La decadencia: Por Michel Onfray

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El filósofo normando no cesa de escribir y publicar, amén de impartir en sus universidades populares (de la filosofía y del gusto) y de frecuentar sus apariciones públicas…¡ una infatigable máquina!. Firme en su defensa de una filosofía popular, hedonista, libertaria, rebelde e insumisa , siempre moviéndose en un plano de inmanencia, no hay momentos para el descanso: la tarea es grande y él se empeña en sus tonalidades anti / contra, con el fin de desmontar las verdades consagradas por el uso, y el abuso, de deconstruirlas, labor que ha realizado, y realiza, en el campo de la literatura , de la historia y de la filosofía por supuesto. Podrían hablarse del pensador como “derribos-Onfray”.

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Pues bien, si hace un par de años publicó su Cosmos, como primera entrega de su trilogía titulada Brève encyclopédie du monde, en la que presentaba una ( su) filosofía de la naturaleza, ahora ha visto la luz la segunda entrega: Décadence, Vie et mort du judéo-christianisme ( Flammarion, 2017), que es una filosofía de la historia ( ¿con la desmedida pretensión – que es lo que afirma el ufano autor- de crear un nuevo materialismo histórico y dialéctico?) , quedando a la espera la que será una filosofía práctica: Sagesse. Del primer volumen di cuenta en esta misma red: http://kaosenlared.net/michel-onfray-una-ontologia-materialista-i/ .

En la presente ocasión los tonos, desde el propio título, son spenglerianos: son tiempos de decadencia, todo lo que nace muere y el principio segundo de la termodinámica, el de entropía, no descansa tampoco en el terreno de la historia de las civilizaciones. Partiendo de tal eje la mirada escrutadora de Michel Onfray se va a centrar en la historia (nacimiento, desarrollo y fin) del cristianismo, y va a recurrir al método genealógico, arqueológico y, si se me apura, al profético, aspecto al que no está de más ponerlo en contraste con la obviedad de que no se han de convertir deseos con realidades, y me explicaré, ya que no es que la religión (él habla fundamentalmente de la decadencia del catolicismo) goce de buena salud, pero bueno…

La tesis mantenida es que el cristianismo, que en la lectura de los Evangelios por parte de Onfray presenta en exclusiva la parte guerrera del propio inspirador: Jesús; el cristianismo, vía oficialización por Constantino en el siglo IV de nuestra era, se erigió en religión / poder dominante, que levantó su edificio sobre las ruinas del paganismo y de otras doctrinas a las que persiguió y trató de destruir, alcanzó su dominio absoluto y excluyente ( provocando más ruinas hasta humanas), para posteriormente , al igual que cualquier ser vivo, comenzar su decadencia, ley a la que no escapa a pesar de sus veinte siglos de vida. Este fatalismo (irremediable y ya anunciado por Nietzsche) es desarrollado en el volumen – deteniéndose en las diferentes fases que van desde el nacimiento hasta la decadencia, pasando por el crecimiento, la potencia, la degeneración, la senescencia y la delicuescencia- de más de seiscientas páginas, que avanza con aceleraciones y desaceleraciones, combinadas con trazados de pisadas fuerzas con otros que se asemejan a pasos debidos a patitas de paloma, lo que hace que nos hallemos ante la escena de un avión que aparece y desaparece por las nubes; es decir, momentos de claridad y otros de vagabundeo. No entona tonos apocalípticos el autor, sino que defiende el derrumbe – la disolución , podría decirse- del edificio cristiano , como si de un azucarillo se tratara, como eje de la civilización occidental de la que es centro de gravedad o base. Quede constancia, de paso, que su visión de la religión cristiana es metonímica, al tomar cristianismo por catolicismo e ignorar otras corrientes del cristianismo hondamente implantadas en diversas zonas europeas, y quede igualmente constancia de que su visión materialista parte de que el auge de la religión denota la buena salud de una civilización y su decadencia arrastra la decadencia de la civilización…podría decirse en cierto sentido que su materialismo interpretativo es teocéntrico., ya que la religión es la que, en última y en primera instancia, viene a jugar el papel motor al tiempo que deviene ajustado termómetro de la salud de la sociedad en la que funciona.

El agotamiento de los recursos ideológicos crean un ahuecamiento de la fuerza motora del idealismo religioso que prometiendo un más allá, originó desastres sin cuento, ahí están las cruzadas, la Inquisición o la colonización que se llevó a cabo con la cruz y la espada; la culminación de la ideología progresista – en un incesante camino hacia delante, hacia más arriba, hacia más mejor en una senda lineal- se encarnó en la masacre al por mayor organizada bajo los cánones en la década de los cuarenta del siglo pasado (idea que sea dicho al pasar ya podía rastrearse en la Dialéctica de la Ilustración de los frankfurtianos Adorno & Horkheimer), desastre del que Onfary busca los causantes y reparte responsabilidades entre Hitler y los apoyos ideológicos, y prácticos , del catolicismo; jugando igualmente un importante papel en la preparación del desastre (Shoá) la batalla iniciada o al menos impulsada y acelerada por el sistemático anti-judaísmo cristiano que preparó el terreno y desembocó- la era de la ciencia imperando- en el antisemitismo biologicista.

El diagnóstico es según este apresurado médico de la cultura claro: el tejido de la civilización occidental está afectado por una creciente e imparable metástasis, que en vez de traducirse en un agotamiento momentáneo, viene a ser una enfermedad terminal uno de cuyos signos premonitorios fue el 11S que anunciaba el derrumbe , junto a las torres gemelas , de los principios que éstas podían representar, al tiempo que, como otra señal de salida, señala Onfray, la condena a muerte (fatwa) decretada por los ayatollás iraníes , con recompensa suculenta incluida, de Salman Rushdie…Teniendo en cuenta la procedencia de la condena, ésta le sirve a Onfray para defender la pertinencia de la teoría del choque de civilizaciones del agorero Samuel Huntington, y, en consecuencia, mantener que la Meca va tomando de manera creciente el papel asumido hasta ahora por el Vaticano ante la impotencia occidental para defenderse de la embestida del combativo, y expansionista, Islam. Se ha de señalar, no obstante, que no es que Onfray se nos haya convertido a la religión de Mahoma, sino que en su camino – reivindicando la senda spinozista- de ni reír, ni llorar, sino comprender (que a veces en su caso parece tender a situarse en un imposible “más allá del bien y del mal”), éste trata de ubicarse en nuestro hoy tomando impulso en el pasado, recurriendo para ello a un repaso de episodios de significación en el campo de la historia y a innumerables anécdotas -conste que no lo digo en plan peyorativo, ya que las que saca a colación conservan un alto grado de pertinencia y significación, si se exceptúan algunos casos en que el rábano y las hojas…-, aderezado todo ello con incursiones por los pagos de la filosofía, de la teología y de las mentalidades en general (apabullantes referencias, todo hay que decirlo). Sí deja constancia, no obstante, de la indudable contraposición que se da entre los creyentes, cegados por unas creencias fuertes hasta el corazón del fanatismo (siempre dispuestos a morir para acceder al placentero paraíso, surtido de kifi y huríes) , de la que están pertrechados los unos, frente a la religión consumista del capital que es la que hoy en día- con señal de salida en mayo del 68- empapa a la juventud, y a la no tan juventud, de nuestros países del complaciente y desbrujulado Occidente, sumido en el nihilismo que anunciase Nietzsche, con la proclama muerte de Dios. El enfrentamiento nombrado es alimentado además, en gran parte, por las tasas de natalidad abismalmente diferentes entre ambas zonas, en detrimento de las occidentales

Junto a este diagnóstico y los síntomas que lo justifican, no faltan los dardos contra la flagrante injusticia que supone el neoliberalismo que impera en nuestras sociedades que acrecienta las diferencias entre pobres y ricos; del mismo modo que señala la responsabilidad en la desespiritualización (de pérdida de aura hablaba Walter Benjamín refiriéndose al arte, o de secularización Max Weber hablando de la sociedad) por el amiguismo promovido por el concilio Vaticano II, al hacer descender a Dios de las alturas, trascendentales y nebulosas, al status de colega. A lo que se ha de sumar, en opinión del autor, la liberalización de las costumbres, entre ellas las sexuales, que inciden en algunos de los aspectos recién mentados.

Muchas de las propuestas, y argumentaciones, presentadas resultan, a mi modo de ver, plausibles, si bien ciertos regustos amargos brotan en la lectura, provocando al menos en el lector que yo soy ciertos altibajos en lo que se refiere a acuerdos , a dudas y a algunos postulados traídos por los pelos o metidos con calzador y vaselina…todo sea con el fin de defender la tesis que se quiere defender, de partida, en una típica fuite en avant que da por bueno aquello de CQFD (lo que hacía falta demostrar). Dejaré de lado, merecería un análisis más detallado y hoy no toca, una constante amalgamadora en el discurso onfrayano que hace que Karl Marx sea convertido, vía Lenin, en un tosco precedente de Stalin ( como representante máximo y único del denominado marxismo), lo cual es una falta de rigor en la lectura del autor de El Capital de aquí te espero marinero, lo que supone además de no respetar ni la letra ni el espíritu del teórico germano, obviar que hay otras corrientes dentro del llamado “marxismo” que nada tienen que ver con el autoritarismo bolchevique; en este terreno la tergiversación , teñida de una visión netamente infantilizada, viene de una determinista lectura de las chispas entre Bakunin (federación) y Marx (centro) en el seno de la Iª Internacional, y de un pensamiento que viene a decir que ser anarquista supone oponerse a Marx, tal cual…¡ pobre Daniel Guérin!

Pero vamos a algunos de los crujidos de los que hablaba …así los resabios críticos con respecto al cristianismo y por extensión a la civilización occidental parecen convertirse, malgré Onfray, en algunos momentos – digo que parece no digo que sea así- en defensa del creciente islam por su fuerte espiritualidad, que sirve a modo de consistente cemento social, del mismo modo que por momentos parece que la liberalización de las costumbres se cargue en la columna del debe en su particular libro de contabilidad; resulta así, o al menos a mí así me lo parece, que casi se mantiene, por parte de este irredento ateo, las virtudes cohesionadoras del fenómeno religioso, tan denostado por el autor del Tratado de ateología y hasta ciertos crujidos en su pregonado hedonismo; parece adoptar Onfray en sus ataques al cristianismo una búsqueda de jerarquías religiosas , terreno en el perdedor es la nombrada creencia frente al islamismo y el mismo judaísmo, del que se alaba su no-participación en los afanes proselitistas (cuestión harto simplificadora, si se obvia la impronta descaradamente elitista de la que va acompañada la historia del judaísmo y todas las monsergas del pueblo elegido, el etnicismo excluyente casi hasta el recurso al ADN, etc.). En honor de la verdad he de añadir que la constatación – lejos del terreno valorativo del porvenir más prometedor del islam, no es que sea aplaudido sino que describe hechos, que también se verán afectados, a su debido tiempo, por la inapelable ley del agotamiento y la decadencia. El tono es cercano al No hay futuro que decían los punkis de primera hornada, o al abandonad toda esperanza dantesco a la hora de acercarse a las puertas del Infierno / humanidad…ya que al final siempre llega la decadencia…¿ hasta la extinción final?

A pesar de lo dicho en este último párrafo, sí que soy de la opinión de que leer a Onfray siempre abre caminos de reflexión, ofreciendo un importante cúmulo de informaciones, y aunque en algunos momentos sus argumentaciones pequen a mi modo de ver de tajantes en su simplificación, su puesta en solfa de los discursos dominantes, extendidos e impuestos por tierra, mar y aire , por los todopoderosos mass media, que no hacen sino expresar la voz de su amo, bien sirven para agitar las apacibles aguas del conformismo y de la complacencia con este el mejor de los mundos y ello, reitero, aunque en algunos casos se den pasadas de frenada o más bien de aceleración, e chirriantes crujidos. Y así, si el otro decía en tautológica tautología que la tarea del pensar es pensar, podría afirmarse sin pestañear que lo propio de los humanos – lejos de los balidos gregarios- es deliberar, dudar, discutir, poner en duda, pretender la autonomía frente a la heteronomía que nos hace depender de comisarios y clérigos de diferente pelajes, y en ese terreno el normando abre de par en par las puertas de los disensos, los desauerdos y la segura polémica.

Michel Onfray o la defensa de la razón trágica frente a la razón mormalizadora, aunque para ello a veces se apoye en pensadores y argumentos un tanto peligrosos por su resabios reaccionarios que parecen contradecir muchos de sus habituales postulados ubicándose en unas inciertas aguas movedizas que hacen fluctuar las ideas fuertes en otras más melifluas y guiadas por el sentido de la oportunidad, lo cual aun dando por válido aquello de que la serpiente si no cambia de piel muere…roza los bordes de la incoherencia por no decir los del todo vale…siempre por el filo de la navaja, lo que a veces puede suponer cortes y heridas, del mismo modo que es quien se desliza por la cresta de las olas quien puede darse una castaña. Ya sus lecturas de la revolución francesa, por ejemplo, de Freud, de Rousseau (inspirador de todos los totalitarismos que en el mundo han sido…toujours la faute à Rousseau), o las no-lecturas de Marx, antes nombradas, o sus críticas ad hominem de Sartre, o la desmedida consideración de Eichmann como fiel alumno de Kant, sus teorías de la perennidad del capitalismo realmente sui generis (aplicación más allá de toda razón de: cambiando la palabra cambio la cosa, y si la realidad no responde a mi tesis que se pufe la realidad) o sus coincidencias identitarias con ciertas amistades peligrosas hexagonales y otras, y no seguiré con la lista de agravios (a sí mismo y a lo que dice representar como libertario)…dejaban ver los riesgos que apunto, y es que de todo no se puede hablar y encima es imposible, y este es el riesgo que cada vez, con mayor arrojo , afronta Michel Onfray lo que le lleva a no renunciar al antológico uso de anacronismos históricos, calculo que sin ruborizarse, argumentar con cierta ligereza, metiéndose en indebidos charcos…mostrando – dudo, pero me atrevo a decirlo – cierta creciente decadencia con respecto a sus primeras obras que mostraban mayor rigor.

Fuente: Iñaki Urdanibia.

C. Marco

Hágase nuestra voluntad pues

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La manera como se ha resuelto el proceso judicial por el caso Nóos y en contra de Iñaki Urdangarín, no es más que una constatación de la gran vía de agua que se abre desde hace años entre las estructuras de poder y la Sociedad de nuestro país, pues cada vez confiamos menos en los Poderes Constitucionales que han fijado las reglas de juego desde el año 1978.

Quizás llegó el momento de replantearnos si la Constitución del 78 sigue resultando válida 40 años después, o si es necesario iniciar un camino hacia una nueva transición, teniendo en cuenta todo lo vivido y las condiciones bien distintas en las que España y los Españoles se encuentran en la actualidad.

De nosotros depende dar el paso iniciando este debate o seguir quejándonos indefinidamente de lo que acontezca y depare el futuro.

Sea como fuere, hágase nuestra voluntad pues.

C. Marco

Neurotransmisores y su relación con la ansiedad, la depresión y la agresividad


Neurotransmisores y su relación con la ansiedad, depresión y agresividad

 

Las células del cerebro son las neuronas y la comunicación entre estas células nerviosas tiene ciertas características, una de ellas es que casi nunca se tocan, aunque están separadas por pequeñísimos espacios.

A la zona de interacción de las neuronas se le llama sinapsis que significa unión- enlace. Todas las acciones del cerebro como ordenar a los músculos que se contraigan y se relajen en forma coordinada para llevar a cabo un simple movimiento, tareas intelectuales, etc., son capaces de modular nuestras emociones.

Sistema Límbico y emociones:

El sistema límbico tiene una gran importancia en el origen y el control de las emociones. Y dentro de este gran circuito, una pequeña región, el hipotálamo, está asociada a muchas conductas emocionales  y a funciones como el hambre y la sed. Se ha podido observar que cuando se destruyen algunos núcleos del hipotálamo, el sujeto puede dejar de comer e incluso incluso morir de hambre literalmente en medio de la más apetitosa comida. A través de este núcleo es que se siente la necesidad de comer. A esta región del hipotálamo se le conoce como centro de la saciedad.

En el hipotálamo y en otras áreas del sistema límbico se localizan los núcleos celulares que al ser estimulados provocan respuestas de cólera y agresividad en los animales.


Hipotálamo

Sistema límbico

La conversación entre las neuronas:

Las neuronas tienen dos tipos de prolongaciones, unas ramificadas, que confieren a estas células su aspecto estrellado o arborizado característico, y otras más largas y más sencillas, los axones, que son aquellas a través de las cuales las neuronas se comunican entre sí. La parte final del axón, que establece la comunicación con la neurona adyacente, se llama terminal sináptica o presinapsis, y se identifica en un gran número de sinapsis por la presencia muy característica de estructuras esféricas: las vesículas sinápticas.

En el interior de las células nerviosas predomina el potasio y algunas proteínas también con carga eléctrica mientras que afuera existe una alta concentración de sodio y cloro. Cuando la neurona está “callada” su interior es más negativo eléctricamente que el exterior, pero esta situación cambia abruptamente cuando la neurona se comunica con otras neuronas. Los neurotransmisores son los comunicadores de la relación entre las neuronas.

Los transmisores químicos:

Se trata generalmente de sustancias sencillas. Considerando el número enorme de contactos que se establecen entre las neuronas, es sorprendente el número tan pequeño de moléculas que la naturaleza ha diseñado para transmitir  los cientos de miles de mensajes entre las neuronas. Los neurotransmisores pueden clasificarse, desde el punto de vista de su estructura, en tres grandes grupos: los aminoácidos, las aminas y los péptidos.

Como se libera el neurotransmisor:

Los neurotransmisores son expulsados de la neurona presináptica para llevar el mensaje a la postsináptica. Los neurotransmisores se almacenan en las estructuras características de la  presinapsis, las vesículas sinápticas, y permanecen ahí  secuestrados hasta que el calcio los hace salir en camino hacia la neurona a la que han de transmitir el mensaje.

Los receptores:

El contacto del receptor con el transmisor origina el mensaje que reconocen las neuronas, es decir, un cambio en la permeabilidad celular a un determinado ion y el cambio consecuente en la distribución de las cargas eléctricas.

Los receptores postsináticos desempeñan un papel clave en la fisiología de la conducta. Los receptores de un mismo neurotransmisor no siempre son iguales, tienen diferencias en su estructura que obligan a pensar que son moléculas distintas. Una vez que el mensaje ha sido transmitido, el neurotransmisor, ya terminada su función, debe dejar de interactuar con el receptor y desaparecer del espacio sináptico para que pueda iniciarse una nueva comunicación, si es necesario. Existen dos tipos de acciones que permiten que esto suceda: el neurotransmisor es destruido, ese transmisor destruido es transportado de nuevo a las neuronas.

Interferencias en la comunicación neuronal:

El proceso de salida del neurotransmisor se puede alterar, con sustancias que cierran la entrada de los canales del calcio, interceptando así  la señal para liberar el neurotransmisor. Otra forma de modificar el proceso de liberación del neurotransmisor es impedir su entrada a las vesículas sinápticas. Algunas toxinas, como el veneno de la viuda negra, incrementan en forma extraordinaria e indiscriminada la salida de los neurotransmisores de las vesículas, con lo que alteran los mecanismos normales de comunicación, en particular la de las neuronas con los músculos. La muerte por botulismo se debe a que la toxina impide la liberación de los neurotransmisores.

Los receptores, es decir las proteínas con las que interactúan los neurotransmisores, también pueden ser afectados por sustancias, algunas naturales, otras sintetizadas en el laboratorio.

La ansiedad natural y la ansiedad patológica:

La ansiedad es una condición natural. A nivel biológico, considerada como un estado de superalerta, es un elemento clave para la supervivencia del individuo. La ansiedad, con todas sus características orgánicas (temblor ligero, palpitaciones, manos frías, sudoración). La ansiedad también puede llegar a ser una respuesta patológica.

La ansiedad se puede manipular por medio de algunos de los receptores de las neuronas

Los ansiolíticos más eficaces son compuestos conocidos como benzodiazepinas. Además de su efecto ansiolítico, las benzodiazepinas son utilizadas también como auxiliares en el control  del sueño, y contribuyen en esta forma, aunque indirectamente, a disminuir la ansiedad. Es conocido por todos la falta de sueño es una causa poderosa de ansiedad y que los problemas se agigantan durante las horas de insomnio. El efecto de las benzodiazepinas como de los barbitúricos, es el de aumentar la eficacia de este proceso de entrada de cloruros a las neuronas. La presencia en el cerebro de estos receptores a las benzodiazepinas, que son sustancias artificiales creadas por el hombre, sugiere la existencia de  una “benzodiazepina natural”, es decir, la sustancia que es legítimamente dueña del sitio de las benzodiazepinas en el receptor.

La depresión:

Las fluctuaciones en el estado de ánimo no afectan las funciones orgánicas cotidianas como, comer o dormir. Tampoco infieren en sus actividades de trabajo, su desempeño intelectual y sus relaciones con otros individuos. La depresión endógena es una enfermedad tan real como la pulmonía. Las personas que padecen depresiones, los esquemas de conducta pueden aparecer en forma recurrente, es decir, desparecer por un tiempo para luego repetirse con características muy similares. Los síntomas son falta de motivación, falta de interés por actividades  que antes parecían  atractivas, pasividad, falta de concentración. Algunos pacientes depresivos adelgazan en forma notable, mientras que otros por el contrario, aumentan de peso. En algunos, el insomnio es frecuente mientras otros pasan la mayor parte del tiempo dormidos. Hay pacientes que se muestran agitados y sin reposo, y otros apenas si pueden salir de la cama. En etapas más avanzadas pueden presentarse alteraciones psícoticas como alucinaciones o sentimientos de paranoia; el número de suicidios   en pacientes depresivos es muy elevado.

En el Trastorno Bipolar, muchos enfermos responden bien a tratamientos farmacológicos con medicamentos que en su estructura y por sus efectos, tienen una relación  con los neurotransmisores del grupo de las llamadas aminas biogénicas.

El Litio se emplea también como terapia de mantenimiento para evitar la recurrencia de los estados de depresión y manía en este trastorno; el litio disminuye la severidad, duración y recurrencia de los episodios de manía y de depresión en los trastornos bipolares.

La agresividad y la pasividad, también dependen de la química del cerebro:

La agresividad es el resultado de la función de las neuronas integradas en circuitos. Actualmente se conocen al menos seis áreas en el cerebro relacionadas con la agresión, de las cuales las más importantes son la amígdala y el hipotálamo, que forman parte del sistema límbico. El primero está relacionado con una actitud depredadora, el segundo se refiere a un comportamiento defensivo. En estos dos casos, la conducta agresiva se manifiesta hacia un individuo de una especie distinta. Un tercer tipo de comportamiento agresivo, es la llamada agresividad social. Este tipo de conducta se manifiesta dentro de una colonia entre individuos de la misma especie. En muchos casos este tipo de comportamiento agresivo está restringido a los machos y tiene un claro vínculo con la actividad de la hormona masculina, la testosterona.

Fuente: Evelin Doriana Castañeda Gutiérrez. https://www.psicoactiva.com/

C. Marco

Las ventajas de ser diferente

Las ventajas de ser diferente

Una mañana nos levantamos de la cama, aturdidos mientras atinamos para calzarnos las zapatillas. Nos ponemos en pie y nos dirigimos al baño, pero antes hacemos una breve parada frente al espejo. Espejo, cristal que nos acompaña imperceptiblemente, pero que reafirma nuestra presencia, nuestra identidad, nuestro diario evolutivo. Nos miramos fijamente, analizando cada detalle de nuestra cara, de nuestro cuerpo, de nuestra mirada y de nuestro propio pensamiento.

Giramos la cabeza unas tres veces intentando buscar algo que parecemos no terminar de encontrar. Apartamos la mirada para recuperarla al instante. Seguimos inmóviles. Seguimos fijos frente al vidrio. Seguimos observando. Somos raros. Somos muy raros. Y lo peor es que somos más raros que nuestro vecino, nuestro compañero o la cajera del supermercado de abajo. Somos diferentes, ¡qué miedo!

Hay muchas lecciones importantes en la vida. Una de ellas es que nadie es igual a otro. Para bien o para mal, cada persona es un ser único en la Tierra, aunque compartamos muchas cosas en común con los demás. Eso quiere decir que aunque pensemos que somos los bichos más extraños del planeta mientras nos miramos al espejo, puede que mucha otra gente se encuentre haciendo exactamente lo mismo. Partiendo de esta base, es preciso añadir que los humanos nos comportamos por imitación, lo que significa que aprendemos de lo que hacen nuestros padres, nuestros semejantes y nuestros propios descendientes. Nos copiamos a imagen y semejanza y eso explica que entre nosotros compartamos formas de ser, formas de vestir, gustos, comportamientos y aficiones.

A pesar de todo, no hay que negar que existen personas más integradas con lo común y otras que sin embargo son más fieles a saltarse la norma. A las primeras las llamamos mayorías, las segundas son menos y por tanto minorías. No son mejores unas que otras, simplemente distintas. Las personas con discapacidad se aproximan más al segundo grupo. Son excepciones a lo común, en este caso no por decisión propia sino por determinación genética. Sin duda, se trata de personas diferentes al resto. ¿Debe entenderse esto como un defecto? ¿O puede convertirse en toda una virtud? Por supuesto, se trata de toda una ventaja.

Tendemos a asociar lo diferente y extraño con algo negativo. Cuanto menos conocemos algo, más miedo e incertidumbre nos provoca, por eso nos mostramos más reacios. Cuando hablamos de ser diferente es importante aceptar que toda diferencia es buena si se valora positivamente. El problema es cuando se toma o se marca como algo negativo. La clave reside en entender que ser diferente es algo normal. Este pensamiento debería trasladarse a todos los ámbitos de la vida diaria. Cuando hablamos de pequeños con discapacidad es crucial que sus profesores, médicos o asistentes tengan en cuenta estas pautas. Este tipo de profesionales no deberían ocultar las diferencias, sino potenciar el conocimiento y la interacción entre los niños con discapacidad y sin ella. No se trata de comparar las características de unos y otros, sino exaltar los rasgos de cada uno individualmente.

En un intento por amoldarnos por ser como los demás, es posible que nos olvidemos más de una vez de esta lección. Pero cabe recordar que ser diferente nos hace especiales. Si todos fuésemos idénticos, ¿cuán aburrido sería el mundo? Comeríamos lo mismo, escucharíamos la misma música y haríamos los mismos chistes una y otra vez. La diferencia nos hace diversos. Por no decir que, con total probabilidad, ni Steve Jobs, ni Dalí, ni Frida Kahlo eran personas comunes… ¡y han triunfado de todos modos!

No hay que abrumarse. Nos refregaremos los ojos. Levantaremos nuestros brazos, estiraremos la espalda. Bostezaremos un par de veces y volveremos a mirarnos fijamente en el espejo mientras la pereza nos abandona. Sí, somos diferentes, quizá menos incluso de lo que pensamos. Y precisamente las diferencias nos definen y nos hacen únicos. Así que jamás permitiremos que nadie nos impida ser así.

Fuente: http://fundacionandaconmigo.com/

C. Marco

Miguel Ángel Martínez-González: El sabio de la dieta mediterránea

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Es uno de los cerebros del mayor proyecto científico sobre dieta mediterránea, sus efectos en la salud y en la obesidad, la gran pandemia del siglo XXI. Este catedrático de la Universidad de Navarra, profesor visitante en Harvard, explica cómo lograr una sociedad más sana y alerta sobre las tácticas agresivas de algunas empresas alimentarias.

SE TARDA MENOS de dos minutos en darse cuenta de que el doctor Miguel Ángel Martínez-González predica con el ejemplo. Sube a pie las escaleras de la facultad hasta el segundo piso en el que imparte una clase de bioestadística a futuros médicos, toma el café sin azúcar y, en un menú de restaurante que ofrece como alternativa lentejas, pasta y carne, elige sin dudar las legumbres. Lleva más de dos décadas buscando evidencia científica que apoye las bondades atribuidas por la tradición a la dieta mediterránea.

Este catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra, y desde junio también catedrático visitante de Harvard, es uno de los cerebros del ensayo Predimed, el más amplio realizado hasta ahora sobre los efectos de la dieta originaria del sur de Europa: el seguimiento de una cohorte integrada por 7.500 participantes reclutados en toda España durante una década ha demostrado que esta reduce en un 66% los problemas circulatorios, en un 30% los infartos e ictus y en un 68% el riesgo de cáncer de mama.

En el pasillo que hay junto a su despacho del campus en Pamplona, donde se desarrolla la entrevista, cuelgan de un corcho los trabajos que su departamento ha publicado recientemente en revistas científicas. “Es el muro de la autoestima”, bromea. El doctor malagueño, de 59 años, colabora en diversas investigaciones desde los noventa con la Escuela de Salud Pública de Harvard, referencia mundial en nutrición. De allí tomó la inspiración, y los conocimientos, para contribuir a crear no solo el proyecto Predimed –sus hallazgos ya se incluyen en las guías nutricionales oficiales de Estados Unidos–, sino también el SUN, un programa en el que más de 22.000 personas, el 50% de ellas profesionales sanitarios, han puesto a disposición de los investigadores –de forma continuada desde 1999– datos sobre su salud y estilo de vida que han servido para decenas de trabajos de investigación. También ha comenzado recientemente otro proyecto, Predimed Plus, que persigue demostrar a través del seguimiento de casi 7.000 pacientes obesos durante cuatro años que con la dieta mediterránea mejorarán su dieta, incrementarán su actividad física y perderán peso.

Ya es un hecho científico: la dieta mediterránea es saludable. Entonces, ¿por qué hay tanto sobrepeso en España?

Mucha gente dice que conoce y sigue la dieta mediterránea. Pero la realidad es que las generaciones jóvenes han incorporado la norteamericana. Se come demasiada carne roja y procesada. No quiero decir que tengamos que hacernos vegetarianos. Pero la evidencia científica indica que, a medida que se aumenta el porcentaje de proteínas vegetales sobre las animales, se reduce brutalmente la mortalidad cardiovascular y por cáncer. La dieta mediterránea, sobre todo el consumo de aceite de oliva virgen extra, frutos secos, frutas, verduras y legumbres, es la mejor opción. Después, mejor comer pescado que carne y, esta, preferentemente de ave o conejo. También conviene reducir el consumo de azúcar y sal, y llevar una vida menos sedentaria. Usar más las escaleras y menos el ascensor.

¿Por qué a la gente le cuesta tanto adelgazar?

Primero, porque hay que tener mucha fuerza de voluntad para perder kilos y no volverlos a recuperar. Pero es que, además, cierta industria alimentaria ejerce gran presión para poner muchos alimentos a nuestra disposición a todas horas, a un coste muy barato y en grandes cantidades. ¿Qué es lo que está más al alcance en las estanterías de los supermercados? Alimentos ultraprocesados, con gran densidad energética porque les han metido mucha grasa, azúcar y sal, a veces en contra de la naturaleza del producto, como pasa con el kétchup. ¿Qué tendrá que ver la salsa de tomate con él? Y se vende y consume en cantidades industriales. Además, las raciones grandes y baratas hinchan a la gente. Vivimos en una cultura de sobrealimentación. Deberían hacerse más fáciles las opciones más sanas.

Por mucho que la industria quiera tentarla, la gente sabe que todo eso muy sano no puede ser. Nadie les obliga a comerlo.

La mayor parte de las elecciones que hacemos no son muy racionales. El economista Richard H. Thaler, un referente en la teoría de las finanzas conductuales, y Cass R. Sunstein, otro experto en economía conductual, lo explican muy bien en uno de mis libros favoritos, Un pequeño empujón (Taurus). La gente suele optar por la decisión más fácil, y hay cierta industria que le da ese pequeño empujoncito. Por eso creo que hay que poner fácil lo saludable, dar pistas de qué se debe elegir para comer bien. Son estrategias de salud pública para construir una sociedad más sana. De tal manera que, por defecto, te ofrezcan pan integral. El refresco, sin azúcar. Thaler y Sunstein lo llaman paternalismo libertario. La gente debe ser libre para elegir, pero creo que hay que informar y proteger contra elecciones que no se piensan mucho y que son dañinas. Sin forzar. Esto es lo que enseño en medicina preventiva.

El Gobierno acaba de anunciar la creación de una tasa que penaliza el consumo de bebidas carbonatadas. ¿Qué le parece?

Soy partidario de que se subvencionen el aceite de oliva virgen extra, las frutas y las verduras a base de gravar el consumo de carne roja y procesada, comida basura y bebidas azucaradas. Así se lanza un mensaje claro de qué es sano y qué no.

Hablaba antes del pan. ¿Es dieta mediterránea?

Hemos debatido mucho en torno a este tema. La conclusión a la que hemos llegado es que el pan blanco es uno de los problemas más graves que tenemos en España. La gran mayoría lo consume y, además, se hincha. Conviene saber que es fundamentalmente un almidón, y nuestro cuerpo es supereficiente transformando el almidón en azúcar. Es como tomar glucosa. Basta con poner un poco de miga en la boca, enseguida sabe dulce. ¿Y por qué se molesta la industria en quitar el grano entero? Porque las harinas refinadas aguantan mejor. Son muy útiles comercialmente, pero les quitan la parte más nutritiva y que permite que se absorban los azúcares más lentamente. Le estamos dando a la gente, con el pan blanco, un combustible de rápida absorción. Y eso, especialmente cuando ya se tiene sobrepeso, cierta resistencia a la insulina, es una bomba. Habría que consumir menos y, preferiblemente, integral.

Proliferan ahora los libros sobre las diversas teorías de qué alimentos engordan más o menos. Que si las grasas no son tan malas como se pensaba y el azúcar es la razón de la epidemia de obesidad y diabetes… ¿Qué es peor, el azúcar o las grasas?

El azúcar es un gran problema. Se añade en grandes cantidades a los refrescos, zumos y productos envasados. Los niños se acostumbran a esos sabores extradulces y, claro, luego no quieren comerse una pera. Pero, por otra parte, está demostrado que la grasa saturada tiene un efecto negativo sobre la enfermedad cardiovascular. Tanto las grasas como el azúcar pueden ser problemáticos.

La industria dice que no hay que demonizar alimentos, que hay que comer de todo.

No se ha demostrado científicamente que comer una amplia variedad de alimentos sea mejor que restringir algunos. Pero, al productor de carne de vacuno, ¿qué le va a interesar decir? Pues que no hay que demonizar ningún alimento. La industria tiene muchos más recursos que las autoridades de salud pública para lanzar estos mensajes. Ha pasado antes. Algunas empresas de alimentación han usado tácticas similares a las que usó la industria tabacalera. Como pagar a científicos para que dijeran que el tabaco no perjudicaba la salud tanto como se creía. Se llegó a decir que los cánceres de pulmón incipientes producían el deseo de fumar para calmar el dolor. También se ha empleado dinero para desprestigiar a los epidemiólogos que trabajamos en nutrición.

¿Comparar la industria alimentaria con la del tabaco no es un poco desproporcionado?

Hace dos años se publicó un informe en PLoS Medicine con los documentos internos de la industria del azúcar de los años cincuenta y sesenta. Allí se constata que se sabía perfectamente que era la causa de la caries dental. En aquellos documentos internos se detalla cómo pagaron a científicos para que sembraran la duda sobre todo lo que pudiera perjudicarlos. Los expertos en marketing que aconsejaban a las empresas azucareras fueron contratados después por las del tabaco, que imitaron estas estrategias. Por otra parte, sí es destacable que en los últimos años ha habido movimientos responsables dentro de la propia industria alimentaria para retirar las grasas trans [las más dañinas] de sus productos, usar edulcorantes que no sean calóricos y reducir el contenido de sal.

¿Usted ha aceptado dinero de la industria?

En dos ocasiones. La primera, en un momento en que nos negaron todos los fondos y la cohorte SUN dedicada al estudio de hábitos alimentarios corrió peligro de desa­parecer. Aceptamos una oferta de Danone para ver los efectos metabólicos del yogur sobre la obesidad. Fueron unos 40.000 euros en 2013. Concluimos que el consumo de yogur reducía el riesgo de obesidad, pero también dijimos que el consumo de fruta lo reducía aún más. Después de publicar el estudio acabamos nuestra colaboración con ellos y les pedí que no me llamaran más.

¿Si publicó lo que quiso, por qué rechazarlos?

Es una presión muy sutil. Me invitaron a que fuera a un simposio en Boston para hablar de nuestros descubrimientos con el yogur. No me gusta aparecer en un congreso de la mano de una industria concreta. Considero que es mejor para todos que los investigadores sean independientes.

¿No ha recibido dinero de los productores de aceite de oliva?

No. La segunda ocasión fue el Consejo Internacional de Frutos Secos quien nos pagó. Participamos en una convocatoria pública competitiva para financiar Predimed Plus porque repartíamos frutos secos entre los participantes. Obtuvimos un proyecto de 50.000 euros para dos años, menos del 3% del dinero que recibimos durante esa época. Ahora, la totalidad de nuestra financiación es pública: fondos estado­unidenses, españoles y europeos.

Hay investigadores que aceptan dinero de la industria.

Es un tema delicado. En 2013, nuestro trabajo publicado en PLoS Medicine concluía que era cinco veces más probable que los estudios realizados con financiación de cierta industria concluyeran a favor de esas empresas. También es interesante contrastar cualquier estudio que haya recibido dinero de compañías de alimentación con otros independientes y compararlos. No se puede fiar uno solo de investigaciones financiadas por los interesados. No se puede ser juez y parte. Otra posibilidad sería que la industria aportara ese capital a un fondo anónimo y que no tuviera capacidad para decidir qué proyectos se van a financiar. Por otro lado, las agencias públicas tendrían que incrementar sus inversiones en epidemiología nutricional. La alimentación interesa a toda la población.

La obesidad es ya una epidemia de alcance global.

Es la gran pandemia del siglo XXI, y va a provocar el hecho insólito de que en las sociedades desarrolladas retrocedamos en expectativa de vida. En Estados Unidos acabamos de saber que ya ha pasado. Un macroestudio reciente realizado en Israel muestra que incluso la gente cuyo peso está dentro de la normalidad, pero en la parte alta, rozando el sobrepeso, sin ser aún obesos, tiene un mayor riesgo de mortalidad cardiovascular. La OMS asocia la obesidad con 15 tipos de cánceres. Eso tiene un impacto en la calidad de vida. Por eso estamos haciendo el ensayo Predimed Plus, para ver si con dieta mediterránea no solo se está más sano, sino también más delgado.

¿La obesidad es genética?

Es hereditaria, porque las costumbres se pueden pasar de padres a hijos, pero el componente genético no puede explicar la pandemia actual. En Harvard hicieron un estudio muy interesante en 2012: tomaron 32 genes relacionados con la obesidad y vieron qué pasaba cuando se tomaban bebidas azucaradas. Si no se consumían refrescos azucarados, la genética no predecía nada. Es muy llamativo. Solo en presencia de una dieta insana, la genética se relaciona con la obesidad. Por supuesto, el papel de los padres es clave, y el de la escuela, los profesionales sanitarios, los medios y la cultura del entretenimiento.

¿Hasta dónde puede llegar la medicina preventiva?

Empecé a formarme como cardiólogo, pero enseguida me di cuenta de que me gustaba actuar antes, la epidemiología, los grandes números. En los noventa, la medicina preventiva era insignificante en España. Ha ido ganando prestigio gracias a la medicina basada en la evidencia científica. Antes el médico se fiaba de su inspiración, de su ojo clínico, de su experiencia. Ahora hay investigaciones que afirman que tras estudiar a 10.000 pacientes, esto es lo que suele pasar. Ha cambiado el lenguaje de la medicina.

Se solía decir que un buen médico era alguien mayor, con experiencia.

Era una visión subjetiva. Ahora tiene una base más objetivada, cuantificada, rigurosa, científica, pero nunca debe faltar el afecto humano al paciente y la atención personalizada.

¿No podemos acabar obsesionándonos con la prevención?

La gente confunde la medicina preventiva con los tratamientos precoces o los chequeos. Pero lo principal es el estilo de vida y la dieta. La vida es simple, al menos en teoría: no fumar, estar delgado, tener actividad física, comer sano y controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa. Si se tienen bajo control estas cosas, se reduce en un 76% la mortalidad cardiovascular.

Hoy en día, con un simple análisis de sangre o saliva se puede pronosticar un cáncer en una persona totalmente sana.

Esa medicina preventiva tiene aplicaciones que son habas contadas. Es muy poca gente la que puede beneficiarse ahora mismo. No hay recursos. En cambio, comer más lentejas y menos carne está al alcance de toda la población desde ya mismo.

Hay un empeño en hacer que la gente viva muchos más años.

La calidad de vida es fundamental. Y mucha se pierde por las enfermedades neurodegenerativas. Estamos investigando el efecto de la dieta mediterránea en demencias como el alzhéimer y el párkinson y hemos empezado a ver que también es beneficioso. Calculo que en un año se publicarán los resultados. Creo que va a ser un bombazo.

Fuente: Cristina Galindo.

C. Marco

El cerebro tiene un botón de borrado: Aprende a usarlo

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En los últimos años de investigación, neurocientíficos han empezado a entender que la complejidad con la que trabaja el cerebro para aprender nuevas cosas depende también de un proceso de eliminación de conexiones poco útiles. La metáfora que han empleado es la de una forma de jardinería neural, donde existen ciertas células que hacen un trabajo de cortar, por así decirlo, las hierbas malas, parásitos o excrecencias inservibles.

Este sistema de depuración que mayormente ocurre cuando se duerme o se descansa profundamente –como puede ser durante la meditación– ha sido comparado con un botón de delete o borrar que el cerebro emplea para crear espacio como si fuera una computadora que necesita memoria.

Se suele decir que las neuronas que se encienden juntas se conectan entre sí, esto explica cómo se refuerzan y robustecen los circuitos de aprendizaje en el cerebro y, en términos más coloquiales, por qué “la práctica hace al maestro”. Sin embargo, para verdaderamente catalizar la capacidad de aprendizaje es necesario también desaprender y eso significa de alguna manera desconectar ciertos circuitos, como si tuviéramos que desenredar cables para que fluya la energía o, para seguir con la metáfora del jardín, quitar enredaderas que plagan a las plantas. Las células que se encargan de esta actividad son llamas “microgliales” y se ha descubierto que trabajan destruyendo las conexiones sinápticas que no se usan mucho y que son marcadas con una proteína (C1q).

Esta actividad de depuración de conexiones sinápticas que obstruyen el aprendizaje ocurre al dormir, donde se ha observado que las células del cerebro llegan a encogerse hasta el 60% para que entren en acción las células gliales, que realizan este proceso de “podar el césped” o “desbrozar” para que tengamos espacio para pensamientos más frescos y luminosos y conectemos la información que es útil en ese momento.

Aunque esta limpieza ocurre de manera mayormente automática en el sueño, podemos influir en este proceso de borrar material inútil de varias formas. Una de ellas es evidentemente durmiendo bien, tomando siestas o meditando (llegando a estados de profunda relajación). Pero otra forma quizás más interesante es influyendo en qué conexiones son las que se ven etiquetadas en nuestro cerebro para que pase el jardinero y las corte. Como dice Juddah Pollack en Fast Company:

Si estás peleándote con alguien en el trabajo y le dedicas mucho tiempo a pensar en eso incluso cuando no estás con esa persona, y en cambio no piensas en ese otro gran proyecto, te convertirás en un superestrella sináptico de generar planes de venganza, pero en un pobre innovador. Para tomar ventaja del sistema de jardinería natural del cerebro, simplemente piensa en las cosas que son importantes para ti.

“La única venganza es el olvido” (Borges)

Dejar de pensar en algo consistentemente es el equivalente a utilizar el botón de borrar. Así que reflexionemos en cómo cada pensamiento va moldeando nuestro cerebro y su capacidad de aprendizaje, de encontrar el espacio y el balance adecuado, como si estuviéramos criando un precioso bonzai.

Fuente: https://sanacionholisticasalamanca.wordpress.com/

C. Marco

Mucho leer no es igual a mucho aprender

“El que ama leer tiene todo a su alcance” —William Godwin

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El conocimiento es importante. Creo que ninguno de nosotros tiene duda sobre ello.

Y más importante aún que el conocimiento (acumulación de datos) es adquirir sabiduría (la capacidad de actuar con sensatez y acierto).

Saber cosas (cuadrar las cuentas de un balance, curar caries, reparar coches) te ayuda a ganarte la vida.

Adquirir sabiduría (ser íntegro, alegre, bondadoso, sosegado, prudente…) te ayuda a vivir una buena vida; una vida donde abundan amor, alegría, tranquilidad y satisfacción con uno mismo.

Leer es mi manera preferida de aprender (no es la única que hay) y ha sido también la favorita de muchos de los grandes líderes e innovadores de la historia.

Es difícil encontrar a alguna persona que haya realizado grandes aportaciones a la humanidad que no haya sido un lector obstinado.

La creatividad tiene una relación directa con el conocimiento. Las innovaciones se producen cuando dos o más ideas que tenemos ya almacenadas en nuestra cabeza se combinan y dan a luz otra. Así que cuantas más ideas tengamos atesoradas, con más material contamos para innovar.

Leer mucho, aprender mucho, es, entonces, el camino para expandir el alcance de nuestras acciones. Cuanto más sabemos más podemos podemos producir, crear y aportar.

Sin embargo, a veces caemos en el error de confundir, aprender mucho con leer muchos libros. Reconozco que esa ha sido mi confusión también.

A menudo me encuentro, en prestigiosos medios, con artículos que ofrecen, como fórmula para alcanzar el éxito, consejos para leer 50, 100, ¡200! libros por año.

Muchos libros leídos no equivale a mucho conocimiento acumulado. Cantidad no es lo mismo que calidad.

En años anteriores mi meta en cuanto a lectura era leer un gran número de libros (entre 80 y 100), luego entendí que esto era un grosero un error.

Antes que leer muchos libros, es más importante leer buenos libros y leerlos bien.

Cuando el objetivo es amontonar títulos, uno termina escogiendo obras más cortas que demandan menos tiempo, dejando de lado libros extensos aunque sean obras imprescindibles.

Asimismo, los grandes libros, esos que atesoran gran sabiduría, hay que leerlos de nuevo justo después de terminar su primera lectura. Una sola visita no es suficiente para recibir todo lo que un gran anfitrión tiene para ofrecer. Incluso hay obras que, aun leyéndolas muchas veces durante toda la vida, no alcanzamos a abarcarlas en su totalidad.

Si terminar el mayor número de libros es la meta, releer no es una opción: cada libro leído de nuevo significaa un título menos en la lista al final del año. Muchas grandes obras se me han quedado a medio explorar. Es como tener un exquisito manjar en frente y contentarse con apenas probarlo. ¡Que desperdicio! Con las grandes obras hay que empacharse.

Por fortuna este es un error que aún estoy a tiempo de reparar.

El aprendizaje es una actividad que requiere concentración e implicación. Cuanto más activo sea el proceso, mejores son los resultados obtenidos.

Por ello, cuando nos ponemos en frente de una obra de grandes dimensiones, nuestra lectura debe ser industriosa y reposada al mismo tiempo. Es necesario que nos manchemos las manos de tinta tomando abundantes apuntes, pero también debemos hacer pausas para reflexionar y verificar que estamos entendiendo lo que el autor nos quiere transmitir.

Es importante tomarse tiempo para pensar en lo que estamos leyendo —afirma Shane Parrish, autor del magnífico blogFarnam Street—. Necesitamos digerir, sintetizar y organizar… Es así cómo adquirimos sabiduría.

Si andamos con prisas por terminar y empezar otro libro, no realizamos ninguno de estos importantes procesos. Haciendo entonces una lectura apenas superficial que no conduce a un verdadero entendimiento ni a la adquisición de sabiduría.

Porque lo que buscamos cuando leemos es entender mejor, no presumir de cuántos libros hemos (medio) leído. Un verdadero entendimiento es lo que nos permite evitar errores tontos y tomar mejores decisiones. Es decir, expandir nuestra inteligencia.

Por el contrario, la lectura con prisa deja poca huella. Lección que aprendí de primera mano. Son muchos los buenos libros de los cuales recuerdo solo una porción insignificante. Esto es algo de lo cual Arthur Schopenhauer ya nos había advertido:

Cuanto más se lee, menos huellas quedan de lo que se ha leído; la mente es entonces como una pizarra sobre la que se ha escrito una y otra vez. De esta manera es imposible reflexionar; y es sólo mediante la reflexión que uno puede asimilar lo que se ha leído. Si uno lee continuamente, sin parar a meditar, lo leído no echa raíces, sino que en su mayor parte se pierde.

Hoy mi objetivo de lectura no se mide en número de libro sino en tiempo de lectura. Cada día que leo al menos dos horas es un éxito; el objetivo está cumplido.

Dejar de preocuparme por la cantidad me ha liberado para abordar obras extensas que llevaba tiempo posponiendo. Y también, como no, pienso releer mucho de lo que leí con prisa.

Bueno, y a propósito de lectura, mejor me despido, se me hace tarde y he leído poco hoy. Hasta la próxima.

Fuente: Las Notas del Aprendiz.

C. Marco