo. Para la familia, para los viajes, para diversión, para todo. Pero diviértete con control, no tienes que probar cosas extravagantes, te puedes divertir con cosas normales.

No pruebes las drogas ni los estimulantes. No te harán falta para ser feliz.

Y un último consejo para hacer de esta tabla un cuadro verdaderamente completo: dale un sentido trascendente a tu vida.

Toma las cosas buenas como un regalo y las malas como una oportunidad para demostrar de lo que eres capaz.

Fuente: Gonzalo Jiménez Blanco, abogado del Estado en excedencia. http://confilegal.com/

C. Marco

Cómo cambia la vida tras la muerte de los padres


Después de la muerte de los padres, la vida cambia mucho. O quizás, muchísimo. Enfrentar la orfandad, incluso para personas adultas, es una experiencia abrumadora. En el fondo de todas las personas siempre sigue viviendo ese niño que siempre puede acudir a la madre o al padre para sentirse protegido. Pero cuando se van, esa opción desaparece para siempre.

Vas a dejar de verlos, no una semana, ni un mes, sino el resto de la vida. Los padres fueron las personas que nos trajeron al mundo y con quienes se compartiste lo más íntimo y frágil. Ya no estarán aquellos seres por los que, en gran medida, llegamos a ser lo que somos.

“Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.”
-Gabriel García Márquez-

hombre mirando el firmamento

La muerte: de hablar de ella a vivirla, un gran abismo…

Nunca estamos del todo preparados para enfrentar la muerte, más aún si se trata de la de uno de nuestros padres. Es una gran adversidad que difícilmente se llega a superar totalmente. Normalmente lo máximo que se consigue es a asumirla y a convivir con ella. Para superarla, al menos en teoría, tendríamos que entenderla y la muerte, en sentido estricto, es del todo incomprensible. Es uno de los grandes misterios de la existencia.

Obviamente, el modo en el que integremos las pérdidas va a tener mucho que ver con la manera en la que se hayan producido. Una muerte de las llamadas “por causas naturales” es dolorosa, pero lo es más un accidente o un asesinato. Si la muerte fue precedida por una larga enfermedad, la situación es muy distinta a cuando se produjo de manera súbita.

También incide la diferencia en tiempo entre la muerte del uno y el otro: si ha pasado poco tiempo, el duelo será más complejo. Si, en cambio, el lapso es más extenso, seguramente estaremos un poco mejor preparados para aceptarlo.

Realmente no sólo se va un cuerpo, sino todo un universo. Un mundo hecho de palabras, de caricias, de gestos. Inclusive, de reiterativos consejos que a veces hartaban un poco y de“manías” que nos hacían sonreír o frotarnos la cabeza porque les reconocemos en ellas. Ahora comienzan a extrañarse de un modo inverosímil.

La muerte no avisa. Puede presumirse, pero nunca anuncia exactamente cuándo va a llegar. Todo se sintetiza en un instante y ese instante es categórico y determinante: irreversible. Tantas experiencias vividas al lado de ellos, buenas y malas, se estremecen de repente y quedan sumidas en recuerdos. El ciclo se cumplió y es momento de decir adiós.

“Lo que está, sin estar”…

Pensamos, por lo general, que nunca va a llegar ese día, hasta que llega y se hace real. Nos quedamos en shock y solamente vemos una caja, con un cuerpo rígido y quieto, que no habla ni se mueve. Que está ahí, sin estar ahí…

Porque con la muerte comienzan a entenderse muchos aspectos de las vidas de las personas fallecidas. Aparece una comprensión más profunda. Quizás, el hecho de no tener presente a las personas queridas suscita en nosotros el entendimiento sobre el porqué de muchas actitudes hasta entonces incomprensibles, contradictorias o incluso repulsivas.

Por eso, la muerte puede traer consigo un sentimiento de culpa frente a quien murió. Es necesario luchar contra ese sentimiento, ya que no aporta nada, sino que te hunde más en la tristeza, sin poder remediarla. ¿Para qué culparse si uno cometió errores? Somos seres humanos y acompañando a esa despedida tiene que existir un perdón: del que se va hacia el que se queda o del que se queda hacia el que se marcha.

campo de girasoles representando la tristeza por la pérdida de los padres

Disfrútalos mientras puedas: no van a estar para siempre…

Cuando mueren los padres, con independencia de la edad, las personas suelen experimentar un sentimiento de abandono. Es una muerte diferente a las demás. A su vez, algunas personas se niegan a darle importancia como mecanismo de defensa, en forma de una negación encubierta. Pero esos duelos no resueltos retornan en forma de enfermedad, de fatiga, de irritabilidad o síntomas de depresión.

Los padres son el primer amor. No importa cuántos conflictos o diferencias se hayan tenido con ellos: son seres únicos e irreemplazables en el mundo emocional. Aunque seamos autónomos e independientes, aunque nuestra relación con ellos haya sido tortuosa. Cuando ya no están, se experimenta su falta como un “nunca más” de una figura de protección y de apoyo que, de uno u otro modo, siempre estuvo ahí.

abuela y nieta

De hecho, quienes no conocieron a sus padres, o se alejaron de ellos a temprana edad, suelen cargar toda su vida con esas ausencias como un lastre. Una ausencia que es presencia: queda en el corazón un lugar que siempre los reclama.

De cualquier modo, una de las grandes pérdidas en la vida es la de los padres. Puede ser difícil de superar si hubo injusticia o negligencia en el trato hacia ellos. Por eso, mientras estén vivos, es importante hacer conciencia de que los padres no van a estar ahí para siempre. De que son, genética y psicológicamente, la realidad que nos dio origen. Que son únicos y que la vida cambiará para siempre cuando se vayan.

FUENTE: https://lamenteesmaravillosa.com/

C. Marco

Vivir en valores: La mejor forma de educar

Nos preocupa especialmente a padres y madres que nuestros hijos sean felices y buenas personas. Por eso es muy importante llenar su equipaje para el viaje de la vida con valores que harán de ellos personas que sepan tener relaciones sanas, que se comprometan con su entorno y que además tengan curiosidad por saber y quieran superarse para ser la mejor versión de sí mismos.

Los valores, nos recuerda Fernando, guiarán la personalidad y la forma de relacionarse de nuestros hijos. Y educar en valores no consiste en debatir largo y tendido sobre el significado de tal o cual valor, sino en vivir bajo esos valores, en educar con el ejemplo teniendo esos valores como guía.

Está claro que es cuestión de cada familia elegir qué valores inculcar   y vivir con sus hijos, pero Fernando habla de una serie de valores que seguramente consideres tú también fundamentales para hacer de ellos personas comprometidas, íntegras, con relaciones sociales sanas y con actitud de aprendizaje.

Precisamente a Fernando le parece muy importante enseñar a nuestros hijos la humildad, insistir en que vivan la vida con una mente de aprendiz, con curiosidad. Seguramente no nos gustaría que ellos sean unos engreídos, que piensen que ya lo saben todo. Y la humildad se enseña viviéndola: si nosotros como padres, mostramos nuestro interés por aprender y saber más, contagiaremos esta disposición a nuestros hijos.

Otro de los valores que detalla Fernando es la compasión. La compasión nos permite sentirnos conectados con los demás, concernidos, adheridos, interdependientes. Seguro que ninguno queremos que nuestros hijos sean poco empáticos, indiferentes ante las alegrías y penas de los demás e incapaces de conmoverse. De nuevo, la compasión se aprende con el ejemplo: Si a nosotros nos importa lo que les pase a nuestros seres queridos y cercanos, seguramente nuestro hijo será compasivo de manera natural.

La gratitud es un valor igualmente esencial para la felicidad de nuestros hijos. Ser agradecidos con la vida, saber disfrutar de los pequeños placeres o pequeñas vivencias, sin duda hará de nuestros hijos unas personas más sanas que si se lamentasen, se quejasen o reprochasen sin cesar los males que les ocurren. Y la gratitud también se enseña en casa, agradeciendo cada pequeño gesto, disfrutando de pequeños momentos, sonriendo a la vida.

Cualquiera quiere que su hijo sea generoso. Y más aún si tenemos en cuenta la acepción que emplea Fernando. Para él, ser generoso no solo implica dar sin esperar nada a cambio, sino también saber pedir lo que se necesite con asertividad, porque si no recibimos lo que necesitamos poco podremos dar. Está claro que solo con esta generosidad de base, nuestros hijos podrán tener relaciones realmente sanas y plenas, y unas buenas habilidades sociales. Y lo sabemos, las relaciones desequilibradas o tóxicas hacen realmente infelices a las personas.

Por último, Fernando nos habla de la ética. Nos preocupa mucho desde bien temprano que nuestros hijos sean capaces de diferenciar lo que está bien de lo que está mal. Sin ética,  ellos se verán desprovistos de sentido crítico y criterio propio que pueda guiar su comportamiento. Y sin esa guía, sin ese criterio propio, nuestros hijos serán muy manipulables y, con toda seguridad, tremendamente infelices.

Y es que, como nos cuenta Fernando, estamos muy interesados en conseguir que sean felices, pero el mejor regalo que podemos hacer a nosotros mismos, a nuestros hijos y al mundo es, sin duda, es ser buenas personas. ¿Te apuntas a educar en valores viviéndolos en casa?

Fuente: Gestionando hijos.
C. Marco

El Dios de Spinoza… y de Einstein

albert-einstein
Cuenta la anécdota que Albert Einstein en una ocasión fue interrogado vía telégrama por el rabino Herbert S. Goldstein sobre si creía o no en la existencia de Dios. Einstein respondió lo siguiente “Creo en el Dios de Spinoza, quien se revela así mismo en una armonía de lo existente, no en un Dios que se interesa por el destino y las acciones de los seres humanos”.

La respuesta de Einstein no dice mucho a quien no ha tenido oportunidad de acercarse a la importante obra del filósofo Baruj Spinoza, por eso aquí trataremos de exponer brevemente al “Dios de Spinoza”

¿Cómo es el Dios de Spinoza?

Baruj Spinoza, nacido un 24 de noviembre de 1642 como Benedito de Espinosa, fue un filósofo neerlandés, de origen judío sefardí, considerado junto con Descartes y Leibniz uno de los filósofos racionalistas más importantes de la ilustración, cuya repercusión fue reconocida después de su muerte, acaecida el 21 de febrero de 1677 a la edad de 44 años. Su obra más sobresaliente es la Ética demostrada según el orden geométrico, publicada póstumamente por sus amistades más cercanas y que pronto fue censurado por la Iglesia Católica al incluirlo en su Index librorum prohibitorum.

Denhaag_kunstwerk_baruch_de_spinoza
“Baruch de Spinoza” por Frédéric Hexamer

Spinoza fue un serio lector de la obra de Descartes,  a su manera superó muchos de los problemas del dualismo cartesiano que postulaba la existían dos substancias, la res cogitans y la res extensa, que eran unidas de alguna manera por Dios, presentando esta noción serios problemas, debido a que no daba explicación de las pasiones, lo cuál llevó a John Cottingham a proponer un “Trialismo Cartesiano”. Descartes consideraba además que Dios es una res infinita.

En su magnum opus, Spinoza trató de definir la Naturaleza de Dios y de las pasiones humanas, para Spinoza no hay un dualismo, sino un monismo intermedio, esto es, no existen dos substancias, sino una con distintos atributos como el del pensamiento y/o la extensión. Consideró además que Dios era una res extensa, esta concepción asume a Dios no como metafísico, sino como la totalidad de lo físico o material.

Dios es Naturaleza Naturante que presenta afecciones y modos de ser, que a su vez tienen como origen necesario a Dios, estos son considerados como naturaleza naturada, así Dios es aquel ser en el que se concibe y es todo cuando existe,  y que sin él o fuera de él nada es o puede ser concebido. A este perspectiva se le consideró como Panenteísta, lo que significa Todo en Dios.

En el Apéndice [a] del primer capítulo de su Ética… sintetiza su concepto de Dios de la siguiente manera:

Con esto he explicado la naturaleza de Dios y sus propiedades, como que es existente necesariamente, que es único, que es y actúa por la sola necesidad de su naturaleza, que es causa libre de todas las cosas y cómo lo es, que todas las cosas son en Dios y dependen de él de tal modo que sin él no puede ser ni ser concebidas, y, en fin que todas las cosas han sido premeditadas por Dios, no sin duda por la libertad de la voluntad o por el absoluto beneplácito sino por la naturaleza absoluta o la potencia infinita de Dios.

Bajo estos principios y postulados que acabamos de mencionar, el filósofo neerlandés realiza una fuerte crítica al Antropomorfismo colocado en la religión. El principal prejuicio del que considera Spinoza se derivan todos los demás prejuicios humanos consiste en que:

“los hombres suponen generalmente que todas las cosas naturales actúan, como ellos, por un fin; más aun, dan por seguro que el mismo Dios dirige todas las cosas a un fin, puesto que dicen que Dios las hizo todas por el hombre y al hombre para que le rindiera culto”. Ética… Primer Capítulo, Apéndice [A]

AGO.116615-640x392
Christi Belcourt, The Wisdom of the Universe, 2014, acrylic on canvas, 171 × 282 cm, © 2014 Christi Belcourt.

Con razón piensa Spinoza que éstos prejuicios se deben a que los humanos nacemos ignorantes de las causas de las cosas y que todos tenemos apetito de buscar su utilidad, resultando así que hemos encontrado todas las cosas naturales dispuestas para su utilidad, pero hasta aquí solo las han encontrado, atribuyendo a algún otro el haber preparado los medios de los que el humano se beneficiaría. Después de haber considerado las cosas como medios, el ser humano no pudo lograr considerar que las cosas –en palabras de Spinoza- se conciben por sí mismas, por lo que los humanos debieron concluir que existe un ser rector de la Naturaleza, mismo que les ha dotado de todos los seres y cosas para el provecho humano.

Te invitamos a leer el texto de referencia: Spinoza, Baruj, Ética demostrada según el orden geométrico, Traducción del Dr. Atilano Domínguez.

Gracias a Editorial Trotta.
M-A_S-1_SS-7_X-185_Y-999.2383_1010

Spinoza y Dios

El saber filosófico es el menos útil de los saberes. La razón estriba en que es el saber más alejado de la realidad y, por consiguiente, el menos práctico. En este sentido se parece a la religión. Pero mientras la religión es un consuelo para las almas sufrientes, la filosofía no lo es. No obstante, la filosofía ha estado al servicio de la religión. Gran parte de sus más insignes representantes han dedicado grandes capítulos a explicar la naturaleza de los dioses. En una época como la actual donde la gente que cree en Dios se lo representa casi exclusivamente como Jesucristo, esto es, de una forma concreto-sensible, las ideas esgrimidas por Spinoza, que representan a Dios preferentemente como sustancia, esto es, de una forma filosófica abstracta, parecen literatura fantástica.

No puedo estar de acuerdo con Luís Roca Jusmet cuando afirma que “Spinoza no es panteísta, porque Dios es una palabra que utiliza por imperativo de su época y que se refiere al ser”. (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=157048).

Dios es muy importante en la concepción filosófica de Spinoza. La primera parte de su Ética se titula De Dios. Y el concepto que contiene a Dios en la filosofía de Spinoza es el de sustancia y no el de ser. Lo peculiar en el concepto de Dios de Spinoza es que lo extiende a unos extremos inusitados. Nada hay en el cielo o en la tierra que quede fuera del concepto de Dios. En la definición VI de su Ética puede leerse: “Por Dios entiendo el Ente absolutamente infinito, esto es, una sustancia que contiene infinitos atributos,…”. Después demostrará que fuera de Dios no existe nada y nada se da sin su mediación.

Lo importante es detallar los conceptos que elabora Spinoza para explicar la naturaleza de Dios. El primer concepto que elabora es el de Por causa de sí: “Por causa de sí entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o sea, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente”. Ante estas nociones hay pensadores que reaccionan de modo formal. Este es el caso de Pelayo García Sierra: “Causa de sí mismo: condición de una causa en virtud de la cual su sustancia consistiese en ser efecto de su propia causalidad. Esto haría que la causa sui debiera ser anterior a sí misma, pues la causa es anterior al efecto; por ello la idea de causa sui la consideramos absurda”. (http://www.filosofia.org/filomat/df127.htm).

El formalismo de García Sierra no le permite ver lo que hay que ver en esa idea: la unidad del concepto y del ser. Y Dios no puede pensarse sin esa unidad de concepto y ser. Y para aquellos cuyo pensamiento se desenvuelve bajo el predominio del materialismo burdo, les advertiré que algo puede no existir y sin embargo puede ser pensado: este es el caso de Dios. Y lo que puede ser pensado y sin embargo no existir puede hacerse con lógica o sin ella. Si es el caso que pensamos en la existencia del Dios cristiano, entonces existencia y concepto deben estar unidos.

Así lo formula Spinoza en la proposición XX: “La existencia de Dios y su esencia son uno y lo mismo”.  Escuchemos ahora a Hegel en Lecciones sobre la historia de la filosofía: “Esto de la causa de sí mismo es una expresión importante, pues mientras nos imaginamos que el efecto es lo opuesto a la causa, la causa de sí mismo es aquella causa que, al actuar y separar lo otro, sólo se produce, al mismo tiempo, a sí mismo”.

No se trata formalmente de saber que la causa es anterior al efecto, sino si podemos pensar en algo que sea causa de sí mismo, aunque bajo el punto de vista de la existencia carezca de validez. Una concepción errónea del mundo no implica que deje de ser un concepto y que no haya una razón que lo anime. Hay razones equivocadas. El error no es la negación de la razón sino del acierto. Luego con el pensamiento formal no llegamos muy lejos en la comprensión del pensamiento de Spinoza, sólo lo declaramos absurdo, esto es, sólo lo negamos.

En el ámbito científico la existencia de los entes no se demuestra. Se parte siempre de lo existente o alguna manifestación de lo existente. Y a partir de ahí mediante la observación y el análisis se elabora el concepto que lo representa. En el caso de Spinoza el punto de partida es la esencia o el concepto y a partir de ahí se quiere deducir que el ente concebido existe. Y en verdad no se deduce, sencillamente se afirma. Si el concepto de Dios no implicara su existencia, entonces no sería Dios.

El tercer concepto que elabora Spinoza es el de sustancia: “Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí: esto es, aquello cuyo concepto no necesita del concepto de otra cosa para formarse”. Nada hay en la tierra y en el cielo que sea por sí: todo es por medio de otra cosa. Toda cosa es objeto de otra cosa. Todo ser necesita de otro ser para existir  y se manifiesta en otro ser. Una persona o una animal necesitan de alimentos para poder existir; luego no son en sí. La planta necesita del sol y éste manifiesta su fuerza objetiva en aquella.

El punto de partida es la interdependencia entre los seres. Escuchemos a este propósito a Marx en Crítica de la dialéctica y la filosofía hegelianas en general: “Un ser que no tiene su naturaleza fuera de sí, no es un ser natural, no participa de la esencia de la naturaleza. Un ser que no tiene un objeto fuera de sí, no es un ser objetivo”. Y unas líneas más adelante añade: “Ahora bien, un ser sin objeto es un ente irreal, no sensible, puramente pensado, es decir, puramente imaginario, un ente de la abstracción”.

No otra cosa es la sustancia de Spinoza: un ente de la abstracción. Si sólo es en sí, no es para otro ni es por medio de otro. Y si no necesita de otro concepto para concebirse, entonces nada hay fuera de él que forme parte de su esencia. Luego  la sustancia de Spinoza es un ente irreal, imaginario, inexistente.

La definición cuarta elaborada por Spinoza es la de atributo y la quinta la de modo. “Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia en cuanto que constituye la esencia de la misma”. Y “por modo entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, que es en otra cosa, por la cual también se la concibe”. Resumiendo: la sustancia se concibe por sí misma; el atributo no se concibe por sí mismo sino por medio del entendimiento; y el modo es lo concebido por medio de otra cosa.

Estas distinciones se presentan en el pensamiento de Hegel como lo general, lo particular y lo individual. Estas son las palabras del pensador alemán referidas al asunto que nos concierne y que están contenidas en el texto referido anteriormente: “Lo general concreto es la sustancia, lo particular concreto el género concreto; el Padre y el Hijo son, en el dogma cristiano, particulares de esa clase, cada uno de los cuales contiene la naturaleza íntegra de Dios, sólo que bajo una forma particular. El modo es lo individual, lo finito como tal, que se manifiesta en la conexión externa con otra cosa”.

Ahora llega la definición VI: “Por Dios entiendo el Ente absolutamente infinito, esto es, una sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita”. Si nosotros pensáramos qué puede ser un ente absolutamente infinito, no podría ser otro que el universo, donde incluiríamos al planeta Tierra y al ser humano con todas sus conquistas.

Luego en este sentido el Dios de Spinoza sería análogo al universo. Dicho de otro modo: lo que dice de Dios debe decirlo del universo.  Después Spinoza nos dice que Dios es una sustancia. Luego todo aquello que dijimos sobre la sustancia debemos decirlo sobre Dios: Dios es en sí y se concibe por sí. Pero además añade algo más: es una sustancia que consta de infinitos atributos. Luego no habrá atributo que el entendimiento pueda mentar que no sea en Dios.

Pasemos ahora a las proposiciones XIV y XV. Proposición XIV: “Aparte de Dios no puede darse ni concebirse ninguna sustancia”. Esto era inevitable. Dada la definición de sustancia, no puede haber otra sustancia que no sea Dios. Algo que es en sí y se concibe por sí, no puede ser sino Dios. Pasemos a la proposición XV: “Todo lo que es, es en Dios; y nada puede ser ni concebirse sin Dios”.

Aquí Dios se presenta como la sustancia donde todos los seres se hunden. Todo lo que es, esta piedra, este río, este hombre, este sentimiento, y el largo y extenso aquí, es en Dios. Luego nada existe ni es fuera de Dios. Pero hay más: este pensamiento, este concepto, este recuerdo y toda cogitatio sólo lo será de algo y sólo lo será con Dios. Dios es todo. Nada hay fuera de él.

Escuchemos ahora la definición I de la sección titulada De la naturaleza y del origen del alma: “Por cuerpo entiendo el modo que expresa de cierto y determinado modo la esencia de Dios, en cuanto se la considera como cosa extensa”. Todos los entes que pertenecen al mundo físico tienen cuerpo y, en consecuencia, tienen cierta extensión. Dejemos de lado de momento las partículas atómicas, que esto no nos distraiga de lo principal que tenemos que ver. Para Spinoza cualquier cuerpo, esta mesa en la que escribo, el sol que me abraza, ese automóvil que corre raudo delante de mí, es una manifestación de la esencia de Dios.

Esto es pura fantasía. Pero hay que hacer una advertencia para que la gente no se lleve un concepto erróneo de las ideas de Spinoza: el filósofo neerlandés no dice que esta mesa sea Dios sino que es una expresión determinada de la esencia de Dios. Todo es signo de Dios. En todo se manifiesta Dios. De ahí que se le catalogue como panteísta.

Leamos por último la proposición I de la sección antes referida: “El Pensamiento es un atributo de Dios, o sea, Dios es una cosa pensante”. Escuchemos ahora la demostración: “Los pensamientos singulares, o sea, este o aquel pensamiento, son modos que expresan de cierto y determinado modo la naturaleza de Dios. Compete, pues, a Dios un atributo cuyo concepto implica todos los pensamientos singulares y por el cual se conciben también éstos.

El Pensamiento es, pues, uno de los infinitos atributos de Dios, que expresa la esencia eterna e infinita de Dios, o sea, Dios es una cosa pensante”.  Los pensamientos singulares producidos por los hombres y mujeres a lo largo de toda la historia, desde los grandes nombres de la ciencia y de la literatura hasta la gente más sencilla, son modos que expresan la naturaleza de Dios. Luego Dios se manifiesta en todas las producciones espirituales humanas.

No cabe duda que la idea de Dios forma parte sustancial del pensamiento de Spinoza. La peculiaridad de Spinoza estriba en que el contenido del concepto de Dios lo extiende de forma absoluta hacia toda manifestación del ser y del pensamiento. Todo se hunde y desaparece en Dios. Todo es por medio de Dios. Este predominio de la idea de Dios en la concepción de Spinoza queda expresado muy bien por Hegel en Lecciones sobre la historia de la filosofía: “Spinoza afirma que lo que se llama universo no existe en modo alguno, pues solo es una forma de Dios y no algo en y para sí.

El universo no posee una realidad verdadera, sino que todo esto se lanza al abismo de una identidad única. Nada es, pues, en la realidad finita: ésta no posee verdad alguna; para Spinoza, solamente Dios es”. Me gusta la estética de la expresión hegeliana. Estamos acostumbrados, más hoy día con las fotografías proporcionadas por los potentes telescopios, a concebir el universo como un espectáculo para los ojos de primer orden, su inmensidad nos abruma y su colorido nos entusiasma.

Pero nos llega Spinoza y nos dice que nada de eso tiene una verdad en sí, que el universo no es más que una forma de Dios, que no es para sí. Y como Dios es concebido como una sustancia abstracta, resulta estético y muy inteligente decir que Spinoza lanza todo al abismo de la identidad única.

En muchos círculos intelectuales hay una cierta confusión acerca del pensamiento de Spinoza. Se afirma que en el pensamiento de Spinoza la naturaleza es Dios o Dios es la naturaleza. Pero hay aquí un problema de rigor. Se saltan por encima uno de los conceptos básicos de Spinoza: el modo. A este respecto dice Spinoza: “Por modo entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otra cosa, por lo cual también se la concibe”.

Y no es lo mismo decir que A es B que decir que A es en B. Así que no es lo mismo decir que la naturaleza es Dios que decir que Dios es en la naturaleza. Pero en todo esto podemos ser más precisos. De hecho Spinoza afirma que el cuerpo (la naturaleza) es un modo de expresión de la esencia de Dios. Así que no es lo mismo afirmar que Dios es la naturaleza que afirmar que la naturaleza es una manifestación o signo de Dios.

Como estos matices no son fáciles de ver en todas sus consecuencias, pondré un ejemplo analógico que permita al lector apreciar todo lo que aquí está en juego. Hablemos de la madera. Concibámosla como una sustancia.

Pensemos ahora en una silla de madera, en una mesa de madera, en un ropero de madera, en una cuchara de madera y en una casa de madera. La silla, la mesa, el ropero, la cuchara y la casa se presentan como formas particulares de existencia de la sustancia madera. La madera en su calidad de sustancia se presenta como el género; y la silla, la mesa, el ropero, la cuchara y la casa como sus especies.

Partimos de la madera y llegamos a cinco formas particulares de existencia de la misma, partimos de lo abstracto indeterminado y llegamos a cinco cosas determinadas y concretas. Hagamos ahora el movimiento contrario: reduzcamos la silla a madera, la mesa a madera, la cuchara a madera y la casa a madera. Han desaparecido sus diferencias, han sido reducidos a una sustancia indiferenciada, y hemos obtenido su  unidad abstracta. Por lo tanto, no sería lógico decir que la madera es mesa, sino que la mesa es una forma particular de existencia de la madera. En matemática el rigor es básico, pero en filosofía lo es aún más. La falta de rigor en matemática se nota al instante, en filosofía  puede quedar oculta durante siglos.

Creo que los debates sobre si Spinoza es materialista o idealista no son del todo necesarios. Creo que los pensadores deben ser examinados más por lo que aportan al conocimiento que por la línea filosófica que siguen. Y cuando decimos de un pensador que es idealista o materialista cubrimos muy poco. Es como si las cosas sólo las conceptualizáramos por su color.

Además las líneas de pensamiento no se presentan separadas de forma absoluta. Bajo una línea de pensamiento materialista puede haber en el contenido mucho idealismo,  y al revés: bajo una línea de pensamiento idealista puede haber mucho contenido materialista. Esta circunstancia ya había sido observada por Engels en su obra Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana: “Durante este largo periodo, desde Descartes hasta Hegel y desde Hobbes hasta Feuerbach, los filósofos no avanzaban impulsados solamente, como ellos creían, por la fuerza del pensamiento puro.

Lo que en realidad los impulsaba eran, precisamente, los progresos formidables y cada vez más raudos de las Ciencias Naturales y de la industria. En los filósofos materialistas esta influencia aflora a la superficie, pero también los sistemas idealistas fueron llenándose más y más de contenido materialista y se esforzaron por conciliar panteísticamente la antítesis entre el espíritu y la materia; hasta que, por último, el sistema de Hegel ya no representaba por su método y su contenido más que un materialismo que aparecía invertido de forma idealista”.

Así que subrayemos estas dos ideas: una,  por el progreso de las ciencias naturales el contenido de los sistema idealistas se llena de materialismo, y dos, el idealismo hegeliano es un materialismo invertido de forma idealista. Lo he repetido muchas veces. Hay una tendencia al pensamiento absoluto.

Las contradicciones se presentan como si los dos lados opuestos no tuvieran nada que ver el uno con el otro. Se niegan los matices y se niega que cada  lado de la contradicción contenga a su opuesto. Se niega además la transición entre los contrarios. Bajo categorías dialécticas puede esconderse un pensamiento rígidamente metafísico. Pero en la realidad y en el pensamiento las cosas no son así. En los sistemas idealistas se contienen elementos materialistas y en los sistemas materialistas se contienen elementos idealistas.

También es importante conocer a los pensadores en concreto. Y conocerlos liberados de prejuicios. No se trata de saber cuatro cosas por encima de Spinoza recurriendo a un manual de filosofía, lo mejor es conocer algunos fragmentos de su pensamiento. Se trata de aprender a pensar como él y mover las categorías como él lo hace.

El pensamiento, el juicio, debe concebirse como el movimiento de las categorías. Yo he estudiado parte de su Ética, fundamentalmente el primer capítulo: De Dios. Me ha encantado. He aprendido muchísimo. Y no me ha preocupado si es materialista o idealista. No he estado pendiente de ese asunto. Sé que habla de Dios: el ente más idealista que ha creado el ser humano. Y me ha parecido pura fantasía todo que ha afirmado sobre su ser, su existencia y su naturaleza. Si alguien quiere convencerse de que es imposible que Dios exista, entonces debe leer a Spinoza.

SPINOZA (2012). Ética. Madrid: Gredos.

G.W.F. HEGEL (1995). Lecciones sobre Filosofía de la Historia III. México: Fondo de Cultura Económica.

  1. MARX y F. ENGELS (1967). La Sagrada Familia. México: Grijalbo.
  2. MARX. F. ENGELS (1975). Obras escogidas, 2. Madrid: Akal.

Fuente: Francisco Umpiérrez Sánchez. http://fcoumpierrezblogspotcom.blogspot.com.es/

El último hippy de Ibiza

GENTE EXTRAORDINARIA: A sus 64 años, vive en una antigua cueva de pescador. Este excocinero catalán habita en la ibicenca Cala Saladeta, aislado del mundo y de la tecnología.

Miguel durmiendo en la hamaca de su cueva en una playa ibicenca.

Miguel durmiendo en la hamaca de su cueva en una playa ibicenca.Lorena Portero

Miguel es un animal de mar, aunque tras más de veinte años viviendo en mitad de la naturaleza su rostro se asemeja más al de una criatura del bosque que al de una del océano. Las costillas se le marcan como branquias y su columna vertebral se hinca en la piel como las espinas de un pez. Pero el vello facial asoma por sus orejas como ramas desordenadas de un árbol. Cuando escucha un ruido las pone tiesas como una gacela a punto de huir de su depredador. Su cabello es del gris de un cielo nublado, pero sus ojos son violetas: siempre lleva unas gafas de sol redondas con el cristal teñido de este color. Rara vez se las quita desde que las encontró en la arena hace una década. No le gusta que le miren. A veces le confunden con un turista más que disfruta de la playa, pero cuando los cientos de visitantes abandonan el lugar, Miguel sigue ahí. Pocos saben que vive en una antigua cueva de pescador en la ibicenca Cala Saladeta. El tiempo parece haber erosionado su cuerpo hasta fusionarlo con las rocas que rodean la pequeña casa que habita.

A medida que avanzan los años —ahora tiene 64— Miguel se vuelve más asceta. Hace 30 se desterró a sí mismo de Olot, el pueblo catalán en el que nació, y de la humanidad. Según cuenta, llegó a la isla con una oportunidad laboral: un amigo le propuso crear un restaurante similar a El Barroco de Cadaqués —al que Dalí acudía a menudo— en San Rafael (Ibiza). “Era un tipo muy bueno como relaciones públicas pero a nivel de dinero… un desastre. Se lo fundía todo. Se le daba muy bien montar negocios, había viajado mucho y parecía conocerlo todo. Lo montamos pero al final cerró. Al tío se le fue la olla. Quiso dar la vuelta al mundo y se lo alquiló a unos franceses. Ya no volvió, lo perdió todo. Se tomaba una botella de Bourbon al día y fumando sin parar…”.

Miguel tiene 64 años y vive en una cueva ibicenca desde hace más de dos décadas.

Miguel tiene 64 años y vive en una cueva ibicenca desde hace más de dos décadas.

Ibiza es una vieja fotografía a la que se le ha ido el color. Cada año, la llegada masiva de turistas deja a la isla demacrada, con la piel estriada y los huesos desgastados. Incendios por bengalas lanzadas desde un yate, basura en el fondo marino, espacio público usado ilegalmente para instalar hamacas, enclaves naturales reconvertidos en aparcamientos… La conquista humana del paraíso es la espinita de Miguel: “La gente agobia mucho. Antes vivía aquí y no venía nadie. Me pasaba la vida en pelotas. Ahora han convertido esta cala, que es una playa salvaje, en Benidorm. Los que vienen aquí no son civilizados. Que si las palas, que si los móviles, que si todo el día preguntando…”.

—¿Qué tipo de cosas le preguntan?

—Pues que si vendo droga. O que si yo recojo la basura. Si los miras te das cuenta de que no son discapacitados mentales, pero hacen preguntas absurdas… Si tú traes tu basura lo normal es que te la lleves, no vengas a preguntarme que si me la quedo yo. No me relaciono con nadie ni loco. Esto es la globalización y esto hay que acabarlo. Tú pregúntale a la gente: “Perdone, ¿usted sabe que es una playa salvaje?”. La gente no está mentalmente preparada para esto. El sitio es bonito, tienen sus cervezas, su musiquita… Pero no puedes estar todo el día jugando a la pelota y a las palas en una playa que mide diez metros. Vete a una grande donde haya espacio para todos. En una tan pequeña están todo el día pim, pam, pim, pam. El ayuntamiento de San Antonio lo anuncia como playa salvaje, y fue declarada la segunda mejor playa de Europa hace unos años. ¿Y lo cuidan? No. Si fuese yo, lo cuidaría a morir.

A la entrada de la cueva, justo al cruzar las puertas de madera, me recibe una cucaracha muerta. Está boca arriba, como los turistas que toman el sol en sus toallas a escasos metros. La criatura kafkiana parece estar ahí con la intención de recordarle a Miguel que por mucho que se aísle, la ciudad —y sus plagas— están por todas partes. Sentado en una silla de tela y con un café en la mano, reconoce que es mucho menos que un hippy. “Los primeros hippies aquí eran americanos. Cuando invadieron Vietnam, muchos ricos que no querían ir a luchar a Vietnam buscaron sitios donde refugiarse. Y unos cuantos se vinieron a San Carlos [un municipio de la isla]. A Vietnam no fueron los ricos, solo los pobres. Los otros no querían hacer la guerra. San Carlos se convirtió en el pueblo de los hippies de oro porque los papás les mandaban un cheque cada mes para vivir”.

Los bañadores de Miguel colgados en la puerta de su cueva.

Los bañadores de Miguel colgados en la puerta de su cueva.

La de Miguel no es una casa convencional ni tan siquiera en el interior. Hay un par de colchones apilados a un lado y una ventana minúscula. No hay productos de limpieza —al menos a la vista—, ni muebles. Tampoco fotografías. Solo unos cuantos libros sobre la isla que reconoce no haber leído. “Algunos me los han regalado o los he encontrado por ahí. Apenas leo y hace años que no voy al cine”.

—¿Cuál fue la última película que vio?

Avatar, en 3D además. Me gusta el espectáculo, me gusta el futuro y la gente inteligente. Aunque creo que el buen cine acabó en los años setenta.

—¿Le gusta la ciencia ficción, entonces? Seguro que muchos turistas le parecen replicantes [robots son apariencia humana], como en Blade Runner.

—Pues sí. Ahora mismo provoco un apagón tecnológico y os quedáis todos hechos mierda. Es una realidad. Si apagasen todo, ¿qué haríais vosotros? Habéis creado una sociedad en la que le habéis dado vida al sistema. Dinero al banco, tarjetas de plástico… El gran hermano que cuida de ti, de tus limitaciones, se ocupa de tu información, lo controla todo con microchips…

—¿No tiene cuenta en el banco?

—No.

—¿Y DNI?

—Se me caducó y lo volví a renovar hace un año para votar en las elecciones. No había votado nunca. Ni siquiera estaba empadronado. Lo hice en Santa Inés, que me pareció el sitio más auténtico de la isla.

—¿Y si tiene que ir al médico?

—No voy salvo que sea algo grave. Un día fui y me preguntaron si era alérgico a algo. Les dije que era alérgico a los hospitales. El tío empezó a preguntarme sobre drogas, creía que era un drogadicto.

Tras quedarse sin trabajo, Miguel, que estudió electrónica y carpintería  cuando era joven, comenzó a buscarse la vida como pudo. “Empecé a hacer arreglos en barcos, tareas de mantenimiento. Me iban pidiendo cosillas. Y eso es a lo que me dedico ahora. Cuando me llaman voy, y el resto del tiempo me cojo mi barco, que compré hace ya muchos años, y salgo al mar”. Cuando llegó a la isla vivía en una casa de alquiler, pero según cuenta, le echaron. “Cuando Ibiza empezó a ponerse de moda, los dueños se dieron cuenta de que podían alquilar la casa por más dinero, yo no podía pagar más así que tuve que irme a la fuerza”. Tuvo la suerte de conocer a un pescador ibicenco que le cedió la cueva. “Es un tío especial. Le gusta estar solo, escuchar música clásica, le asusta tanta gente. Cuando venía le preguntaban qué había pescado, qué hacía ahí… Era un ibicenco antiguo y no le gustaba eso, le molestaba”.

Alrededor de la cueva de Miguel, los turistas extienden sus toallas.

Alrededor de la cueva de Miguel, los turistas extienden sus toallas.

Miguel reconoce que hace años que no ve a sus padres, que viven en Olot. “Ellos no han llegado a ver que vivía aquí. Venir es complicado y caro”. Apenas quiere hablar del tema. Lleva tantos años en soledad que no está acostumbrado a que escarben en su intimidad. No mira a los ojos cuando habla, sino al mar. “Casi nadie sabe que estoy aquí, y prefiero que así siga siendo. No me apetece mucho hablar de mí ni que me saquen fotos. No vaya a ser que venga el ayuntamiento o quien sea a tocarme los cojones. Hay gente que se cree que me toco la bola o que mi familia tiene dinero y vivo de eso. Yo soy un buscavidas. Y no necesito casi nada para vivir”.

A su lado hay una pequeña cocina de gas con una sartén con restos de pescado. En la única estantería de madera que hay reposan latas de comida. “He vivido sin electricidad. Traía una batería del coche y la cargaba. La ponía aquí para la luz o para escuchar la radio un rato”.

—¿Tiene hijos?

—No, no podría. Por el tipo de vida que llevo no puedo tener familia. Yo soy un caos pero mi caos es mío. Te topas con la administración, con las leyes, con los juzgados… Es un agobio, ¿no? Te exigen papeles para todo. Es una sociedad que está de acuerdo en saber todo de ti. Internet, televisión… La mejor manera de ser libre es no tener esas cosas.

—Pero tiene un móvil.

—Tengo un Nokia de hace años y cuando lo enseño me dicen que es tercermundista. ¿Por qué? ¿Porque no tengo… eso? ¿Cómo se llama eso? [señala mi mano].

—Smartphone.

—Eso. Yo solo uso el teléfono para que me llamen para hacer arreglos en barcos. O sea, para trabajar. A Telefónica le debo sesenta euros. Un día me llamó una señora diciéndome que tenía que pagarles con tarjeta, les dije que no podía porque no tengo cuenta en el banco. Llamé mil veces hasta que al final conseguí hablar con una persona que no me llamara “don Miguel” todo el rato. Al final le dije: “Te voy a pagar, pero me mandas un papel firmado donde diga que nunca más me vais a fiar”. No quiero que nadie me fíe ni un duro.

A pocos kilómetros de la cala, en una carreterita por la que cruzan más salamandras que coches, un grafiti parece burlarse del viejo Miguel: “The world continues needing people like you” —”El mundo continúa necesitando a gente como tú”—. Él, sin embargo, no quiere saber nada del mundo. Lo aparta con la mano como a una mosca que molesta durante la siesta. Arruga el gesto cuando observa a la gente desde su cueva. Solo el mar consigue relajar su rostro. Cuando el sol ya no quema, se adentra en el agua y comienza a remar. El día acaba de empezar para él.

Foto: Lorena Portero

**El mundo está lleno de gente extraordinaria en la que apenas reparamos. Durante agosto contaremos las historias de quienes suelen pasar desapercibidos, pero que viven su vida de una forma única. Aquí puedes leer el primer reportaje de la serie: El luchador manco.

¿Por qué lo hace?

—No necesito nada más. Quiero vivir tranquilo.

¿Desde cuándo?

—Vine a la isla hace casi treinta años. Cuando me quedé sin casa, un amigo pescador me ofreció la cueva, que es suya, y aquí sigo.

¿Qué ha aprendido?

—Que la gente agobia mucho y que me molestan sus comportamientos. No están civilizados. Que si las palas, que si los móviles, todo el día preguntando…

Fuente: @nlopeztrujillo Ibiza.

C. Marco

Los 15 principios de María Montessori para educar niños felices

Una de las características del modelo educativo actual es la presencia de una jerarquía de asignaturas en las escuelas. En prácticamente todos los sistemas educativos existe en la parte superior en importancia, lengua, matemáticas y ciencias; en segundo lugar humanidades (como geografía, estudios sociales, o filosofía). En la parte inferior se encuentran las disciplinas artísticas. ¿En todos los sistemas educativos? En el de María Montessori no.

¿Por qué esto es así? Porque es lo que demanda nuestro actual sistema productivo, cuya orientación a la innovación fomenta que materias cómo matemáticas, ciencia y tecnología tengan mayor consideración e importancia respecto a otras -como música, danza o historia del arte- pues se considera que su aportación no es tan clave para el modelo económico actual.

 

Pero, ¿existe algún sistema educativo que le de la misma importancia y que enseñe danza con el mismo rigor y sofisticación con el que se enseñan matemáticas?

 De hecho, existen algunos métodos educativos alternativos que varían sustancialmente del enfoque tradicional. Métodos educativos como el de María Montessori, centrado en observar al niño y desarrollar su máximo potencial basándose en los propios intereses del niño, o el creado por el psicólogo Howard Gardner, basado en la teoría que él mismo desarrolló de las inteligencias múltiples (y que fue una de las primeras referencias a la inteligencia emocional), por ejemplo. Existen, por supuesto, muchos otros además de los mencionados: Educación Popular, Waldorf, Cossettini, Educación Libertaria, etc.

El método Montessori es una forma distinta de ver la educación, en la cual el niño o niña pueda desarrollar todas sus potencialidades, a través de la interacción con un ambiente preparado, rico en materiales, infraestructura, afecto y respeto, en el cual el alumnado tiene la posibilidad de seguir un proceso individual, guiado por profesionales especializados. Es decir la escuela Montessori ve al estudiante como un todo integrado, desde sus valores, comportamientos y de igual forma potenciando su capacidad para generar aprendizaje, por ello no se define del logro en una asignatura en los resultados académicos del niño.

“La libertad, la curiosidad y el desarrollo del amor por el conocimiento son los pilares fundamentales sobre los cuales se edifica esta pedagogía que ya lleva 90 años implementándose alrededor del mundo.”

Los principios de María Montessori para los padres y madres:

Seguidamente os dejamos los 15  principios que enunció en su momento María Montessori, y que seguro te serán de ayuda.

  1. Recuerda siempre que los niños aprenden de lo que les rodea. Sé su mejor modelo.

  2. Si criticas mucho a tu hijo, lo primero que aprenderá es a juzgar.

  3. En cambio, si lo elogias con regularidad, él aprenderá a valorar.

  4. ¿Qué ocurre si le muestras hostilidad al niño? él aprenderá a pelear.

  5. Si se ridiculiza al niño de modo habitual, será una persona tímida.

  6. Ayuda a que tu hijo crezca sintiéndose seguro a cada instante, será entonces cuando aprenda a confiar en los demás.

  7. Si desprecias a tu hijo niño con frecuencia, se desarrollará un sentimiento muy negativo de culpa.

  8. Propicia que tu hijo vea que sus ideas y opiniones son siempre aceptadas, con ello conseguimos que se sientan bien ellos mismos.

  9. Si el niño vive en una atmósfera donde se siente cuidado, integrado, amado y  necesario, aprenderá a encontrar amor en el mundo.

  10. No hables mal de tu niño/a, ni cuando está cerca, ni cuando no lo está.

  11. Concéntrate en que tu hijo está creciendo y desarrollándose de modo óptimo, valora siempre lo de lo bueno del niño de tal manera que no quede nunca lugar para lo malo.

  12. Escucha siempre a tu hijo y respóndele cuando él se acerque a ti con una pregunta o un comentario.

  13. Respeta a tu hijo aunque haya cometido un error. Apóyalo. Lo corregirá ahora o quizá un poco más adelante.

  14. Debes estar dispuesto/a a ayudar a tu niño si busca algo, pero debes también estar dispuesto a permitir que encuentre las cosas por sí solo.

  15. Cuando te dirijas a tu hijo, hazlo siempre de la mejor manera. Ofrécele lo mejor que hay en ti mismo/a.

    Fuente: La Mente es Maravillosa.

C. Marco

 

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.